El kamishibai: pedaleando y contando

Una forma eco amigable de contar cuentos en las calles, plazas y parques

La técnica del kamishibai, ( teatro de papel)
es de origen japonés. La misma favorece la imaginación
y estimula la fantasía, aparte de contribuir
al fomento de la lectura.

Imagina que estás en una plaza del Viejo San Juan, de Yauco o Castañer y llega un ciclista con una caja muy peculiar en la parte trasera de su bicicleta. De pronto, estaciona la bicicleta y comienza a abrir un hermoso teatro de madera (butai), a vender dulces típicos y a anunciar que comenzará a contar cuentos muy pronto. Toca unos palos de madera (hyoshigi), para llamar la atención de todos y de momento, cuando el público lo está rodeando, comienza a contar cuentos. Si alguna vez te encuentras con un ciclista como este, puedes estar seguro que es un contador kamishibai.

El Kamishibai forma parte de la cultura japonesa y en Japón su uso en salones de clase, por ejemplo, es frecuente. Esta hermosa manifestación cultural,  maravilla a todo aquel que tiene la oportunidad de presenciar una narración oral utilizando esta técnica tan antigua.

Kamishibai quiere decir “teatro de papel”. Antiguamente los monjes budistas utilizaban esta técnica para alfabetizar a los campesinos. Le enseñaban básicamente valores. Las enseñanzas budistas giran en torno al amor, la amistad, el respeto hacia el vecino, la paz, el amor hacia los animales, la responsabilidad, entre otros. Estos temas sirvieron de inspiración para crear láminas sobre mitos y leyendas japonesas que guardaban relación con estos valores que los monjes fomentaron entre el pueblo japonés.

Con el paso del tiempo, el pueblo de apropió de la técnica y comenzó un movimiento nacional que cubrió todo Japón. Entre los años de 1920 a 1950 se cree que la cifra de contadores kamishibai, llegó a más de treinta mil ( 30,00). Se dice que esta fue la época de oro de este butai de madera que viaja en bicicleta.  Este “teatro de papel” representa una forma divertida, diferente y llamativa de contar cuentos y es utilizada actualmente en muchos países del mundo. Puerto Rico es uno de ellos.

Comencé a utilizar este maravilloso artefacto hace varios años y desde el primer momento que lo tuve en mis manos me dí a la tarea de crear cuentos y láminas relacionadas con nuestra cultura ya que la gran mayoría de ilustraciones que existen en el mercado son de cuentos, mitos y leyendas japonesas.

Me hice miembro de IKAJA, Asociación Internacional de Kamishibai de Japón, que publica un boletín, realiza diversas actividades para educar a los contadores y maestros que deseen aprender la técnica y realizan un gran esfuerzo por divulgar el auténtico espíritu del kamishibai, tanto dentro como fuera de Japón.

Cuando recibí la carta de membresía, me decían, para mi asombro que yo era el único miembro en el Caribe. De ese día en adelante nació en mi el deseo de dar a conocer el kamishibai y comencé a utilizarlo frecuentemente. Creé diferentes cuentos relacionados a nuestra cultura, ambiente y tradiciones.

Comencé a ofrecer talleres y a medida que iba aprendiendo a contar con mi butai, escribía a IKAJA y enviaba fotos del trabajo que estaba realizando en la isla. Todos y todas recibían con alegría las presentaciones que hacía con el kamishibai, pero algo: la bicicleta. Mi deseo era tener el kamishibai montado en la bicicleta, pero en ese momento, era imposible debido a condiciones de salud.

El kamishibai tiene una serie de láminas que por un lado tienen la imagen y por el otro el texto, de forma tal que si el contador olvida o se equivoca puede echar un vistazo al texto. Las láminas se colocan en un teatrito de madera (butai) que tiene tres puertas y que ayuda a que público se concentre en estas mientras el narrador va pasando las mismas y va narrando.

Este “teatro de papel”, forma parte de una gran variedad de técnicas de narración oral que hay en el mundo. El estudio de éstas técnicas me llevó a conocer el kamishibai. Había trabajado ya, desarrollando cuentos utilizando técnicas de la India, Senegal, Brasil, pero cuando investigué las técnicas orientales de narración oral, quedé encantada con el kamishibai y adquirí uno a través de una contadora de cuentos radicada en Nueva York.

Cuando voy a narrar cuentos con el kamishibai, le digo al público que “este es el maletín del contador de cuentos” y es que los butai o sea el teatrito de madera tiene un mango en la parte superior que permite la transportación del mismo de una forma muy practica y cómoda.

Una vez aprendí la técnica y la forma en la que tenía que realizar las ilustraciones, el uso del kamishibai se volvió muy sencillo. Este pequeño teatro provoca al publico a contemplar con gozo las imágenes que van pasando y los ritmos que nacen a medida que se da movimiento a las láminas.

