Encuentro en la zona de la no-edad (2da parte)

Visitar el taller de dibujo y pintura en el Carter Burden/Leonard Covello Senior Center es siempre tan entretenido como educativo. De los participantes se escuchan anécdotas que revelan un proceso de aprendizaje donde abunda el entusiasmo y se funden la disciplina y el juego.

“La línea, ¿podré dibujar una línea?”, preguntó una vez María. “Siempre me sale curva o muy quebrada”.

“No hay nada de malo en esas líneas curvas o quebradas”, respondió Rubén. “Más si hablas de dibujar una línea recta a mano alzada, para añadirla a tu arsenal, existen algunos ejercicios y juegos que te pueden ayudar”.

Rubén usualmente destaca la importancia de tomar conciencia de la relación que tiene la posición del cuerpo con la ejecución de un dibujo. “Si nos colocamos en posición para escribir”, abunda, “el eje del movimiento estará en la muñeca y será corto y curvo. Si el eje del movimiento es el codo, la curva será menos cerrada, más amplia. Sin embargo, si movemos el eje del movimiento al hombro y usamos todo el brazo, el trazo de una línea recta fluye con menos dificultad”.

El ejercicio, que consiste en tirar líneas cerca de la superficie del papel, a principio sin tocarlo, acercando en cada movimiento el lápiz a la superficie hasta que el contacto con esta dibuja un trazo recto, fue efectivo para María. “Ah, no es tan difícil ahora”, dijo.

La maraña de trazos resultante de este ejercicio, de llenar la superficie del papel de líneas verticales, diagonales y horizontales, comienza a sugerir figuras. Y jugando, jugando se comienzan a insinuar también figuras tridimensionales. Evento óptico que también entusiasma a todos los estudiantes.

“Intentemos dibujar un cubo. Una caja”. Fue retante el siguiente ejercicio. Jugando con líneas comenzaron a estudiar perspectiva. Acogieron el desafío con valentía e iniciaron su lucha por domar lo que llamaron jocosamente “la maldita caja”. “Qué bueno que les gusta el ejercicio. A partir de esa caja se pueden dibujar otras cosas: puertas, mesas, sillas…”

Rubén les da varios ejemplos en la pizarra modificando el cubo de diferentes maneras. Llega la hora del almuerzo. Juan prefiere quedarse y solicita: “A mí me gustaría que usted volviera a dibujar esa caja en la pizarra porque quiero entender mejor. Además le quiero pedir algo luego que haga el dibujo”. Rubén, algo curioso por la solicitud, dibuja una vez más la caja explicando paso por paso cada trazo. “Muy bien, gracias”, contesta Juan. “Ahora lo que le quería pedir. Usted dice que puede sacar de una caja cualquier otro objeto. ¿Podría sacar un carrito de compra?”

El pedido dibujó una sonrisa en Rubén y procedió a dibujar el carrito de compra en el interior de la caja. Mientras explica, nota un silencio y se torna a mirar a Juan encontrándose con la sonrisa de un espectador de un acto de magia.

En otra ocasión exploraban el tema de los colores complementarios.

A Mei se le provee un papel con un círculo amarillo pintado en el centro y se le pide que mire fijamente por un minuto. Mei alegaba no ver nada aparte del círculo. De momento todos escuchan expresiones de asombro: “I see, I see, I see! Beautiful, beautiful, beautiful!” Mei empezó a ver una aureola violeta alrededor del círculo amarillo. Asombrada por ese efecto óptico para Mei la experiencia fue, también, algo mágico. Astonishment is our natural state of mind.

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