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POLÍTICA Y SOCIEDAD

Se renta, se vende
ELOISA GORDON
+ SOBRE EL/LA AUTOR/A

En su penetrante trabajo crítico sobre el efecto de la globalización en las ciudades, la reconocida socióloga holandesa, Saskia Sassen —profesora emérita de Columbia University y del London School of Economics, y a quien se le atribuye, justamente, el término de la ciudad global— resalta varios puntos que me parecen de gran utilidad analítica para comprender el proceso de desnacionalización que se ha venido dando en los últimos años en el casco urbano del Viejo San Juan. Esto, a su vez, debería servir de reflexión a las alteraciones en las estructuras de poder de la metrópolis —y del País— enfrentamiento que continuamos evadiendo como sociedad, a la par que no atendemos la deteriorada y penosa fisonomía de nuestra ciudad capital.

La Zaragozana, Infinito, Cafetería los Amigos negocios cerrados entre el 2000 y 2009.

Según Sassen, lo que caracteriza a estas denominadas ciudades globales no es simplemente la continuación de anteriores patrones de acumulación capitalista, sino el surgimiento de una nueva lógica de acumulación con nuevos actores económicos de marcado carácter transnacional[1] y ubicados de manera fugaz en estos entornos. Críticamente, el enfoque económico de estos híper-capitalistas se concentra en las finanzas, las telecomunicaciones y la especulación de la propiedad.

Si bien es cierto que el termino de ciudad global se refiere a las alteraciones profundas en la configuración del poder económico de las grandes ciudades —Tokio, Londres, la Ciudad de Nueva York— sugiero que el trabajo que presenta Sassen también nos puede ayudar a comprender parte de los fenómenos recientes que observamos en nuestro centro amurallado del Viejo San Juan, más allá del comentario trillado partidista-personalista y/o del estatus político. Como bien señala Sassen, los nuevos métodos de explotación capitalista que se desatan a partir de la década de los 80 con el denominado proceso de globalización han tenido repercusiones incuestionables a través del mundo. Esta creciente penetración del capitalismo global, a expensas del gobierno y el comercio nacional, ha impactado violentamente la constitución del espacio urbano. Todo esto llevándonos a plantearnos, junto a Sassen, la siguiente interrogante: hoy en día, ¿a quién pertenece la ciudad?

Plaza de Armas: Subway, anterior La Esquina Famosa; Wendy’s, anterior Colmado Capitol, ambos cerrados en la década de los 90.

Sin embargo, parte de la dificultad de entender estos cambios radica en la insistencia en utilizar conceptos e interpretaciones que corresponden a otras épocas históricas de carácter marcadamente industrial y nacional. En contraste a estas otras visiones tradicionalistas, lo que Sassen describe como la ciudad global contiene diversas condiciones del post-colonialismo, descritas por Stuart Hall, que encierran “nuevas dialécticas en la construcción de una cultura global” de exagerada singularidad homogénea.[2] Por esta razón, estos cambios se experimentan en ciudades tan contrastantes —y hoy en día, parecidas— como lo son la Ciudad de México, Sao Paulo o la Ciudad de Nueva York. Correspondientemente, es necesario reconfigurar las definiciones de metrópolis y periferia/Norte y Sur, de manera que se puedan reconocer estas nuevas transformaciones y énfasis.

En contraste a lo que anteriormente se describió en la literatura de origen latinoamericano, denominada estructuralista o desarrollista, o la teoría de la dependencia de los años sesenta y setenta para entender la brecha económica que generó el capitalismo tardío entre los países desarrollados y subdesarrollados,[3] la orientación externa actual no está conectada a una producción industrial nacional concreta (de productos primarios, por ejemplo). En vez, y de manera casi impersonal e insidiosa, se encamina a los servicios, servicios dirigidos a un consumo de inmediatez local pero de origen externo. En el Viejo San Juan, esto se ejemplifica en el predominio reciente de cierto tipo de negocios focalizado en un consumidor turista —uno transeúnte y efímero— y representado principalmente por los comercios extranjeros de joyería —Milano, Venetian Jewelers, Pandora.

