Políticas del cuerpo en el siglo XXI

No es posible pensar la historia del arte sin tener en cuenta la relevante presencia del cuerpo humano en cada uno de sus capítulos. Géneros como el retrato o el erotismo sostienen la trascendencia que el inventario de sus posturas, los gestos de su rostro o la textura de su piel han tenido en la producción artística a lo largo de decenas de siglos. Sin embargo, no ha sido hasta décadas recientes que el cuerpo se ha convertido en un referente ineludible en la creación plástica en cualquiera de sus medios, revelándose como centro de discusiones teóricas sobre diferentes aspectos de la realidad contemporánea.

Si bien tradicionalmente el cuerpo ha sido objeto constante de representación en pintura o escultura, su lugar en la actualidad protagoniza un particular viraje y se transforma en sujeto activo en un gran número de producciones artísticas. En algunas ocasiones, adquiere la función de herramienta plástica con la que ejecutar la obra, sustituyendo a pinceles y brochas en el proceso de pintar y convirtiéndose en el motor de la expresión física del artista sobre el soporte en el que crea. En otras, la piel adquiere la función de un lienzo en blanco sobre el que el artista diseña sus ideas, ya sea a través de tatuajes, de escarificaciones, de escisiones y de otros medios de modificación corporal, que convierten la sangre en un pigmento pictórico con el que se dibujan cada uno de sus trazos.

La presencia más común del cuerpo en el arte contemporáneo, por otro lado, es como protagonista ineludible de acciones asociadas a la crítica de asuntos de índole cultural y social. Los artistas, que en la mayor parte de las ocasiones utilizan sus propios cuerpos como medio de expresión, toman parte activa en debates abiertos en plena actualidad, tales como la discriminación sexual, la marginación racial, el aborto, abusos físicos o sexuales, la presión de los medios de comunicación o la desigualdad social. Materializando su crítica generalmente por medio del performance, los creadores plásticos transforman un acto personal en una declaración de alcance político, en el que su postura en dichas controversias pretende convertirse en un manifiesto colectivo que alce la voz de grupos sociales desfavorecidos. En las acciones que los creadores plásticos llevan a cabo, el cuerpo es objeto de modificaciones físicas de diversa naturaleza, que van desde serenos rituales a crueles actos de violencia, en los que el dolor es símbolo del sufrimiento o la injusticia que pesa sobre aquellos colectivos.

En la indagación por las profundidades de la identidad del artista, su cuerpo se convierte en un modelo sobre el que disponen prendas y máscaras, maquillajes y adornos. Aditamentos como estos sirven para disfrazar su piel y para activar un juego en el que la realidad se viste de simulacro y se presenta bajo la forma de múltiples personalidades. Además de máscaras, dispositivos como prótesis y otros aparatos actúan en la conversión el cuerpo en otro, y en casos extremos, son íntegramente sustituidos por modelos artificiales. En clave de parodia o de metáfora, el cuerpo sirve aquí como medio de denuncia al cúmulo de identidades que han sido fabricadas por los diferentes medios visuales.

En pleno siglo XXI, el cuerpo continúa su vetusta tradición de ser objeto de deseo, fuente de erotismo y estímulo de excitación sexual, pero a ella se le suman cualidades propias de la más reciente contemporaneidad. Materia de transformaciones provocadas por la tecnología, el cuerpo muda también su naturaleza carnal y se convierte en un híbrido símbolo de la evolución científica, en una pantalla sobre la que se aplican programas de modificación virtual de factura tan perfecta que no dejan rastro alguno de su ejecución plástica. Sin cortes ni suturas, esta superficie corporal, falsamente inmaculada, es también una metáfora de las imágenes creadas por los medios visuales en la creación artística, donde realidad y ficción se diluyen peligrosamente.

* Políticas del cuerpo en el siglo XXIes una exhibición de fotografía y video de doce jóvenes artistas, curada por Carlos Ruiz-Valarino. Puede visitarse en la Galería Francisco Oller de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, hasta el 30 de abril de 2012.

Lista de imágenes:

1. Rafael Alejandro Rodríguez-González, Sin título, 2011. Impresión cromogénica montada sobre sintra.
2. Rafael Alejandro Rodríguez-González, Sin título, 2011. Impresión cromogénica montada sobre sintra.
3. Sullay Melo, Marcada, silente, simplemente sumergida en ti, 2012. Impresión cromogénica sobre sintra.
4. Naelle Devannah, Moira, 2011. Impresión cromogénica sobre sintra.
5. Michael Llabre, Only Womenss + Porcelain

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