Vitrinas, espejos y altoparlantes (Parte 1)


Permisos en la colecturía

 ~En honor a Lester Mon Ufo~

¡Permiso para aterrizar!
¡Permiso para rendirme en el vuelo!
¡Permiso para respirar mientras pienso, siento, miento!
¡Permiso, permiso!
¡Quiero volar como chiringa!
¡Quiero cantar como los gatos!
¡Permiso para amar!

Sostener y soltar como si así fuera siempre, 
como si las olas las llevara en la garganta
y me llenaran de resoplidos ventarrones, 
pensorreteando tranquila
con el Universo abierto,
aventándome contra las estrellas.

¡Permiso para hablar!
Versas las energías y guardarlas en las nubes hinchadas de tu cuerpo. 
                         Gritar "¡Permiso!"

¡Permiso para ser, soñar, cantar, bailar!
Permiso para derramarme y azotarte. 
¡¡¡AH!!! ¡Permiso, permiso!

Quiero reventarme en tu vuelo
y llenar de poemas bobos
tus labios golosos, colosos, gigantescos
hendidos en las mentiras que te conté en aquella clase de Historia
que decía "al final siempre los buenos ganan".

¡Permiso para tararear las nanas ajenas!
para imaginarme otra de pronto
y hacer un cuento
que responda, que te responda, 
aunque nunca llames.

¡Permiso para vomitar!
las mierdas que vi en televisión por años
y el tonto rol que me asignaste
por no tener los veinte pesos, 
de esos que te dan
cuando cumples años, 
baños, caños, paños.

¡Permiso para seducir!
Quiero tragarme esa esquinita
que tan suavecita se goza.

¡Permiso! ¡Permiso!
que quiero ser vulgar, 
que no quiero decir nada, 
que quiero vociferar demonios
encancaranublada de voces
que nunca me pidieron permiso.

¡Permiso para callar!

***

Esto es un intento sugerido
una gota que azota en sútil caída
y agota como otra que bota
la ropa con canción de loca
en un sonido de gota con la boca
cayendo, volando, sostenida
con el viento y lo siento, 
atenta al desperpento
de la salida, del acabose, 
del adiós, hasta luego,
mala mía, quizás no era el momento,
lo más seguro sean cosas mías, 
lo más seguro es mi culpa, 
no eres tu tuc, tuc, no hay nadie ya, ya no, 
no hay nadie más, ya no; 
ya en mi camisa no hay sonrisas, 
ya no hay salidas ni penas, 
ya no, no más, ¡por favor!

No puedo más, se acabó.

Verde que te quiero verde

 ~En honor a los cacos~

Tus ojos verdes. 
El pelo del gigante verde. 
Los putos billetes verdes.
 La frescura se vende color verde
y no es un color tan claro
pues hasta el cansancio es color verde.

¡Maldito sean los viejos verdes!
Malditos sean los niños verdes
del hambre y la sed
por tener cerca de ellos al colosal, al Gigante Verde:
                         don dinero
don papi me dejó una herencia, 
don a mí no me importa
el cansancio ni la sed,
ni el hambre que los tiene verde. 

Bill Gates, Donald Trump, Attina Onasis,
Luis Ferré, Príncipe Carlos
jodío puto verde Bush, el Papa
son todos unos verdes, 
y si se muere, 
ten cuidado con la luz verde, 
que cuando esté roja haces tu colecta
por los venerados billetes verdes
que dicen In God we trust.
Sí, porque si dijeran otra cosa
sería el embuste más verde. 
Solo en Dios se puede confiar, 
aunque él también fue medio verde.

¡Dale! Compra tu esperanza. 
La venden en pastillas,
en polvo, en papel,
en medicina, en regueros en la mente, 
que allá a lo lejos
está el planeta verde
y si tienes los suficientes verdes
hasta los alquilas a un viejo verde. 
Se vende el verde, 
se vende en tu mente, 
y tú lo compras y lo negocias,
pero qué importa
porque los niños siguen verdes
y sus madres siguen pidiendo por ellos
cuando la luz no está verde.

***

Verde tu mente
y el chirrido de la goma
en un tapón y un come y vete. 
Verde y el chasquido del encededor
fuego, fuego que ni se siente.

Verde la camisa del pipiolo
que por pipiolo se cree el gran gerente
estupefaciente, doliente. 
Estás bien caliente, bien verde

Siente que hasta tirar basura
es un lujo que se da la gente antes de verte, 
que se convierte en escombro
lleno de raíces, lleno de muerte.

***

Eliminemos el verde del espectro.
Hagamos en vez un walk-up
con piscina que si gustas la pintas de verde. 
Añadámosle áreas verdes
y no dejemos pasar ninguna gente. 
Que salga de tu mente, la muerte. 
Que viva la vida verde, en un mundo sin color. 
Amarillo y azul unidos en un verde. 
Clarito, bonito como un sapito.
Verde que perdura. 
Verde que te vas. 
Verde que vales un poquito por un ratito. 
Verde, como la canción.

Oficina médica

Siempre que estoy en esta oficina
me siento totalmente desolada
como si de pronto despertara
en medio de una ciudad vacía
sin paisajes reales
solo la invención humana
geométrica, hexagonal...
y las calles vacías, las esquinas quietas
y tu voz y mi voz callada.

Me despierto en esta oficina
y veo un vómito
con tacos y vuelos. 
Me digo: “ahora lo nauseabundo se emperifolla”. 
Como si se mereciera la vida,
la libertad de seguir siendo un vómito.

En esta oficina mataría
a todo el mundo
con una sonrisa Colgate
fresca, blanca, cero caries

¡Qué cosa más graciosa!
Hoy los vómitos usan tacos y se visten de azul. 
Sus ojitos destellean mierda
y la inexactitud de la nada
conforma su peste nauseabunda.

Hoy los vómitos visten de azul.


Lista de imágenes:

1-5. Oleg Oprisco

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