Este público se atiende, además, con la introducción en el área de distintas cadenas globales de productos de souvenirs —Señor Frogs, Island Basics, Harley Davidson— al igual que la dispersión intermitente de locales pequeños de souvenirs de producción china, todo ello destinado a un turismo económico, particularmente, el turista de cruceros.

Calle Fortaleza, anteriores comercios Gallo de Oro y Almacenes Kress.

El punto a enfatizar, sin embargo, es que estos fenómenos se dan de igual manera en otros contextos similares del Caribe y la periferia, independientemente del estatus político o consideraciones de soberanía nacional. Como le escuché comentar a un turista norteamericano al ver la mercancía disponible del Viejo San Juan: "same shit, different Island", una buena síntesis del turismo global.

En el llamado que nos hace Sassen a reconfigurar las categorías del análisis tradicional es necesario incluir las definiciones de lo privado y lo publico, nociones que a menudo, y equivocadamente, se oponen, “según las reglas dualistas del racionalismo cartesiano".[4] En contraste, habría que entender “lo público/privado, no como sinónimos de lo político vs. lo económico, sino como materialización y síntesis de lo compartido/reservado”. Visto de esta manera, se sugiere que la aparición de la ciudad es la concretización de lo público/privado, “como manifestación del orden social, o voluntad de una manera de vivir juntos”.      

A través de los tiempos, el comercio ha tenido un rol crítico en las ciudades, “un cruce” entre lo privado y lo público, entre el interés económico y la identificación de la comunidad. Pocos lugares en Puerto Rico han desarrollado esa síntesis de manera tan esplendorosa como el Viejo San Juan: destino obligado para los almuerzos familiares de los domingos, para la juerga de varias generaciones de jóvenes, para las mejores mallorcas del País…

Incuestionablemente, el esplendor anterior del Viejo San Juan dependía de la centralidad protagónica de los pequeños comerciantes y/o el comercio “criollo,” (si bien es cierto, a menudo de origen español, o cubano, sin embargo, radicado a través de las generaciones en el contexto nacional).

Colmados y negocios de varias décadas, todos cerrados en el 2009.

Por contraste, los fenómenos económicos que se han desarrollado en los últimos años, en deterioro de ese comercio local y en orientación a unas externalidades altamente especulativas y desarraigadas, han quebrado el balance pre-existente de lo público/privado, creando lo que Jérôme Monnet describe como “el totalitarismo de lo privado (y la posible) muerte de una comunidad”.

Sí existen algunos alicientes en el aparecimiento de algunos nuevos pequeños comercios de jóvenes empresarios —St. Germain, Con Calma, Suravaya, Cuatro Sombras, Café Poético, Pure Soul— los cuales son frecuentados por vecinos y “nacionales”. Estos nuevos comercios pueden servir de inspiración al surgimiento de otras pequeñas empresas, con el necesario apoyo gubernamental y auspicio del consumidor local, al igual que al fortalecimiento y la continuada presencia de los “clásicos” y héroes sobrevivientes: Cafetería Mallorca, Cafetería Manolín, Farmacia Puerto Rico Drug, Farmacia Luma, Peluquería Los Muchachos.

Sin embargo, quedan para siempre desaparecidos: la magnifica Ferretería Los Muchachos y su memorable espejo, la elegante González Padín y sus luminosas vitrinas navideñas, Restaurant La Mallorquina —el restaurant más antiguo de toda América, cerrado, sin pena, ni gloria este año— al igual que: El Imperio, Casa Cuesta, La Esquina Famosa, La Favorita, Papelería Galguera, Cafetería Los Amigos, La Zaragozana, La Tea, El Ocho Puertas, Librería Papyrus, Librería Cronopios, Discográfica Saravá, Lindísima, Air, Almacenes Kress, Almacenes González, Almacenes Rodríguez, Casa Gallesa… y a la fecha de este escrito, La Bombonera.

