Los conceptos de pasado, presente y futuro en la ideología de Julia de Burgos


 

La obra de Julia de Burgos constituye una proclama ideológica contestataria. A través de todos sus períodos de vida, encontramos temas transversales que manifiestan claramente cómo pensaba sobre la vida, la sociedad, la política, el socialismo, la mujer, las relaciones humanas, el amor y la patria. Entre ellos se destaca su conceptuación del pasado, el presente y el futuro.

En el diálogo reflexivo que sostiene con su ser en “A Julia de Burgos” (De Burgos, 2005, p. 3) nos adelanta que todo lo que se/le auto/critica a la mujer/Julia del presente es lo que se toma hipócritamente del pasado/“dividendo ancestral”. Pero que ella, Julia, la voz poética, es una consigo misma y con la sociedad, es el entero, el “uno en la cifra del divisor social”. Y predice que “cuando las multitudes” se desprendan de ese pasado “de cenizas de injusticias quemadas” ella irá combativa al frente. Y efectivamente, ese primer poema de su libro Poema en veinte surcos, se convirtió en la proclama de compromiso social e histórico que encontramos posteriormente en todos sus libros y todas sus épocas de vida: rechazo del pasado, y del presente como herencia de este, y abrazo al futuro como lo nuevo, como el rompimiento y liberación de lo negativo heredado.

En “Cortando distancias” , poema que podríamos llamar "romántico"  (dirigido a un amante), se reafirma en los planteamientos del poema anterior y deja claramente establecido de lo que toma distancia del pasado: prejuicios, lo vil, formalismos, credos, trabas, pasividad, tinieblas, normas, convencionalismos, falsedad, “herencia gastada”, enajenación y las máscaras como hipocresía y mentira. Rechaza la palabra como lo que oculta y engaña, y ve en los ojos la íntima verdad que se desprende de las circunstancias del presente. Rechaza el vivir bajo la ilusión y la fantasía; llama imbécil a los que viven en esa enajenación y cobardes a los sumisos ante la herencia del pasado. En el futuro busca: verdad, claridad, honestidad, espontaneidad, libertad personal, conciencia social, compromiso de lucha y el dejarse ir y actuar según dicten las circunstancias. Y nuevamente, demostrando su capacidad reflexiva, la voz poética se separa y pide “un loco y salvaje adiós a nosotros” en lo que representamos del pasado. Pide que la vida parta del presente hacia un futuro puro como el alma: “Que ensaye verdades. Sienta en idea” (De Burgos, 2005, p. 14).

Así en “Soy en cuerpo de ahora”, afirma lo anterior y deja meridianamente claro su rechazo al pasado. Lo cosifica y le da voz para entablar un diálogo entre este y Julia, la voz poética:

Tengo miedo de lo alto de tus miras —me dice—;
el ayer que me nutre se doblega en lo interno
de tu vida sencilla, que no admite pasado,
y que vive en lo vivo desplegada al momento;
ya me enfada la siempre desnudez de tu mente
que repele mi carga y se expande en lo nuevo;
ya me turba la fina esbeltez de tu idea
que flagela mi rostro y endereza tu cuerpo…
mira a un lado y a otro: jorobados, mediocres;
son los míos, los que abrevan mi vacío siempre lleno;
sé uno de ellos; destuerce tu vanguardia; claudica:
es tan fácil volcarse de lo vivo a lo muerto. (De Burgos, 2005, p. 30)

Y después de escuchar al pasado, Julia, ubicándose en el presente, lo rechaza contundentemente:

Soy en cuerpo de ahora; del ayer no sé nada.
En lo vivo mi vida sabe el Soy de lo nuevo. (De Burgos, 2005, p. 30)

Coherente con la influencia que ella tiene del materialismo histórico (De Burgos, 2014, p. 207), ve el presente como un cúmulo de maldad de los sistemas sociales que han precedido, y la conducta humana como una resistencia a desaparecer con “un régimen que se muere, y que ha estado ahogando al espíritu y la verdad, durante siglos y siglos” (De Burgos, 2014, p. 149). Así ve el comportamiento negativo e injusto que algunos tienen contra ella, como el resultado del contexto sociohistórico nacido “en la maldad de 20 siglos esclavizadores” (De Burgos, 2014, p. 147).