Recientemente estuve en una escuela con niños especiales. Ya había leído que en España estaban utilizando el kamishibai con niños autistas pero yo no había tenido la oportunidad de utilizarlo con ellos. Por fin llegó el día y para sorpresa y asombro de todos, incluyéndome, la concentración y silencio de los niños nos sorprendió. Todos estaban mirando fijamente aquellas láminas que yo iba sacando y moviendo mientras narraba el cuento. Es cierto: el kamishibai es mágico.

“La técnica que se emplea es muy ingeniosa y ordenada lo que favorece la repetición de la actividad. Se colocan las láminas de forma secuenciada, de tal manera que el narrador que se coloca en la parte trasera del teatrillo, a un lado de este, pueda leer el texto de la lámina que está delante.” (Txaro Zabalza. profesora de Educación Especial)

IKAJA, la asociación que agrupa a los narradores de kamishibai y a la cual pertenezco, recomienda que el narrador desarrolle su propia técnica y evite leer las palabras que están impresas en la parte posterior de las láminas, pero yo estoy de acuerdo con el Profesor Zabalza en relación a la lectura del texto utilizada por principiantes. Una vez uno comprende el uso y posibilidades histriónicas de este artefacto maravilloso, el deseo de memorizar el texto o narrarlo de forma espontánea, surge naturalmente en el aspirante que desea convertirse en un contador de cuentos profesional.

La primera vez que narré un cuento utilizando esta técnica, estaba tan nerviosa que me senté detrás del teatrito para que el público no e viera. Cuando envíe fotos a IKAJA, enseguida me escribieron y me dijeron: “Tienes que estar al frente, al lado de las puertas y el público te tiene que ver”. Desde entonces el público me ve y por supuesto, me he vuelto más diestra a la hora de manipular las láminas y de narrar.

Una de las características del kamishibai es que viaja en la parte trasera de una bicicleta. Desde el momento en que comencé a trabajar con mi butai, deseaba verlo viajando en una bicicleta. Tenía ese deseo entre ceja y ceja. Cada vez que participaba en alguna actividad donde había bicicletas, mostraba mi kamishibai y le explicaba a la gente cuan importante era preservar este antiguo artefacto y aprovechar nuestro clima para desarrollar contadores de cuentos kamishibai.

El kamishibai es uno de los artefactos más hermosos que existe en la narración oral de cuentos, además es un artefacto eco amigable. No solo promueve la narración oral de cuentos sino que anima al uso de la bicicleta y esta no solo se transforma en medio de transportación, se vuelve medio de promover la literatura, el arte, la cultura en general. Fomenta el civismo, la reunión amena y creativa.

El junte repleto de palabras fascinantes que motivan al espectador al gusto por la buena literatura y el aprecio hacia las artes plásticas, en fin mi aprecio y admiración hacia ese pequeño teatro de madera me motivó a presentar y animar a la compañía Camera Mundi Inc. a crear el primer kamishibai en bicicleta y que hoy presento con  gran gozo.

¡Puerto Rico tiene por fin el primer kamishibai en bicicleta! Cuando envíe las fotos a IKAJA, quedaron impresionados. El butai lo construyeron en el taller de ebanistería de Camera Mundi Inc. y un equipo de ebanistas y soldadores trabajaron arduamente para crear específicamente lo que se había diseñado y explicado. Estos compañeros hicieron una obra de arte que pronto comenzará a recorrer parques, escuelas, plazas, hospitales y comunidades.

Camera Mundi Inc. es una compañía puertorriqueña radicada en Caguas, que además de distribuir todo tipo de material educativo, ofrece adiestramiento a maestros y estudiantes, publica libros, diseña y construye muebles para las escuelas, ofrece servicios de alta tecnología, entre otras y ahora también ha creado el kamishibai boricua.

Es fascinante pensar que el mundo entero está bordado por narradores de cuentos que a su vez, han creado muchísimos artefactos para contar sus cuentos de forma más vistosa, ingeniosa y creativa. El estudio de estas técnicas me llevó a este encuentro fascinante con el kamishibai. Esta no es la única técnica que utilizo, ni el único artefacto que tengo, pero entre los demás- que siempre me acompañan- el kamishibai siempre se luce ante el público. Su elegancia y sencillez cautivan a cualquiera.

Ahora tengo otro deseo y es que esta isla se llene de contadores de cuentos que abran las puertas de sus teatros y llenen las calles, plazas y todas las esquinas de nuestra amada patria, de cuentos y llamativas imágenes que ayuden a visualizar un mundo diferente, uno donde la palabra se utilice para crear y transformar. 

Uno donde cada mensaje que lleve un cuento, ayude a entender un valor, tal y como lo hicieron los monjes budistas cuando crearon el concepto de kamishibai en el siglo XII. Ellos fueron sabios. Sabían el cuento es alimento para el espíritu y en Puerto Rico, el cuento va a viajar en bicicleta recorriendo todos los pueblos y llevando un mensaje valioso, creativo y eco amigable. El deseo se cumplió, el kamishibai boricua es ya una realidad.

* Imágenes provistas por la autora, Tere Marichal, exceptuando la primera, del blog gembapantarei.com, kamishibai durante la segunda guerra mundial.

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