Buscando otras fábulas: 'El harapiento de Betzaida'

 Portada-e de El harapiento de Betzaida

 

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a obra El harapiento de Betzaida, de Edgardo Jusino Campos, cuenta con su versión electrónica como e-novela publicada por Editorial Trance[1] en el verano del 2015. La misma es una sobria reflexión sobre la problemática de los males sociales que abruman a la sociedad puertorriqueña contemporánea, que no recurre a sermones o clichés. Echando mano de la picaresca y elementos de la narconovela, la narración destaca al protagonista Millín en su trayectoria desde joven delincuente hacia individuo con potencial de un nuevo futuro, evitando así la (re)creación de idealizaciones obsoletas. En esta obra no hay ínfulas mesiánicas.

Otras obras contemporáneas —por ejemplo, Osario de vivos de Gean Carlo Villegas— exploran el tema del narcotráfico, insertando la temática en conexión al concepto del “mundo enfermo” diagnosticado por Manuel Zeno Gandía en el siglo XIX.[2] El harapiento de Betzaida encaja propiamente en ese complejo diálogo entre aquella coyuntura histórica y la del Puerto Rico de principios del siglo XXI. En palabras de Edgardo Jusino Campos mediante entrevista electrónica:

Desde el punto de vista del análisis sociológico de la literatura, los autores vienen estrechamente vinculados a los problemas de la sociedad que les vio nacer, por lo cual, es una responsabilidad intrínseca identificar aquellos aspectos más perjudiciales del entorno y llevarlos frente al juicio público mediante un texto literario, de forma tal que la gente cobre más conciencia del modo en que puede contribuir a mejorarlos.

Así también, la obra de Campos se inscribe a su vez en el marco más amplio de la literatura latinoamericana, no solamente por el tema del narcotráfico sino por la evidente necesidad de medrar que se manifiesta en el personaje protagónico, quien se vuelve un tipo de teórico sociocultural. En efecto, la lectura de El harapiento de Betzaida trae a la mente la obra de Villegas como también la del salvadoreño Nelson López Rojas y su sociobiomitografía: Semos malos[3] (2013).

Para lograr esa exploración sociocultural minuciosa sin hacer un emblema vacío del nuevo pícaro borincano contemporáneo en la figura Millín, la narración se vale de una pertinente reflexión del protagonista: “Me pregunté qué componía un poeta en nuestra sociedad…” (p. 126). De ahí la relevancia del personaje denominado el Buscador de Fábulas. Sobre éste, señala el autor:

El Buscador de Fábulas tiene varias razones de ser. Una es poner de manifiesto aquellas personas que a veces entran en las cárceles a hacer estudios, algunos de los cuales, sirven de mucho, pero otros son puros ejercicios de curiosidad que no benefician a nadie. Otra de las razones es puramente artística. Dadas las limitaciones léxicas de Millín, un personaje de la subcultura de las drogas, se hace imperativo asignarle un tutor que le ayude a canalizar sus pensamientos, organizarlos y ponerlos por escrito. Por eso, al final de la novela, todavía Millín es un aprendiz de léxico. Y la tercera razón para crear al Buscador de Fábulas es ponerlo como ejemplo rehabilitador […]. Quizás alguien me critique que la novela tiene un “happy ending”. Yo quería un texto rehabilitador, pero sin entrar en el cliché empalagoso, ni  anticlimático. De todos modos, muchas de las situaciones de la vida tienen finales felices; eso es parte de la existencia humana.

En ese sentido, el autor de Cita para la fiesta (1985), se desvía de la tragedia inevitable deparada para una Silvina y abre, críticamente, otro sendero cuya suerte final —el posible “happy ending”— recae en manos del protagonista y su acceso a una discursiva que le permita contextualizarse y entenderse. Es Millín quien, al ponderar sobre la política colonialista en Puerto Rico llega a la siguiente epifanía: “Lo cierto del caso es que Estados Unidos mismo está repleto de tecatos y no es colonia de nadie, sino de sí mismo” (95). El Buscador de Fábulas facilita el poder profundizar en las complejidades y contradicciones sociales de un individuo como Millín, ofreciéndole si no “poesía” sociocultural, el léxico necesario, como destaca Campos.