La última estrofa de “Interrogaciones”, poema de bella ironía, después de despreciar el desprecio del futuro, deja ver con gran fuerza su animosidad hacia el presente como carga del pasado:

¿Qué me queda el presente?
Lo río...
Lo lloro...
Lo olvido...
Lo desprecio... (De Burgos, 2005, p. 21)

En “Momentos”, en profunda reflexión consigo misma, se nos presenta como un ser lleno de contradicciones entre lo que carga del presente y lo que contrapone a este: la unión y separación de sus semejantes (es igual, pero quiere dejar de serlo); su presente contra algo que espera que es incertidumbre; su limitación por fronteras objetivas y subjetivas, que quiere romper con ellas, uniéndose al mundo, queriendo ser universal, sintiendo el dolor ajeno. Para concluir que sigue estando llena de contradicciones: “¿Y para qué?/—Para seguir siendo la misma” (De Burgos, 2005, p. 11).

Julia es eco de su contexto social, económico y político. Proveniente de la ruralía vive la transformación de la colonia norteamericana monocultivadora de caña de azúcar (llena de enfermedades endémicas y analfabetismo) a un sistema colonial-manufacturero. Denuncia todo el dolor, la injusticia y la traición que ha significado esa transformación. Sin embargo, los poemas “Es Nuestra la hora” (De Burgos, 1997, p. 404), “Campo I” (De Burgos, 2005, p. 243) y “Campo II” (De Burgos, 2005, p. 245) no son un canto de añoranza por el pasado rural, sino, todo lo contrario, una descripción crítica del campesino y de la ruralía de su presente que casi constituye un análisis político: apunta al imperialismo norteamericano como el causante; y llama a abandonar el pasado, a unirse a los trabajadores y demás sectores explotados, y a luchar por la independencia.

Julia navega en la cresta de la ola que rompe con el pasado, pero no se conforma con el presente y críticamente marcha buscando el futuro. Con pasión y ansiedad busca superar lo que arrastra de ese pasado rural y colonial, y compromete su vida en esa lucha: como poeta, como militante del Partido Nacionalista y como comunista (De Burgos, 2014, pp. 113, 124 y 139). Ella misma es su referente. Se mira, ve su dolor, se inconforma con su existencia y su contexto, y con pasión autodestruye en ella el pasado y lanza un grito por la nueva mujer americana. Así proclama su presente en lucha hacia el futuro, al identificarse con la dominicana Thelma Fiallo en el poema que le dedica “Saludo en ti a la nueva mujer americana”:

Tú y yo somos del siglo. Del dolor. Del instante.
Carne de corazón estrujado por sierpes.
Somos de la voz nueva, alargada, instintiva,
que en idioma de avances habrá de estremecerse.
(De Burgos, 1997, p. 410)

Julia se hace una con esa mujer que ve en Thelma: que rompe con su origen aristócrata en decadencia; que representa rompimiento con el pasado que Julia rechaza en toda su poesía y que contrasta con la conducta de su amante dominicano; y que se sumerge en una vida proletaria, navegando en la ola que busca el futuro que persigue Julia en su utopía. La representa la verdad de sus pueblos, de luchadora libre que no se detendrá ante nada:

Somos clamor de ahora. Puntales del Caribe
sosteniendo el intacto pudor de nuestra gente.
¡Saludo en ti, mujer que en mí te reproduces,
dominicana sangre que se suelta y se extiende! (De Burgos, 1997, p. 410)

“A Julia de Burgos” es un poema de una fuerza sinigual; una verdadera proclama; un canto revolucionario. Es un rompimiento total del estereotipo de mujer atado al pasado (pantalla de la “mentira social”, cortesana-hipócrita, de un mundo egoísta); del juego a ser señorona y sentirse poseída, objeto de los hombres, frívola y preocupada por la apariencia física; de ser “dama casera, resignada, sumisa, /atada a los prejuicios de los hombres”; de ser mandada por “tu esposo, tus padres, tus parientes, /el cura, la modista, el teatro, el casino, /el auto, las alhajas, el banquete, el champán, /el cielo y el infierno, y el qué dirán social” (De Burgos, 2005, p. 3).

