All over the place

Si usted es fotógrafo, seguramente ha escuchado la frase que titula este artículo anteriormente (traducido algo así como “estar en todas partes”), utilizada a manera de crítica sobre el trabajo de un fotógrafo que aparenta no tener una clara preferencia por algún tipo de tema o sujeto en particular y que toma fotos de prácticamente todo lo que se le presenta al frente. Esta noción se refuerza, aunque no necesariamente se afirma, en el texto On Photography de Susan Sontag, escrito al principio de la década de 1970, en el cual ella menciona que por lo general se piensa que los fotógrafos célebres han sido aquellos que pueden reconocerse por un tipo exclusivo de fotografía.

A pesar de que esta crítica sigue siendo utilizado todavía, existen por lo menos cuatro razones que la convierten en una falacia. La primera de ella es que insistir en la validez del argumento, utilizando ejemplos de fotógrafos históricamente reconocidos, presupone que dichos fotógrafos no tomaron fotos que no fueran parte del género con el cual se le asociaron. Sin embargo, varios de estos fotógrafos usaron también su talento para ocasionalmente desviarse de su principal preferencia. La segunda tiene que ver con una confusión del concepto con otro término relacionado a él, pero que es mucho más escurridizo y de significado diferente. Este término es “estilo”. La tercera razón tiene que ver con el cuento del huevo y la gallina, y la explicamos abajo, y, la cuarta es que actualmente es muy difícil aplicar esta crítica debido al uso de la tecnología digital, tanto para tomar fotos, como para comunicarnos.

Conviene recordar una vez más que las artes de la pintura y la fotografía, aunque similiares en algunos aspectos, son también diferentes. ¿Por qué la frase de “all over the place” no ha sido igualmente utilizada históricamente para referirse a los trabajos de pintores? Una de las razones parece ser precisamente la invención de la fotografía. Antes de que esta apareciera, muchos pintores eran retratistas al mismo tiempo que pintaban paisajes y naturalezas muertas. Es cierto que algunos de ellos tenían sus preferencias por algunos temas, pero, al tener que trabajar a base de comisiones, tenían que ser polifacéticos, y los resultados eran igual de admirables. Otros, inclusive, trabajaban con diferentes artes a la misma vez: basta con mencionar el Renacimiento y los períodos subsiguientes (no menciono a los anteriores porque es en el Renacimiento cuando la diferencia entre “artesano” y “artista” comienza a ser reconocida).

Parte del fenómeno de adjudicar géneros específicos en las artes visuales por parte de los historiadores comenzó a agudizarse a fines del s.XIX y ello podría atribuirse a la especialización que surgió en muchos campos de la educación (École de Beaux Arts y las ingenierías, por ejemplo) y de la industrialización. Casi súbitamente, bajo la promesa de un nuevo mundo, el planeta pareció querer aumentar su velocidad de taslación, y el arte comenzó a crear movimientos vanguardistas que duraban muy poco tiempo.  Pero existieron contradicciones y excepciones con individuos difíciles de clasificar. ¿Bajo que género o movimiento artistístico podríamos encasillar a Picasso, por ejemplo? La lista de aquellos con los que comenzó su carrera o aquellos que más tarde inventó sería tan larga como su nombre completo: Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso.

¿Qué podemos decir entonces del término “estilo”? He evitado usarlo a propósito hasta ahora porque la preferencia por un género de un arte no es sinónima del estilo cuando esta palabra se refiere a la manera en que un artista se expresa, aunque pueda serlo cuando la usamos para nombrar alguna época de la historia del arte. El estilo personal de un artista puede hasta cierto punto relacionarse a los temas que aparecen en su trabajo pero ello ni lo ata a estos ni debe formar parte de su identificación con algún movimiento artístico porque el estilo es la manera en que el artista se expresa, y eso no depende del tema escogido. En otras palabras, el estilo es totalmente exclusivo de cada artista.

En el mismo libro de Sontag, aparecen varias citas de fotógrafos sin los cuales no podría escribirse la historia de la fotografía que nos ayudan a entender la definición de “estilo”.

