Apuntitos (bocetitos) en torno a la vida, al arte, y al valor


Lo bello no es una imagen, sino un escudo.
... Lo pulido y terso... se amolda al observador, le sonsaca un ˂me gusta˃. Lo único que quiere es agradar, no derrumbar.

—Byung-Chul Han, La salvación de lo bello (Herder, 2015)


 

Hablo aquí en mi nombre, pero conociendo a muchos otros que viven el tipo de experiencias, sentimientos y disciplina que yo vivo.

No me refiero a nada de enjundia literaria ni filosófica, sino a esa experiencia que vivimos día a día los compañeros de nuestras mascotas, la que sea; en mi caso: un sato medio peludito recogido en el albergue del Municipio de San Juan hace ya más de tres años.

Quizás ésta no es una escritura pulida, espero que no lo sea, pues si algo derrumbo es articular: el signo de la compañía vs. la soledad (tan aclamada esta última por quienes no viven solos y también signada espléndidamente por Luis de Góngora y Argote); y articular asimismo el estar-con, el compartir casa/hogar con, incluso el hablar con, y tratar de descifrar los tonos de voces tenues y ladridos roncos que ese otro significativo —el perro/mascota—,  esa compañía de valor, articula diariamente.

Vivo sola —pero no vivo sola— pues existe en mi vida (además de mis amigos de dos piernas) un ente, un ser viviente, con un par de ojos que hablan su gozo y también su molestia e incomodidad, e incluso sus ansiedades. Ese ser viviente nos dirige a sus querencias, nos aleja de sus desagrados, emite suspiros de felicidad a menudo cuando se encuentra cerca de su amo/a-amigo/a. Y todos sabemos que es el ser viviente que, cuando escucha el volteo de la llave en la cerradura, corre a recibirnos.

Es un ser que nos sorprende a veces, que no es lineal en su comportamiento ni en sus reacciones a nuestros actos y a las palabras que enunciamos sabiendo que de alguna manera nos entienden, bien sea por nuestros gestos, por la entonación de la voz o por la pronunciación de algunas sílabas. Por lo que sea, pero nos entienden. Es un ser que reconoce a sus semejantes: a otro perro cuando lo avista en la acera, que prevé el encuentro con un gato, que, por lo general, acepta y quiere el encuentro con el ser humano (hablo de perros domésticos, de mascotas).

Los nuestros —las fotos que aquí aparecen del lado de la vida: las mascotas de algunos compañeros—, son perros que nos lamen las manos, que su lamer tiene sentido, pero que dudamos que quieran lamer las patas del Balloon Dog de Jeff Koons (1955), comprado por 55 millones de dólares y muy pulido, a pesar de lo que nos plantea el autor de La salvación de lo bello: "En presencia de sus esculturas pulidas surge un imperativo táctil de palparlas, e incluso el placer de lamerlas". De allí que afirme además que: "A su arte le falta aquella negatividad que impondría una distancia ... Pero un juicio estético presupone una distancia contemplativa. El arte de lo terso y pulido la elimina" (13).

A pesar de que nuestras manos no son "arte pulido", los seres que con nosotros conviven nos lamen por amor, agradecimiento o como una señal de atención. Con nosotros no ocurre lo que ocurre con "el arte de lo pulido": "El imperativo táctil o el placer de lamer solo es posible en un arte de lo pulido vaciado de todo sentido" (13). En nuestras manos, para nuestras mascotas, hay sentido en el acto de lamer: saben que hay una respuesta, lo saben aunque no lo articulen. En el caso del Balloon Dog, es el artista el que puede relamerse ante la respuesta que obtuvo, sin interioridad alguna —contrario a lo que ocurre con el lamer de la mascota a nuestra manos, puesto que ahí sí que hay interioridad, si por interioridad entendemos algo que incorpora el sentir—.

La pieza de Jeff Koons, el Balloon Dog, añade Byung-Chuk Han: "… no es ningún caballo de Troya. No esconde nada. No hay ninguna interioridad que se oculte tras la superficie pulida" (16). Sin embargo, en nuestras mascotas, acicaladas luego de un baño y de una buena cepillada, persiste esa integridad que comunica en sus suspiros, en sus roncos ladridos, en su brincar, en su mirar, de tal manera que no cabe duda alguna de que detrás de esos ojos hay un sentir.

Leemos en La salvación de lo bello, en su primer enunciado que:

Lo pulido, pulcro, liso e impecable es la seña de identidad de la época actual. Es en lo que coinciden las esculturas de Jeff Koons, los iPhone y la depilación brasileña. ¿Por qué lo pulido nos resulta hoy hermoso? Más allá de su efecto estético, refleja un imperativo social general: encarna la actual sociedad positiva. Lo pulido e impecable no daña. Tampoco ofrece ninguna resistencia. Sonsaca los ˂me gusta˃. El objeto pulido anula lo que tiene de algo enfrente. Toda negatividad resulta eliminada. (11)

Nuestras mascotas, casi todas, son algo más que "pulcras", no lucen un pulimento, aunque sí pueden lucir más corregidas y con un tanto de entrenamiento, que empieza por el "¡Siéntate!" —en español o en inglés o en otra lengua—, pero que no llega a los pulimentos de un Balloon Dog: claro, uno es la vida y otro es el arte.

El autor de La salvación de lo bello no compara —como nosotros hemos presentado— a las mascotas, a los seres vivos, con el Balloon Dog, pero al inicio y al final de su ensayo lo compara con la comunicación. Por ello afirma: "Lo pulido es algo que a uno meramente le gusta. Carece de la negatividad de lo contrario. Ha dejado de ser un cuerpo contrapuesto" (23). Además destaca que: "Hoy también la comunicación se vuelve lisa, Se la satina convirtiéndola en un intercambio de fricciones de informaciones" (23). Y añade a renglón seguido: "La comunicación pulida carece de toda negatividad de lo distinto y lo extraño. La comunicación alcanza su máxima velocidad cuando lo igual reacciona a lo igual, La resistencia que viene del otro perturba la pulida comunicación de lo igual. La positividad de lo pulido altera los circuitos de información, comunicación y de capital" (23).

Las mascotas nos lamen nuestras manos, comunican su amor, afecto, agradecimiento, peticiones, por medio de su lamer. El Balloon Dog se yergue para que los deseos de su artista se cumplan: que el espectador lama su superficie pulida, pulcra.

No resistí ver lo vivo en estas cosas de perros.

 


Lista de imágenes:

1. Balloon Dog de Jeff Koons (1955).
2. Ebony, 4 años. Foto suministrada por la autora.
3. Raquelito, 3 años. Foto suministrada por la autora.
4. Malmaduke, 6 años. Foto suministrada por la autora.


 

1 comentario

  • Enlace al Comentario Laura Lopez Martes, 29 marzo 2016 17:59 publicado por Laura Lopez

    Esto es cierto, hay muchos animalitos sin hogar. Bello es es mi Malmaduke, Lo amo, un dia se enferme y me fui con piyamas y chacletas a llevarlo al veterinario. Mi hija que ya es mama me dijo eso nunca lo hicistes conmigo. Me vestias y te vestias y luego nos ibamos al pediatra.

    Ella dice a Malmaduke nunca le han pasado el memo que es perro. Se cree gente.

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