Clichés deportivos: repeticiones, reproducciones y connotaciones

• “Hay que dar el 110 por ciento”.
• “Hay que tomar un juego/una pelea a la vez”.
• “Esto va a ser una prueba dura, pero sabemos que podemos ganar”.
• “No hay excusas. Jugaron mejor que nosotros”.
• “Sabíamos lo que teníamos que hacer y lo hicimos”.

Si uno sigue un deporte, es casi imposible no haber oído una de estas frases o alguna variante de ellas. Desde l@s baloncelistas puertorriqueñ@s hasta los boxeadores filipinos, pasando por todo tipo de deportistas norteamerican@s, el cliché, tanto en español como en inglés, es la unidad básica del habla deportiva. Escuchar o leer las entrevistas que se les hacen a est@s atletas puede ser enervante, pero fuera de que sea molestoso oír constantemente el mismo discurso, habría que ponerse a pensar: ¿por qué se utilizan tanto los clichés y qué se esconde detrás de esos atajos verbales?

Un cliché es “un lugar común, una idea o expresión demasiado repetida o formularia”, que se utiliza por muchas razones. Primero, como ya mencioné, sirve de atajo verbal. A falta de creatividad para expresarse de forma original, la gente recurre a la reserva mental de frases empaquetadas. En algunos casos es pura vagancia intelectual; en otros, sin embargo, se debe a la falta de educación, falta de elocuencia o simplemente falta de manejo de conceptos complejos.

En el caso específico de los deportes, no sería descabellado pensar que la utilización de clichés se conforma al estilo de transmisión de los medios de comunicación. Bien sabido es que las noticias y los programas televisivos (y radiales) de análisis y comentario se valen de frases cortas o “soundbytes” para construir sus reportajes. Esto implica que mientras más conciso y corto el mensaje, más posibilidades tiene de aparecer por completo en la pantalla o en las ondas radiales. Los clichés son una forma “eficiente” de llevar el mensaje sin decir mucho.

En ambos casos, el saldo es el mismo: la homogeneización del habla deportiva. La utilización del cliché sirve para mantener el status quo en la cultura del deporte. Después de todo, el cliché es una idea o expresión que se repite ad nauseam. En la repetición, la idea (y por ende la frase) adquiere un sentido de autoridad conferida por el supuesto “sentido común”: si tanta gente lo dice, debe ser cierto. Y este es el verdadero problema existente detrás del sobreuso de estos clichés. Este tipo de frase funciona para fijar las nociones que habitan dentro del mundo del deporte y para evitar que haya fluidez y flexibilidad.

¿Qué tipo de cultura deportiva crea y reproduce estos lugares comunes? Aunque es claro que no todos los clichés sirven el mismo propósito, es justo decir que existen, al menos, tres grandes mensajes que se encierran en estos dichos: 1) la actitud determina el éxito; 2) el equipo va por encima de todo; y 3) la hipermasculinidad representa el valor máximo (inclusive en deportes “femeninos”). Veamos ejemplos de cada uno:

• “Hay que dar el 110 por ciento”.
• “Corre la milla extra”.
• “Sabíamos lo que teníamos que hacer; salimos y lo hicimos”.
• “Este juego nos dio confianza. Ahora no hay quien nos pare”.
• “No podíamos perder en nuestra casa”.
• “Nadie tiene más corazón/cría que yo”.
• “Cometieron muchos errores mentales”.

Según estos dichos, el factor principal en determinar la victoria es la actitud; la mentalidad positiva y la confianza son las responsables del éxito. Esto, por supuesto, no es un mensaje sorprendente, ni nuevo; es un mensaje muy compatible con la idea de las sociedades neoliberales en las que cada cual supuestamente tiene lo que se merece debido a su habilidad y trabajo. Claro, el problema con esta mentalidad es que privilegia la agencia individual por encima de todo, e ignora todo tipo de obstáculo o impedimento estructural existente.

Aunque, efectivamente, no se puede obviar la parte importante que juega la actitud en el desarrollo de la habilidad deportiva, habría que dejar claro que en el mundo del deporte “la competencia no siempre está pareja”. ¿Alguien verdaderamente cree que la Eurocopa es la competencia regional de fútbol más prestigiosa del mundo simplemente porque sus jugadores tienen mejor actitud que el resto del Planeta? No. La Euroliga es reconocida como la mejor liga, en gran medida, porque los equipos participantes tienen más dinero para pagar los mejores entrenadores, los mejores regímenes de entrenamiento, los mejores jugadores, etc.

No todos los deportistas o equipos que entran en el campo de juego empiezan en el mismo lugar. No todos tienen acceso a los mismos recursos. No todos tienen las herramientas necesarias para triunfar. Y no es que la actitud no sea capaz de llevarlos lejos, pero la historia está llena de muchísimas personas más que, incluso con la mejor actitud del mundo, nunca llegaron a ser lo suficientemente importantes en el deporte como para que se les dedicaran una película o un libro. La actitud no lo puede todo. Los mundos cinematográficos y literarios están llenos de ejemplos de personas que tenían muchos factores en su contra y aun así descollaron.

“There’s no I in TEAM”.
• “Cada cual entiende su rol en el equipo”.
• “Se gana en equipo, se pierde en equipo”.
• “Tienen que jugar como equipo, no como individuos”.

