"Stick it to the man"

 

“Gettin' old
Gettin' grey
Gettin' ripped off
Under-paid
Gettin' sold
Second hand
That's how it goes
Playin' in a band
It's a long way to the top
If you wanna rock 'n' roll”.
- AC/DC, “It’s a long way to the top if you wanna rock n’ roll”

“Stick it to the man” es la respuesta de Dewey Finn (Jack Black) al ser cuestionado por un grupo de chicos de cuarto grado sobre qué era el rock. La respuesta le es completamente intangible a su lozana audiencia dado ello, por el resto de la película a los chicos les tocará experimentar tanto al “man” como comprender la acción que evoca el “stick it.”

Hay una revelación un tanto perversa en este segmento del film. Fuera del salón de clases, Finn luce como un desajustado que aun quiere “vivir” su sueño de adolescencia: convertirse en un rockstar. Pero, el presente que habita insiste en recordarle que ya es un adulto. Ese es el contexto del interesante intercambio que éste sostiene con los miembros de su banda, los mismos que terminan expulsándole por no comportarse como un adulto. La mejor manera de describir el acto de esa “ingrata”  banda (llamada en el film “No Vacancy”) es, en el argot del rock, “playing it safe.” La letra de su música no convoca a la sexualidad desenfrenada que caracterizara el rock en sus inicios. Tampoco se desangra de inocente amor juvenil. Es, en todo caso, un relato de traición que de una manera u otra remite al imaginario “twentysomething” y acepta la inevitabilidad de la vida adulta (y en pareja). Dewey Finn y su versión del rock (basada en excesos, piruetas y “stage dives”) no entra en este discurso. Él se niega rotundamente a formar parte del mismo.

 

Es por ello que la acción centrada en el salón de clases de “School of Rock” no es en nada fortuita. Richard Linklater, director de la película, desarma el discurso sobre el rock tipo “No Vacancy” en las primeras escenas, para luego construir otro relato que permita retomar la génesis discursiva del género: la resistencia a la mirada del mundo adulto sobre el cuerpo del siempre presente adolescente.

 

No es casual esta referencia. Una de las películas que más contribuyó a la formación del discurso sobre el rock fue Blackboard Jungle (1955), cuya acción se centra también en el salón de clases. Claro, el contraste no pudiera ser más desmedido; en el film de Richard Brooks, el aula es campo de batalla, donde la figura del adulto (el maestro, Mr. Dadier) se muestra incapaz de comprender el imaginario juvenil de la posguerra. En cambio, los chicos de elemental de “School of Rock” están completamente enajenados de ese mundo, no le conocen. Su imaginario queda conformado por la acumulación flexible y la ética posmoderna. Por ello, los estudiantes le exigen a Dewey Finn, maestro fatulo, que les enseñe, los evalúe, tome asistencia, etc.

Si en Blackboard Jungle la normalidad e incomprensión provenían del mundo adulto, en School of Rock la fórmula se invierte. La cándida perversión pueril de los chicos de Mr. Dadier aparece ahora en la adulterada imagen del supuesto Mr. Finn. La desaliñada figura del protagonista funciona como metáfora de la alicaída escena rockera de principios del siglo XXI. Mr. Dadier fungió como modelo de normalidad en la primera película; en School of Rock son los estudiantes los que representan la normalidad.

Esta inversión recuerda el clímax del film de Oliver Stone The Doors (1991), donde Jim Morrison, luego de ser atormentado por la imagen de la muerte, debe repentinamente confrontar la inevitabilidad de su destino. Dewey Finn debe hacer lo mismo en School of Rock. Al asumir la tarea de maestro sustituto, este poco a poco enfrenta a su propia muerte. Quizás no lo sepa en un principio, pero ya al final resulta más que evidente este hecho, en la medida en que de rockero pasa a ser maestro de música de los chicos.

La defunción de la cual aquí se habla es la del rock como género y como máquina capaz de crear diferencias (la más importante de ellas siendo la diferencia entre el adulto y el ya-no-niño-pero-tampoco-adulto). Con la muerte de Finn, Linklater parece evocar cínicamente el rol de la muerte en el imaginario del género; la muerte de Hendrix, Joplin y Morrison permitieron estructurar contenidos específicos dentro del género y así cimentar el legado libertario de los sesenta en coordenadas muy estrictas y específicas. Sucede algo parecido con la desmaterialización de Dewey Finn. Es preciso que el protagonista contribuya a su muerte para que su espíritu pueda reencarnar. En la canción que Lawrence, el guitarrista de la banda escolar, propone, éste logra sintetizar (y sublimar) musicalmente su experiencia de la diferencia como “adolescente” bajo el régimen de la acumulación flexible. Es aquí donde renace la banda, donde Finn debe echarse a un lado y así aceptar la inevitabilidad de su muerte. Lawrence mata al padre y con ello deviene en sujeto del rock.

La razón de ser de School of Rock es el reconocimiento de que el rock ya había dejado de existir para cuando comienza la acción. Puede que los chicos supieran de música, pero desconocen por completo sobre que es el rock. Por eso Finn crea un “currículo” que le permita aprehender y entender qué es el rock. Así, Finn construye una narrativa sobre la historia del género de forma tal que los chicos puedan comprender cómo opera esta máquina. Este curso es el que les permitirá, más adelante, retomar la producción de diferencias a través de la música partiendo desde sus circunstancias históricas particulares. Sólo así el chico Zack Mooneyham puede escribir una canción: construyendo un discurso afectivo que articule la resistencia con la disciplina de su padre y de la directora del colegio (“the Man”).

 

El final del film, sin embargo, no deja de ser anticlimático. Es el rock quien le permite a los alumnos de Mr. Finn instituir la diferencia como producción de experiencias y sensaciones. Si los chicos buscan decididamente a Finn a su casa (quien como buen cadáver yace desenmascarado, demacrado y en estado comatoso en su cama) es por que quieren que él “viva la experiencia”. Son ellos quienes producen el espectáculo. Pero, tamaño esfuerzo queda aniquilado al complacer… ¡a sus padres! (incluyendo la directora del colegio).

No deja de ser, entonces, una formidable fantasía la que presenta Linklater. Al final, el grupo junto a su maestro entona el himno de AC/DC “It’s a long way to the top”. El contraste resulta más que evidente: un tema sobre los bretes de una pequeña banda de gira suena increíblemente ridícula en manos de una caterva de estudiantes de primaria que, gracias a su educación privilegiada, pueden tocar música en sus respectivos instrumentos.

 

School of Rock trata sobre la muerte del rock, una ocurrida hace ya demasiado tiempo, lo suficiente como para que los padres de los chicos ni le recuerden. Mucho menos se puede esperar de sus vástagos. Sólo un personaje poco simpático y hasta grosero podrá profesar su existencia. En este sentido, Mr. Finn y el rock son una misma cosa, y el film narra su muerte, al tiempo que nos revela que dicho deceso ocurrió hace ya… demasiado tiempo.

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