Carta desde un lugar púrpura


noviembre de 2015
Puerto Rico

 

P

 ara ti, estas líneas:

Espero que te encuentres bien al recibir esta carta. Desde hace algunos días pensaba escribirte, pero entre el ajetreo diario no había podido sentarme tranquila a dedicarte un tiempo, un espacio, para, al menos, comunicarte por dónde andan mis pensamientos. Aún no recuerdo la última vez, si la hubo, que nos escribimos. Espero que retomemos el ansiado intercambio de ideas. Necesito crecer con las opiniones compartidas; preciso, más que nunca, que entre tus comentarios y los míos podamos construir algo bueno, algo que incida en nuestras vidas y en la de otras.

Recuerdo cuando me comentabas sobre tus angustias. Perdona que te haga recordar ese día, pero es que mientras te escribo estas palabras me encuentro lidiando con dolores provocados por mi menstruación. Es bien extraño porque antes no los sentía. No es nada grave; mi ginecóloga me explicó que era normal. Ya los años van sumando y el cuerpo cambia, me dijo. Pero es un dolor tremendo. Discúlpame nuevamente por comentarte estas cosas ahora, de una manera tan abrupta en esta escueta cartita, pero es que si no lo acababa de compartir, quizás se me acrecientan los males.

Parece que aún estoy marcada por aquellas palabras de mamá cuando me decía: “Nadie se tiene que enterar que estás en regla”. Ya a estas alturas me he desprendido de esos avisos, entre otros, que se quedaron impregnados en los hombros, en la mente, en las entrañas. Si me quejo contigo, no es porque quiera agobiarte, mucho menos para evidenciar una “changuería”, como dirían por ahí, sino porque ya no aguanto el que una se tenga que callar cual si fuera una víctima del maltrato social.

Los otros días recibí mensajes por el Whatsapp de mis excompañeras y amigas de máster, quienes desde España estaban virtualmente planificando cómo viajarían de Asturias a Madrid para participar de la marcha contra la violencia machista. Estas chicas, que tuve la oportunidad de conocer por aquellos barrios y ciudades, se las inventan para todas juntarse, viajar, cooperar y “gritar” por las causas que las mueven. De los casos que conocí y continúo conociendo es admirable ser cómplice de ese compromiso fundamental que tienen por defender los derechos humanos, por levantar bandera hacia la equidad. A ellas las mueve el reconocimiento de las mujeres.

Con estas amigas, ahora de la vida, aprendí mucho. Aprendí a no callarme, aprendí a escuchar, aprendí a diferir, pero, sobre todo, a continuar labrando esa visión que seguimos teniendo por cambiar, en algo, el mundo. El feminismo que aprecio, y que sigo conociendo con ellas y con otras, es aquel que no vislumbra de ninguna manera “usurpar” el lugar de nadie ni pretende “despreciar”, “descartar”, “eliminar”, “odiar” a los hombres, mucho menos a otros sujetos de diferentes vertientes. El feminismo que nos mueve es el movimiento y la acción social que descarta totalmente las pirámides sociales, desaprueba las injusticias, se indigna con la repartición desigual de los bienes y exige un reconocimiento del otro, tal como es, un otro diferente y punto. Esto no descarta que nuestro ideal se indigna y reprende el abuso de cualquier índole.

Ahora, acabo de recibir un mensaje de una de ellas. Ya logró unirse a una organización para emprender el viaje a la marcha en la capital. Espero que esta manifestación sea tan impresionante como en las que participé cuando viví en Europa. No sé si te llegué a comentar en algún momento, pero fui a varias. Participé en las del 8 de marzo, en las del orgullo gay y en una que otra más. Recuerdo que cuando íbamos a la calle la gente nos miraba raro y yo les decía a mis amigas que más extraño quizás nos verían si la manifestación, en vez de ser en España o en Polonia, hubiera sido en Puerto Rico. ¡Ja!, ellas no podían ni comprender lo que estaba diciendo… Casi ni me creían.

Ahora, mientras te escribo y tengo este dolor tan fuerte, pienso que mañana para el trabajo no me excusarán, mucho menos se me aguantaría la queja a viva voz. De changuería para abajo, seguro no me dicen más. Pero bueno, sabes que no pierdo las esperanzas de que algún día todos podamos vernos a través de las gafas violetas. Esto tampoco estoy segura si te lo conté en el pasado. Eso de las gafas violetas lo conocí por una de mis profesoras en España, la profesora Socorro. Ella en el primer día de clases del máster nos dijo, “una vez me puse las gafas violetas del feminismo; no me las pude quitar. Espero que a ustedes les pase igual”.

Espero que de aquí a un par de añitos más hayan más seres con esas gafas violetas, para que no piensen que el concepto “feminista” es “una palabra muy fuerte”; para que no se cuestione públicamente cosas como “¿qué hacía durante esas horas de la noche caminando sola por esa calle tan oscura?”; o para dejar de escuchar la típica pregunta que se le suele hacer al victimario: “¿qué ella te hizo?”.

Hace poco recibí por correo el libro de la feminista Gloria Steinem; lo compré por internet, aprovechando una preventa. Y bien me alimentaron una de sus palabras: “La esperanza es una forma de planificación”. No pierdo las energías para continuar con la intención de que se reconozcan los asuntos de las mujeres más allá del imaginario generalizado de la “simple pataleta”, o como de mujeres “frustradas”, o como algo sin importancia porque “ya las mujeres votan”. Estos comentarios se generan, mientras las siguen golpeando y matando descaradamente, y aún dicen por ahí que “a los hombres también los maltratan”.

Creo que deberíamos reunirnos para seguir hablando de estos temas que sé que nos interesan. Son muchos detalles, son muchas las angustias, son muchos los deseos por hacer más. Creo que no está de más querer y construir un mundo más justo, más sensible, más honesto, más amable. En fin, espero saber de ti pronto. Por favor, no dejes de escribirme o de contactarme. Nos queda mucho más por compartir, por conversar. Además, pronto ¡tenemos que quitarle el “panty” y el “brassiere” al mural que hizo Moriviví en el puente por la Fernández Juncos!

Recibe un gran abrazo solidario de mi parte. Estamos en comunicación.

Afectuosamente,

Karixia Ortiz Serrano

P. D. Si te preocupé por el dolor, descuida que se va en cinco días, aunque regrese nuevamente.  

 


Lista de imágenes:

1. Web.
2. Clarissa Peterson. 
3. Think Progress.


 

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