Es posible también que l@s poetas tengan el papel de descomponer artimañas discursivas, componiendo por otra parte espacios para articular otras autenticidades. Para concluir la entrevista electrónica, Edgardo Jusino Campos, añade como “intención adicional” los efectos de la manipulación discursiva religiosa en torno al tema de la drogadicción y la delincuencia:

Puerto Rico tiene innumerables centros de rehabilitación de drogas en los cuales yo creo sinceramente. Algunos de ellos son de filosofía cristiana y operan auténticamente. Pero otros son lugares donde se toma a Cristo como pretexto para victimizar una vez más al adicto, utilizándolo como fuente de ingresos, obteniendo con su estadía en ciertos sitios, unos beneficios económicos que nada tienen que ver con Cristo. Existe la gente que “coge pon” (tomar un aventón) con Cristo. Se trata de un nombre, utilizado para engañar, explotar y manipular, a quien ya estaba en una desventaja social enorme. A esos lugares es bueno desenmascararlos porque vienen siendo centros de esclavitud moderna a la altura del siglo XXI. Como ya dije, los que operan en beneficio de la gente, merecen nuestro más profundo respeto. Como este tema es muy amplio, mi nueva novela, la cual estoy a punto de terminar, va en esa dirección.

Sin ínfulas, buscando fábulas, El harapiento de Betzaida es la crónica del nuevo pícaro borincano, uno entre muchos como también la de un nuevo teórico social con su propia poética sociobiomitográfica.

 


Notas:

[1] Explica Edgardo Jusino Campos mediante entrevista electrónica sus razones para escoger esta editorial:

Considero que la Editorial Trance está haciendo una labor titánica conducente al reconocimiento de una cultura latina como elemento fundamental de la vida norteamericana. Los estadounidenses ya no pueden pasarla prescindiendo de nosotros, ni de nuestro idioma, ni de nuestra presencia. Estamos aquí y además de eso, somos. Ellos ahora tienen que hablar español y dejar a un lado su monolingüismo engreído. El mundo, cada vez, pertenece menos a grupos, a naciones o a clanes; no importa lo que digan de los Iluminatis y otros vándalos similares. Con las grandes oleadas migratorias de África hacia Europa y de Latino América hacia Estados Unidos, o con la movilidad en otras regiones del mundo, están en peligro de extinción los conceptos de nacionalidad  y ciudadanía, tal y como se les ha conocido hasta el presente. Usted puede ir a Inglaterra y lo atiende en un mostrador del aeropuerto un hindú que es ciudadano inglés y encima musulmán. Hay una cultura global y en ella Editorial Trance está haciendo la parte que le corresponde entre las dos Américas. Y lo está haciendo como aquel personaje de Carlos Fuentes que dijo en una de sus novelas: “Cuando yo nací, esto era México”. En otras palabras: estoy volviendo a lo nuestro. Ya no es lo tuyo y lo mío, sino lo de nosotros; en esa integración, Editorial Trance tiene un papel protagónico de primera clase.

Todas las referencias a lo que el autor ha comentado provienen de la entrevista electrónica realizada en agosto 2015.

[2] Señala el autor:

No hay duda de que la visión naturalista de un mundo enfermo de Manuel Zeno Gandía está viva y lo estará. Existe un pathos alterado en nuestro país porque tenemos: drogas, criminalidad, divorcio, desempleo, rompimiento de la estructura familiar, abuso gubernamental, abandono de la niñez, ignorancia supervisada y tantas otras condiciones.

[3] Publicada por la Editorial de la Universidad Don Bosco, prólogo de Nancy Bird-Soto: http://contracultura.com.sv/prologo-del-libro-semos-malos.


Lista de imágenes:

1. Portada de la edición digital de El harapiento de Betzaida (Editorial Trance) de Eduardo Jusino Campos (2015).
2. Hanne H Seven L, Hanne's Broken Hand II, 1995.
3. Hanne H Seven L, Hanne's Broken Hand I, 1995.
4. Hanne H Seven L, Hanne's Reconstructed Hand IV, 1995.


 

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