Francesca Woodman

“Y fui toda en mí, como fue en mí la vida…”
- Julia de Burgos

“No sé si mis pinturas son o no surrealistas pero,
lo que sí estoy segura es que son la expresión más franca de mi ser."
- Frida Kahlo

“Conocerse a uno mismo es conocer el mundo, y es también, paradójicamente,
una forma de exilio del mundo”.
- Ana Mendieta

“La fotografía es también una manera de conectar con la vida.
Hago fotos de la realidad filtradas a través de mi mente”.
- Francesca Woodman 

Las reseñas en torno al trabajo fotográfico de Francesca Woodman generalmente contienen en su estructura un marcado énfasis en la aparente aura “oscura” de sus imágenes. Hacen hincapié en el estado emocional y posterior suicidio de la artista a edad temprana, se enfocan en el estudio del autorretrato como tema principal o en el desnudo femenino y sus posibles influencias. Epítetos como “ambigüedad, melodrama, desespero, soledad, nostalgia, fantasmagórico, siniestro, melancólico, triste, espiritual” abundan entre algunos escritos que no encuentran cómo descifrar una extensa obra que se mueve desde lo intuitivo y experimental hacia lo decididamente conceptual.

Sin embargo, cuando se las observa detenidamente, no resulta difícil percatarse que las fotografías de Woodman representan el sólido trabajo artístico de una joven mujer que, de manera resuelta [aunque aparentemente intuitiva], denuncia, confronta y resiste desde y a través de una intensa búsqueda, de un encuentro y afirmación con su propia sexualidad. Una joven artista, consciente de su cuerpo, de su género y del rol que imponen las estructuras tradicionales y paternalistas en las que vivió inmersa socialmente. (Ver Francesca Woodman, Untitled, Providence, Rhode Island, 1976).

En las casi 800 fotografías que componen la totalidad de su obra, Francesca Woodman reflexiona intensamente, dialoga en torno a su realidad de mujer y a esa vinculación con el espacio íntimo y doméstico que culturalmente aceptamos sin cuestionar.

Su trabajo es un estudio profundo del yo femenino y de sus ramificaciones, en todos sus estados y posibles estancias; el estudio del cuerpo de la mujer y de su propia representación ligada al espacio; y el estudio de su condición de género a través de la metáfora, profundamente ligado a la psiquis, en un fluir de conciencia absolutamente libre, pero artísticamente educado y firme.

En su intensa obra, Woodman se integra en ocasiones a la arquitectura desgastada de una casa vieja que habitó como estudio y en otras ocasiones se desplaza y transita, temporal y sutil por sus espacios.

Allí predomina ese argumento que parece enigmático, pero que es en sí una exploración sólida, una búsqueda, una denuncia en torno a su propia realidad, un encuentro con su ser y su condición de mujer joven. Debido al uso casi siempre intuitivo, que hacía de la fotografía, sus imágenes aparentan ser, de primera intención, una exploración desde el inconsciente. Sin embargo, Woodman cuestionaba a conciencia su relación con el espacio. Como si fuera parte de un juego, resultado de una libre exploración, yuxtapone su alma joven con las fronteras de un espacio doméstico decaído, en ruinas y desde el cual ella se resiste.

Pero con igual intensidad, se entrega al espacio natural del que en ocasiones se hace parte y con el que en ocasiones conversa.

A través de las fotografías en blanco y negro y en pequeño formato, Woodman presenta al espectador un juego seductor, alegórico, en ocasiones enigmático, pero que resulta siempre ser hermosamente joven. (Ver Francesca Woodman, UntitledProvidence, Rhode Island, 1970s).

Producto de un matrimonio sólido entre dos artistas,[1] Woodman creció inmersa en el proceso creativo como una tarea familiar diaria, casi monacal. Durante su periodo de temprana adolescencia, se conectó con la fotografía a través de su padre y a la edad de 13 años realizó un primer autorretrato. En el mismo se revela lo que sería la relación personal, enigmática y casi intuitiva de Woodman con el medio fotográfico. Para este autorretrato, que evidencia un ejercicio consciente de exploración y diálogo personal, Woodman coloca la cámara en un ángulo mas bajo, lo que ofrece proyección a su ser, y se cubre el rostro, logrando así una relación enigmática con el espectador.

Esa practica de ocultar su rostro o presentar su cuerpo desde la construcción de una imagen transitoria o efímera, obliga al espectador a entrar en una tarea profunda de interpretación desde su propia realidad subjetiva. Es esta característica la que permite que la obra de Woodman sea absolutamente contemporánea y universal. Su obra toda sigue estando vigente gracias a ese diálogo no resuelto, a esa invitación abierta, pero a su vez intima y personal, a través de un cuerpo que le representa.