Al mirar el panorama de los deportes profesionales, nos damos cuenta de que estos viven dentro de las reglas del capitalismo más desbocado. Después de todo, el deporte ha dejado de ser una mera recreación o un simple medio para mejorar la condición física y se ha convertido en una de las industrias de entretenimiento más poderosas a nivel global. Mirándolo desde esta perspectiva, el discurso del bien común por encima del individuo parece muy contradictorio. Después de todo, mientras en los equipos l@s entrenadores/as se esfuerzan por tratar de hacer entender a tod@s los jugadores/as su rol, los medios de comunicación se dedican, específicamente, a escoger y crear las próximas súper estrellas. Sin embargo, para entender cómo este discurso cabe dentro del ambiente neoliberal, tenemos que buscar un ángulo distinto.

Este discurso no busca otra cosa más que lograr control y uniformidad. Busca demostrar que se les debe un “respeto” a las “autoridades” y que cada cual tiene que saber cuál es su espacio. En las sociedades “democráticas”, por ejemplo, el gobierno no se supone que controle, abiertamente, a sus poblaciones; para eso existen otras instituciones socio-culturales. En ese sentido, los deportes (al igual que la milicia y las escuelas, entre otros) existen como órganos de control poblacional. Los deportes forman parte de lo que el teórico político-francés Louis Althusser (1971/2001) llamó los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE).

En efecto, Althusser (1971/2001) clasificó los deportes como parte de los AIE culturales, y según él los estados utilizan, primordialmente, dos tipos de aparatos para mantener el control sobre la población: el Aparato Represivo del Estado (singular) y los Aparatos Ideológicos del Estado (plural). La diferencia primordial es que el aparato represivo busca mantener el control poblacional utilizando la fuerza y la coerción principalmente (ejército, policía, cárceles, etc.), mientras que los aparatos ideológicos (familia, iglesias, escuelas, deportes) buscan socializar a la población con la ideología del control. Es aquí que la contradicción aparente desaparece. Explica Althusser (1971/2001): “All Ideological State Apparatuses, whatever they are, contribute to the same result: the reproduction of the relations of production, i.e. of capitalist relations of exploitation” (p. 104).

Dentro del deporte, esto funciona para mantener la autoridad del entrenador y del dueño de la franquicia. Las órdenes de l@s entrenadores/as no se cuestionan, se acatan por el bien del equipo. A aquel/la que decida cuestionar la filosofía del equipo se le pone el sello de “egoísta” y “buscón/a”. Aquí cada cual entiende su rol, y así mismo se extiende a los/as fanáticos/as.

• “Es una máquina”.
• “Viene a matar”.
• “Es explosivo”.
• “Es un hombre entre niños”.
• “Es el general de batalla”.
“He’s THE man”.
• “No tengo excusas”.

Finalmente, existen muchos clichés que se dedican a resaltar las características de lo que l@s académic@s llaman “la hipermasculinidad”. Este concepto describe las características de la supuesta masculinidad ideal: el hombre estoico, independiente, fuerte, completamente heterosexual y sin queja alguna. El tema de la hipermasculinidad lo he tratado anteriormente en otras columnas (Feliciano, 2009; Feliciano, 2010) así que no entraré en mayores detalles aquí. La única razón por la que menciono esta tendencia es porque esta, junto con las otras dos que he descrito arriba, conforman el discurso deportivo predominante: un discurso conservador dirigido a reproducir las relaciones existentes de poder. Por esta razón el cliché no es solamente un simple recurso estilístico. 

Según funciona como un atajo verbal, hay estudios que demuestran que mientras más sorpresiva sea una situación, más aumenta el uso de clichés por parte de l@s comentaristas. Si el juego o la competencia no parece ir de acuerdo con las predicciones (y por ende, el libreto que ell@s preparan antes del evento), l@s comentaristas se valen más de estas frases trilladas como parte de su reserva verbal (Wanta & Legget, 2006). Sin embargo, esta no es su única función.

El cliché deportivo también es un lenguaje específico, cuyo dominio representa pertenencia a este grupo. La utilización de estos clichés es, como dice la Real Academia, “un lugar común” en el que jugadores/as, periodistas, entrenadores/as, comentaristas y aficionados/as se encuentran. El problema es que este lugar común es un lugar que privilegia una masculinidad específica, privilegia a dueños sobre trabajadores y privilegia a la agencia individual sobre las estructuras, entre otras cosas.

Lo que ocurre en el deporte, no ocurre en un vacío. El deporte está tan arraigado en nuestras sociedades, que los valores que se viven y se perpetúan dentro de esta cultura se presentan y se difunden entre tod@s aquell@s que, de una forma u otra, participan (sea jugando, sea viendo o sea como parte de su trabajo) de este mundo deportivo. Lejos de ser una forma inofensiva de expresarse, el cliché esconde, en su falta de sofisticación, su verdadero peligro. 

Lista de referencias:

Althusser, L. (1971/2001). Ideology and the State” en Lenin and Philosophy and other essays. New York: Monthly Review Press.

Feliciano, R. (2009, Noviembre 9). El estigma de lo femenino [Entrada de blog]. Tomado de http://deportesmediaticos.wordpress.com/2009/09/11/el-estigma-de-lo-femenino/.

Feliciano, R. (2010, Septiembre 6). “Corazón de campeón”: Boxeo, masculinidad hegemónica y estupidez ideológica” [Entrada de blog]. Tomado de http://deportesmediaticos.wordpress.com/2010/06/09/%E2%80%9Ccorazon-de-campeon%E2%80%9D-boxeo-masculinidad-hegemonica-y-estupidez-ideologica/.

Wayne Wanta y Dawn Legget (2006) “Hitting Paydirt”: Capacity Theory and Sports Announcers’ Use of Clichés. Journal of Communication, 38, 4, 82-9.

Lista de imágenes:

* Todas las imágenes son de la autoría de Henry Kaye, de su serie sobre "Sports Clichés" para The Bleacher Report, 2014.

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