Our Kind of Traitor

 


 

Las novelas de John Le Carré son para mí indispensables para los que gustan del género de espías y de la buena literatura. En ellas el autor nos hace ver que la intriga internacional y el espionaje no son festines de luchas cuerpo a cuerpo ni de aparatos y tiroteos, sino de racionalidad y justificaciones morales. ¿Qué revelaciones hace un espía que tienen consecuencias sobre las vidas de otros?

Sus novelas que se desarrollaron durante la Guerra Fría nos abrieron los ojos a la extraña duplicidad que se esconde en el juego de “capa y puñal”, en el que los agentes dobles exceden los legítimos. Como muchos ingleses, se obsesionó con el extraño caso de Kim Philby, el agente doble más importante de la historia de Gran Bretaña, cuyas actividades afectaron directamente a Le Carré (cuyo nombre verdadero es David Cronwell), quien trabajaba a la sazón en MI5 (inteligencia militar, sección 5; equivalente al FBI). Pensé que con la caída del muro de Berlín y el desmembramiento de la Unión Soviética sus novelas pasarían a ser arcaicas, pero se fue adaptando a los tiempos y cambió su atención a la maldad que arropa el globo: la corrupción y cómo esta involucra a los más altos jerarcas en los gobiernos y a los oligarcas de muchos países. Empezó con el trasiego de drogas y las ventas de armas en los 90 y ahora, como vemos en este filme basado en su novela homónima, anda por la mafia rusa.

Adaptado el libro a la pantalla por Hossein Amini (quien escribió el estupendo guión de “Drive”, 2011) y dirigido por Susana White, el filme, como muchos basados en la obra de Le Carré, es un thriller en el que el impulso a hacer el bien está encontrado con la realidad de un peligro que puede ser letal. Una pareja está de vacaciones en Marrakech tratando de reconciliar los problemas que amenazan su matrimonio. Perry Makepiece (Ewan McGregor) se ha acostado con una de sus estudiantes y desea que su mujer Gail (Naomie Harris) lo perdone. Cerca de ellos, en el restaurante en el que cenan, unos rusos parecen estar celebrando que están celebrando: el vodka fluye en exceso y las risotadas llenan el lugar. Cuando Gail lo deja solo, el ruso Dima (Stellan Skarsgård) se le acerca a Makepiece (el nombre es obviamente un chiste) y lo invita a tomarse unos tragos con él y sus guardaespaldas. Según progresa la noche y Dima lleva a Perry a fiestas orgíacas, le confiesa que es el más grande lavador de dinero de la mafia rusa. Eventualmente también le dice que teme por su vida, ya que el “Príncipe de la mafia” (Grigoriy Dobrygin) ha creado un banco a través del cual todo el dinero negro de sus colegas ha de ser “lavado” y ya ha matado a uno de los que le dio su cuenta. Entonces, le da un lápiz USB con la información de los depositantes para que se lo entregue a MI6 (inteligencia militar, sección 6; equivalente de la CIA) en Londres. La lista contiene los nombres de oligarcas ingleses corruptos, y Dimas lo da incompleto a cambio de que se le de asilo a él y a su familia en Londres. Una vez en Londres Perry entrega el USB a Héctor de MI6 (Damian Lewis), quien se hace cargo de la investigación y de sus vericuetos. (Todo esto se ha visto en los avances, de modo que no les arruino las sorpresas).

Lo que sigue es la parte más excitante del filme, que tiene en el diálogo y las situaciones emocionales el secreto de por qué el profesor de literatura se ha dedicado en cuerpo y alma a socorrer lo que en realidad es un criminal. ¿Qué se puede hacer, que sea justificable, si se desea atrapar a los líderes de una organización de asesinos y estafadores? Héctor tiene una razón para atrapar a los culpables que va más allá de hacer cumplir la ley, pero es un motivo legítimo y defendible. El asunto ha sanado la situación entre Perry y Gail, pero ha marcado en la consciencia de él la situación moral en la que se encuentra: ayudar a un mafioso quien, seguramente, es también un asesino.

A la directora Susana White, quien ha trabajado principalmente en TV, le gustan las tomas en ángulo, las distorsiones de imágenes y los encuadres “artísticos”, y, aunque me molestaron en muchas ocasiones (no tenían nada que ver con el momento), agudizaron el mensaje y mejoraron el foco de la escena. (Espero que se calme). Los actores nos conducen por los laberintos de la trama y los secretos que se van divulgando con pie sólido. McGregor, como siempre, es encantador y nos deja ver que la amistad que siente por Dimas es genuina y filial. Lewis, a veces, me recordó al gran Alec Guinness cuando hizo de George Smiley, el personaje paradigmático de Le Carré. (Pienso que el director de elenco lo escogió por eso). La película, sin embargo, es del superlativo actor Stellan Skarsgård. Dimas es un bullicioso y exuberante personaje que nos cautiva a pesar de lo que sabemos de su maldad. Uno podría preguntarse por qué Perry le presta ayuda, pero es obvio que el hombre es irresistible. Es como si un gran oso de peluche (que mata cuando uno no está mirando) invitara a alguien a ser su amigo.

Predije lo que iba a suceder al final y no me equivoqué, pero el filme me tuvo ligado a la historia y a qué habría de suceder, porque los personaje son lo suficientemente creíbles para que uno desarrolle empatía con ellos. Es un filme promedio, pero con actuaciones de primer orden.


Lista de imágenes:

1. Jaap Buitendijk, Roadside Attractions, 2016


 

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