Kong: Skull Island


La evolución de King Kong la ha mejorado notablemente la tecnología digital. Desde su origen humilde como un muñequito mecánico, ha llegado a ser un hombre hecho y derecho que cambia su tamaño de acuerdo a cómo quiere presentarlo el director y el equipo de efectos especiales. Con el modelo original de 1933, los directores Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack hicieron maravillas, convirtieron la película en un clásico del cine de monstruos y crearon la franquicia que sigue vivita y coleando en el siglo XXI.

Hay que reconocer que el misterio de una isla por descubrir en el océano Índigo tenía sentido en esa época, y que esa nota exótica de distancia y desconocimiento hicieron que la gente se olvidara de sus tribulaciones, a pesar de la depresión económica que les rodeaba. Colectó $2.8 millones ($51 hoy día) en una época que el cine valía poco y mucha gente no tenía ni 25 centavos para poder asistir. Evalúen el éxito de la serie considerando que la versión de 2005 dirigida por Peter Jackson recaudó ¡$550 millones! No sorprende que Jackson usó la misma fecha —1933— para ambientar su cinta y que, como en la primera, hay un romance entre la mujer que va con la expedición a la isla Calavera y Kong. 

En el presente filme que reseño hay un reconocimiento breve y tierno a ese romance que tuvo su momento más sexual en la versión de 1976, en la que Kong sopla a Jessica Lange para secarla y ocurren resultados inesperados. En esta nueva versión, la muy recatada Mason Weaver (Brie Larson) no pasa desapercibida por Kong, pero este está demasiado ocupado combatiendo unos lagartos asquerosos llamados “skullcrawlers”, que quieren atacar a los habitantes de la isla. Aunque viven detrás de una pared, Kong es quien los protege de estas bestias porque, no solo son sus enemigos naturales, sino que mataron a sus padres. La primera media hora del filme es muy buena y está llena de referencias a dos guerras importantes para los Estados Unidos: la segunda mundial y la de Vietnam. De la primera queda un recuerdo humano: el teniente Hank Marlow (John C. Rilley) cuyo avión se estrelló en la isla en 1944 y ha vivido entre los nativos desde entonces. De Vietnam son los soldados que acompañan a Bill Randa (John Goodman), el hombre que sabe que hay un secreto extraño en esa isla, la cual, para el 1973 (cuando se desarrolla la trama), es evadida por barcos y aviones por estar rodeada de un perenne halo de nubes tormentosas que impiden la fácil entrada y salida de gente que pretenda estudiarla.

En cuanto se escucha que el hombre que los ha de guiar en la misión se llama Conrad (Tom Hiddleston) sabemos que hay influencias de Joseph Conrad en el filme. De hecho, poco después vemos imágenes que recuerdan “Apocalypse Now” (1979) y sabemos que el viaje “río arriba” es referente a “Heart of Darkness”. Hank Marlow es la versión “light” del coronel Kurtz. Claramente, son las referencias a Vietnam, al presidente Nixon y a los bombardeos de Laos y Camboya, por parte de él y Kissinger, las que más énfasis tienen.

Vemos que la invasión del espacio de Kong y la detonación de bombas llevan al simio gigante a una lucha desenfrenada contra los invasores porque teme que sus métodos azucen a los “skullcrawlers”. Aunque todo el mundo entiende esa propuesta, Preston Packard (Samuel L. Jackson), el militar a cargo del pelotón que ha sido enviado con la expedición a protegerlos, insiste en perseguir a Kong y matarlo porque es responsable de la muerte de “sus hombres”. La cinta se convierte en una crítica a la rigidez del pensamiento castrense, a la incapacidad de usar lógica en vez de revanchismo en toda situación por parte de los militares, y a la irrupción en otros lugares (léase países) para tratar de imponer costumbres y medidas que nada tienen que ver con las otras culturas.

Las peleas entre Kong y los “skullcrawlers”, y con un pulpo gigantesco, son estupendas. El diálogo, una vez que comienza la fuga hacia donde los sobrevivientes pueden ser rescatados, es soporífero y a veces tan infantil y tonto que uno recuerda que estos filmes esperan tener grandes seguidores entre las edades de 10 y 15 años. Sí sobresalen la cinematografía de Larry Fong y la edición de Richard Pearson. En un momento que vemos a un “skullcrawlers” engullendo a un humano, Pearson corta a la boca de un humano engullendo un emparedado. Hay muchas así: sorprendentes y agudamente hilarantes. De otra forma habría sido un filme totalmente sin encanto.


Lista de imágenes:

1. Jordan Vogt-Roberts, "Kong: Skull Island", 2016 (Warner Bros)

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