Reseña de 'Somos Anormales'


La primera vez que escuché Khoomei, parte del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad[1], fue en el 2012, vía Genghis Blues (1999)[2]. Uno de los héroes de la película fue Kongar Ol Ondar[3], el Elvis Presley de Tuva, una república rusa localizada en el centro geográfico de Asia (al norte de Mongolia)[4]. Queda en la región del globo que vio el evento de Tunguska[5]. No pocos se han obsesionado con esta nación. Quizás el más famoso en interesarse por ella fue Richard Feynman:

Since [he] had a reputation as a prankster and had proven himself entirely capable of inventing a fictional country name to confound friends, Leighton assumed it was made up. But the country existed, and the pair became fascinated with this hard-to-reach destination, at the geographic center of Asia, which had become a republic in the Soviet Union.[6]

La república rusa es remota, pero existe. Ahora, un puertorriqueño apunta a la región; se interesa por la habilidad casi sobrenatural de "cantar varios tonos con una sola garganta"[7] —uno de sus productos culturales más notables—. ¿Cómo pasó esto? Como mucho de lo que acontece en lo que va de siglo, Residente llega a Tuva gracias al cruce entre ciencia, arte y tecnología:

[D]ecidió aceptar su identidad molecular y hacer música basada en los resultados de la prueba de ADN, grabando con músicos provenientes de los lugares donde están sus raíces. El álbum resultante usa la química individual de un hombre para reafirmar su parentesco global. “Aquí no hay fronteras”, dijo cuándo anunció el disco.[8]

"Somos Anormales" (2017) —primera canción del primer álbum como solista del artista puertorriqueño— está vertebrada por algunas de las gargantas del grupo Chirgilchin[9]. También tiene hip-hop, rock, world music, raza, baba, sangre, semen, adenina, timina, guanina, citosina… En fin, la pieza está hecha de zeitgeist y bioquímca, fusión posible en un contexto que evade aprehensión, en una actualidad en la que se lee ADN con handheld sequencers[10] o un mundo en el que la neurona amenaza con ser gameto[11]. El siglo XXI promete las predicciones de Platón en su República y la distopía de George Orwell en 1984[12].

La canción es uno de los resultados de las secuencias desoxirribonucleicas de René. Los códigos bailan en nuestras células —cada uno de nosotros tenemos trillones de ellas, y en cada una hay sobre 2 metros de información—. De todo este baile emerge la música de la vida. Líneas como cromosomas bailando boleros son acertadas poética y científicamente. Eso mismo pasa cuando se enrolla, literalmente, el ADN. Un cromosoma es un pen drive bioquímico, resultado de proteínas que enrollaron ADN, una enorme molécula capaz de hacer algo que ninguna otra puede hacer por su cuenta: reproducirse[13].

Este baile de reproducción, shuffle y remix no es perfecto. Hay errores, fallos y mutaciones: un vasto espectro de fenotipos que pintan el fraseo de la vida. Sin estas mutaciones no hay evolución, por tanto, el artista también acierta cuando dice: "Lo más bello de la flor es el tallo / la belleza se alimenta de fallos". "Somos Anormales" da en el clavo, pues todos somos mutantes. La vida persiste gracias a ello.

René desenmaraña cromosomas, yuxtaponiendo a to lo que da, soltando bucles de ADN y ribosoma. Hace referencias a aspectos biomoleculares. Cuando dice "ADN con las piernas abiertas", pienso en enzimas, polimerasas presentes en todas las razas, soltando nudos, transcribiendo, replicando, repicando, picando, copiando. Estamos hechos de información; somos información que se escribe y se lee. Código a to lo que da. Y es que de esto se trata: codificar para decodificar, para codificar, para decodificar…

Los códigos que enhebran a Residente también se plasman en el video de la canción. Tiene matices de la apoteosis seca de Mad Max, y en algo me recuerda a Jodorowsky —comparte referencias al origen y a la orgía frenética de la humanidad: la diáspora es el estatus quo—. Salimos de África. Y, aunque ya no tenemos a dónde ir, hemos poblado casi todo el globo. Nuestros códigos siguen desplazándose, reverberando al ritmo de los pasos del primer homínido que habló. Nunca le compré un disco a Calle 13 (lo único que escuché en serio fue "Latinoamérica", y me di cuenta que René es poeta). Residεntә será el primero que compraré de René Pérez Joglar. "Somos Anormales" y el proyecto multimedios[14] del que es parte me lo vendió. Tengo que confesar dos importantes sesgos que contribuyen a mi auspicio: soy maestro de Biología; y en mayo del 2016 escupí en un tubo de ensayo de 23andMe[15].


Notas:

[1] Otro patrimonio intangible de la humanidad es el Fado, música popular urbana de Portugal.
[2] https://www.youtube.com/watch?v=s8Lr_27MkzA
[3] https://www.youtube.com/watch?v=TVyyhHFKI8E
[4] https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Tuva_republic_map.png#/media/File:Tuva_republic_map.png
[5] https://i.guim.co.uk/img/static/sys-images/Guardian/Pix/pictures/2013/2/8/1360326509032/1938-ragout-006.jpg?w=700&q=55&auto=format&usm=12&fit=max&s=5be9ea14f8ff6f50c7438c0492bdf4ce
[6] https://en.wikipedia.org/wiki/Tuva_or_Bust!
[7] http://www.unesco.org/culture/ich/en/RL/mongolian-art-of-singing-khoomei-00210
[8] https://www.nytimes.com/es/2017/01/21/residente-usa-su-adn-y-plasma-sus-raices-en-un-disco/?rref=collection%2Fsectioncollection%2Findex
[9] https://www.youtube.com/watch?v=ZkrH7rrefgA
[10] https://www.theatlantic.com/science/archive/2016/04/this-technology-will-allow-anyone-to-sequence-dna-anywhere/479625/
[11] Vía investigación con células madres, cualquier célula, en teoría, podría hacer cualquier cosa, desde disparar electricidad, hasta penetrar un óvulo, ya que todas las células tienen todos los códigos.
[12] https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/jan/26/1984-dystopias-reflect-trumps-us-orwell
[13] https://www.youtube.com/watch?v=OjPcT1uUZiE
[14] http://residente.com/en/
[15] https://www.23andme.com/published-report/cc0b8c74deab4aac/?share_id=729d2d38ceb84572


Lista de imágenes:

1-3. René Pérez Joglar (Residente), "Somos Anormales", 2017


 

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