Alfred Stieglizt menciona que la cámara le suplió la posibilidad de expresarse; Edward Weston insiste en que la fotografía es una “suprema oportunidad” para la expresión individual (inclusive, según él, en mayor grado que la pintura); Harry Callahan aclara que toma fotos a su manera, no por  querer ser distinto, “sino porque cada individuo es diferente”; y Ansel Adams nos dice que “una gran fotografía” es aquella que contiene la expresión total de lo que “uno siente sobre lo que se fotografía en su mayor sentido”, y “por lo tanto, la expresión verdadera de lo que uno siente sobre la vida en su totalidad”.

Estos cuatro fotógrafos  practicaban con mayor frecuencia distintos tipos de fotografía, pero estaban de acuerdo en que la expresión era totalmente individual. Para resumir, podemos entonces desvincular la preferencia temática de la expresión con la cual se representa. Pero, aparentemente, ante la ausencia de un análisis más profundo, resulta muy conveniente para algunos críticos e historiadores seguir catalogando.

La pasión por la fotografía como disciplina y la pasión por ilustrar fotográficamente algún tema en particular pueden coexistir, pero, ¿cuál ocurre primero? La secuencia entre ambos casos son legítimos. Sin embargo, si una persona escoge la fotografía para estudiar un tema preferido y quiere que esas fotos representen de buena manera el tema, debe aprender a usar la fotografía (la cámara y todo lo demás que se relaciona a esta faena) de la mejor forma posible. De lo contrario, su exploración y presentación carecerían de la necesaria elocuencia, eficacia y contundencia. Pienso que en la mayoría de los casos, la pasión por la disciplina fotográfica antecede al otro caso.

Por lo general, una persona siente curiosidad por la fotografía, y si su interés continúa, buscará la manera de aprender cada vez más sobre ella tomando alguna clase, comprando libros y visitando exhibiciones. Si descubre que esta actividad no le satisface, ahí quedará la cosa. Pero si la evolución sigue progresando, poco a poco aflorará la pasión. En estos casos, el aprendiz comenzará tomando fotos de todo lo que ve a su alrededor, y en algún momento podría surgir el caso de que le agraden más las fotos que toma de ciertos sujetos y decida dedicarse cada vez más a retratarlos. En los casos más extremos, se convertirá en un especialista en la fotografía de un tema y eso no tiene nada de malo, pero eso no impide que igualmente retrate de vez en cuando ejemplos de otros temas o géneros.

Esto último, por cierto, es el caso más frecuente en el presente. Gracias a la tecnología digital, la cual facilita el proceso de fotografiar con la ayuda de una industria que ofrece cientos de cámaras distintas asequibles a cualquiera (entre ellas las incluidas en los teléfonos móviles) que producen miles de fotos que se difunden rápidamente a través de las llamadas “redes sociales”, los “foros” y los “sites” para colgar las imágenes en la internet, la fotografía se ha vuelto tan conspicua que ya forma una actividad común de nuestras vidas y hace irrelevante tratar de definir los distintos tipos de fotografía y la clasificación de los fotógrafos.

Es ya muy difícil diferenciar lo que es la fotografía “artística” de la que es documental, abstracta, paisajista o conceptual. También de aquella que nos muestra la naturaleza, de la que nos presenta rostros y de la que nos ilustra noticias. Si algo de bueno tiene todo esto es que en esta confusa variedad se refleja más que nunca una propiedad universal que reafirma, más que nunca, que la fotografía es esencialmente de carácter humanístico y que para algunos fotógrafos, el encasillado de los géneros carece de importancia. Para muchos de ellos ya no existe más que un solo género: la vida misma. El placer de tomar fotos y poder con ello conseguir un medio adicional de expresión es más importante que ser considerado representante de una tendencia cuya clasificación ellos ni siquiera escogen. Además, este diluvio visual de nuestro presente nos coloca, en efecto, e inevitablemente, “all over the place”.

* Todas las imágenes son del autor y fotógrafo, Eduardo Bermúdez.

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