En “Yo misma fui mi ruta”, además de reafirmarse en su rompimiento con el estereotipo de mujer del momento, se define rompiendo con el pasado, tomando el presente —dialéctico, contradictorio, dinámico— como punto de partida y buscando su utopía:

Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisoria
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos. (De Burgos, 2005, p. 37)

Julia, la mujer, en “Noche de amor en tres cantos. II. Medianoche”, un poema que se podría catalogar como erótico, se siente romper con ese estereotipo de mujer y encontrar, al hacer el amor con su amante, lo que debe ser el futuro sin trabas:

¡Cómo mueren las últimas millas
que me ataban al tren del pasado!
¡Qué frescura me mueve a quedarme
en el alba que tú me has brindado! (De Burgos, 2005, p. 56)

Esa conceptuación del pasado, el presente y el futuro es una visión crítica de la sociedad que va más allá de ella como mujer o de las relaciones humanas; es denuncia de la opresión, la injusticia social y la enajenación. En contraposición, el futuro está constituido por una utopía de amor solidario, universalidad, de identificación con la revolución social y proletaria que le representa la Unión Soviética, y con la lucha por la independencia de Puerto Rico. Así lo deja manifiesto en varios poemas de claro corte social y político: en “Romance de la perla”, donde plantea “En la antesala del mundo/ya anuncia el sol colectivo” (De Burgos, 2005, pp. 256-258); en “Desde el Puente Martin Peña”, en el cual llama a luchar “como se alzaron en Rusia!” (De Burgos, 2005, p. 26); en “Canto a la Federación Libre”, donde escribe “Lema: 'Proletarios de todos los países: uníos'” y concluye “¡Obrero, cruza el presente/y avanza por tu justicia!” (De Burgos, 1997, pp. 452-454); y en “Anunciación”, donde contrapone al enero explotador de la zafra azucarera, un enero rojo —de simbología socialista—, de lucha, justicia y libertad:

¡Otro enero se acerca!
Ya se mueve en clarín de anunciación.
Enero en marcha de almas,
de brazos y machetes.
Enero en brasas
de rojas asonadas libertarias.
Enero en carne de hombres libres,
de obreros del honor,
ensangrentando el horizonte
con la nueva llamarada de redención universal. (De Burgos, 2009, pp. 198-199)

Para el fin de la Segunda Guerra Mundial, en carta a su hermana Consuelo hace un llamado a seguir luchando contra el pasado y apunta hacia su utopía, que todavía hoy es horizonte elástico de nuestros pueblos del hemisferio americano:

No obstante esa victoria, hay todavía mucho que hacer, quizá lo más difícil y lo más auténtico. Reorganizar el mundo, no de los estragos de la guerra, sino de los estragos de los siglos dormidos, de los estragos del desorden mental y moral del hombre víctima de lo negativo de sí mismo. (De Burgos, 2014, p. 198)

En “Se me ha perdido un verso”, dirigiéndose a su verso, lo cosifica como humano, lo separa de la voz poética, dialoga con él y se identifica personalmente con la revolución que lo representa:

Ya puedo definirte. Traes ímpetu de idea,
y vibra en tus palabras el ritmo de lo nuevo.

Eres el hoy del mundo; la afirmación; la fuerza.
¡Revolución que rompe las cortinas del tiempo!

En tu Sí, inevitable revolución del mundo,
me he encontrado yo misma al encontrar mi verso. (De Burgos, 2005, pp. 12-13)


Lista de referencias:

De Burgos, J. (Jack Agüeros, Compilador). (1997). Song of the Simple Truth; obra completa poética. Willimantic, CT: Curbstone Press.

De Burgos, J. (2005). Obra poética. San Juan, PR: Instituto de Cultura Puertorriqueña. 

De Burgos, J. (2009). Obra poética II. Madrid, España: Ediciones de la Discreta. 

De Burgos, J. (2014). Cartas a Consuelo. San Juan, PR: Folium.


Lista de imágenes:

1-4. Web.


 

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