Más importante aún, la sociedad puertorriqueña tiene que reconocer su cooptación cómplice en estos procesos. Nosotros mismos utilizamos a nuestra ciudad como espectáculo externo: entretenimiento que curioseamos desde nuestros automóviles; espacio que invadimos momentáneamente, que ensuciamos y llenamos de ruido, humo, vómito y excremento, sin sentido de pertenencia, ni contrición. El estado de despersonalización en que se encuentra nuestro supuesto “orgullo” histórico del Viejo San Juan, al igual que el marcado deterioro en que se descubre a la gran mayoría de nuestras ciudades, tiene mucho que ver con la licencia que hemos otorgado a la penetración de estos espacios por el capital no-regulado, creando en muchos sentidos la Disneyficación de nuestra cultura, como describiera Naomi Klein en otro contexto.[5]

Significativamente, es la cuidad, precisamente, el entorno emblemático de la ciudadanía y la pertenencia política, ya que es en la cuidad en donde se origina el concepto del ciudadano. Esencialmente, es necesario poner punto final al lamento hueco, la victimización y a la inacción cívica. Los fenómenos recientes a través del mundo, desde la Primavera Árabe a Occupy, son testimonio claro de la posibilidad del cambio dramático cuando parte del reconocimiento valiente de sobreponernos al egoísmo, la apatía y la complacencia.

Notas:

[1] Saskia Sassen, Globalization and its Discontents, (New York:  The New Press, 1998), p.xx-xxiii.

2] Stuart Hall, “Lo local y lo global: globalización y etnicidad”. Rescatado en Biblioteca Virtual de Ciencias Sociales.

[3] Ver, por ejemplo, Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, Dependency and Development in Latin America, (University of California Press, 1979); Celso Furtado, The Economic Growth of Brazil, (Praeger, 1984).

[4] Jérôme Monnet, “Espacio público, comercio y urbanidad en Francia, México y Estados Unidos", Alteridades, 6 (11), 1996, p.11-13.

[5] Naomi Klein, No Logo, (New York: Picador, 2000).

* Todas las imágenes fueron tomadas por 
Anaïs S. Mirabal, nacida en Cupey Alto y artista plástico.
En 2011, obtuvo su bachillerato en
Artes con Concentración en Pintura en la prestigiosa 
Escuela de Artes Plásticas 
ubicada en el Viejo San Juan.

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Comentarios: 3

Luz Alicea

21/05/2012
05:42 PM

Me parece excelente el analisis dialectico que establece entre el agotamiento del modelo capitalista desarrollista del pais, representado, por un lado, en la "descriollizacion del comercio sanjuanero, ( anadaria del comercio de los cascos urbanos de los municipios de Puerto Rico); y por otro, en el turismo fugaz y hasta virtual, que merodea a la ciudad amurallada. Que ademas de las murrallas arquitectonicas que le son propias, se encuentra amurrallada por mentalidades obtusas de los visitantes cotidianos y de los adminitradores del estado.

Carmen Rabell

22/05/2012
10:37 PM

Es muy triste el deterioro de San Juan. Ojalá el fracaso causado por la globalización nos haga reflexionar sobre la importancia de la cultura y desarrollo de empresas locales. ¿Cómo revitalizar San Juan si los puertorriqueños adinerados no hacen sino comprar franquicias igualitas a las de cualquier otro lugar del mundo y la clase media con basto interés en la cultura (artistas, por ejemplos) no pueden con los precios de las casas del Viejo San Juan. Los bancos deberían negarle los préstamos a los recicladores de lo mismo y privilegiar empresas y negocios imaginativos que atraigan a los puertorriqueños y que no sean tampoco "the same shit, a different island" para los turistas.

María Miguel

25/05/2012
08:32 AM

Excelente!!! Un derroche de contrastes que pretende concienciarnos de la triste realidad que vive nuestro Viejo San Juan, y por consiguiente, nuestra Isla. Sin duda, sentí nostalgia al recordar todos aquellos establecimientos que parece que hace una eternidad formaron parte de nuestro entorno...La imagen de la Bombonera y el mensaje de que: "Gracias a ustedes, seguimos abiertos" representa un rayo de esperanza que no debería pasar desapercibido. El escogido de fotos me pareció tan espectacular como impactante...la opulencia, la arrogancia y la altanería de Pandora y Milano contrastando con el deterioro, la marchitez y soledad de la Cafetería Los Amigos y los colmaditos cerrados, no tienen precio...



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