Ese intenso deseo que provoca Woodman a ser interpretada causa gran expectación en sus imágenes.

Y a pesar de que su acercamiento al medio fotográfico es moderno, el manejo del mismo es también intuitivo y libre. Woodman estudió fotografía en aquellos primeros años cuando la integración del medio al currículo en las escuelas de arte era reciente. Supo muy bien combinar su exploración subjetiva al requerimiento curricular, apropiarse del medio y utilizarlo instintivamente. 

(Ver Francesca Woodman, Horizontale, Providence, Rhode Island, 1976). Así entonces, en su obra se da el cruce entre la modernidad y su decadencia. No sólo en los aspectos formales, sino en su temática.

Woodman nos ofrece imágenes intervenidas, escritas y desarrolladas en ciertos límites mas allá de la realidad misma del medio y responde así a un acercamiento absolutamente subjetivo, a una apropiación total de su obra cuya temática se sostiene en el discurso de género. Pero, esta característica no se da en el vacío. Es un ejercicio artístico que surge casi una década después de que el movimiento feminista tomara de manera activa el mundo de las artes y que importantes actividades de concienciación fueran protagonizadas por mujeres artistas y activistas del arte feminista en los más importantes centros artísticos de los Estados Unidos.

Dentro de todo, lo fantástico de su obra es que Woodman no se resiste a ser interpretada o comprendida, sino que se sitúa en el momento poético, en la alegoría, en un juego sensual y firme en donde se descubre y es descubierta. Demuestra una profunda conciencia de sí misma y de su posibilidad y capacidad para representarse. Asume su cuerpo, su lugar y su significado y se resiste a asumir un rol tradicional o pasivo. A su corta edad, Woodman logra una obra sólida desde la que denuncia y en la que, a su vez, provoca en el otro una invitación para cuestionar su manera de ver y su propia conciencia.

Una joven artista que no desea ser minimizada dentro de las estructuras. A través de una profunda conciencia sobre su cuerpo y sobre sí misma se nutre el comentario que, ayudado por la seducción, se hace más intenso. Y aunque denuncia, se puede percibir un disfrute en su obra. Woodman piensa e intuye dentro de su proceso creativo y se preocupa por lograr imágenes estéticamente agradables y conceptualmente logradas, desde las que nos permite ver su profunda conexión con la historia del arte y su momento histórico. Es un fluir que parece trascender en ocasiones su condición humana y se amarra a esa búsqueda, en ocasiones juguetona, de su propia identidad. (Ver Francesca Woodman, Self-deceit #1,#3,#5,#7, Rome, 1978).

Resulta muy interesante notar que Woodman sólo mira a la cámara directamente cuando reflexiona en torno a su nombre o a su legado familiar y psicológico. En esos momentos, ya su cuerpo no es la metáfora, sino Francesca misma.

 

* Parte importante de su extensa obra puede ser apreciada hasta el 20 de febrero en el San Francisco Museum of Modern Arts y a partir del 16 de marzo en el Guggenheim.
 
Notas:

[1] Francesca, hija de Betty Woodman, ceramista y escultora y de George Woodman, fotógrafo y pintor, nacio el 3 de abril de 1958. Era la segunda hija de este matrimonio quienes formaban parte de la facultad del Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Colorado. Francesca se lanzó al vacío desde su residencia en Manhattan el 19 de enero de 1981. Tenía 22 años. 

Lista de fotografías:

1. Francesca Woodman, Untitled, Rome, 1977.
2. Francesca Woodman, It must be time for lunch now, New York, 1979.
3. Francesca Woodman, House #3, Providence, Rhode Island, 1976.
4. Francesca Woodman, Untitled, Rome, Italy, 1977-1978.
5. Francesca Woodman, My House, Providence, Rhode Island, 1976.
6. Francesca Woodman, House #4, Providence, Rhode Island, 1976.
7. Francesca Woodman, Polka Dots, Providence, Rhode Island, 1976.
8. Francesca Woodman, Polka Dots, Providence, Rhode Island, 1976.
9. Francesca Woodman, Untitled, MacDowell Colony, Peterborough, New Hampshire, 1980. 
10. Francesca Woodman, Self-portrait at Thirteen, Boulder, Colorado, 1972.
11. Francesca Woodman, Untitled, from Eel Series, Rome, 1977-1978.
12. Francesca Woodman, Space, Providence, Rhode Island, 1977-78.
13. Francesca Woodman, Verticale, Providence, Rhode Island, 1976.
14. Francesca Woodman, Untitled, Providence, Rhode Island, 1976.
15. Francesca Woodman, Untitled, Providence, Rhode Island, 1975-1978.
16. Francesca Woodman, Untitled, Providence, Rhode Island, 1976.
17. Francesca Woodman, On Being an Angel #1, Providence, Rhode Island, 1977.

 

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