Cruce y Cruz: entrevista en tres partes al Arq. Cruz García (parte 2)

* A continuación sigue la segunda parte de la entrevista realizada por Luis Ponce Ruiz al arquitecto Cruz García. Puedes leer la primera parte aquí.

Segunda parte: La provocación como modelo a seguir

LPR: Me has pasado algunas entrevistas (sobre la publicación de la Revista What About It?, WAI en The ArchHive, y la de El Nuevo Día) que le han hecho a WAI y en ellas dices que tratas la arquitectura desde una visión integral del arte. A mí se me hace fácil entender que el cine, la filosofía y las artes plásticas influencien a la arquitectura de WAI, pero no así con la literatura, el solo pensarlo me fascina. ¿Cómo lo trabajas?

CG: Gran parte de lo que hacemos en WAI es un esfuerzo por desarrollar herramientas que puedan contribuir a la inteligencia colectiva de la arquitectura. Estas herramientas incluyen textos críticos, imágenes provocadoras, publicaciones, presentaciones y finalmente edificios y planes urbanos. Nuestra filosofía se puede resumir en esa frase de Wittgenstein que argumenta que los “límites de tu lenguaje marcan los límites de tu mundo” cuando incluimos deliberadamente en nuestro trabajo referencias que van más allá de las estrictamente arquitectónicas, para así ampliar el alcance de la arquitectura como un vehículo de discusión intelectual y crítica.

La literatura no sólo nos provee referencias estilísticas y filosóficas, sino que también nos da material que podemos convertir en narrativas con un enfoque arquitectónico o urbanístico.

Para dar un ejemplo, recientemente ha habido un resurgimiento de las revistas independientes de arquitectura y esto ha generado que la discusión cambie del foco tradicional euro-americano y se traslade a lugares que antes no estaban en el radar de la discusión. Nuevas revistas que se han desvinculado de los lazos estrictamente comerciales de la disciplina han nacido en Latinoamérica, África y Asia.

 

LPR: Actualmente estás preparando algo para una revista egipcia, ¿de qué trata?

CG: Las pasadas semanas hemos estado trabajando con un grupo de arquitectos y pensadores en una nueva publicación en Cairo, Egipto, en la que el foco de la primera edición se concentra precisamente (dada las circunstancias sociales y políticas en ese país) en el concepto del “cambio”.

Para la revista, decidimos desarrollar un texto y unas imágenes que recrean el escenario de la novela 1984 de George Orwell cuando el cliente, o Gran Hermano, está celebrando el concurso arquitectónico para diseñar las sedes de los ministerios de Amor, Paz, Abundancia y Verdad.

1984 es resucitado en este ensayo gráfico con la intención de poner bajo tela de juicio las condiciones en la que los arquitectos son preparados para aceptar y competir por cualquier tipo de proyecto mientras pasan por alto cualquier tipo de juicio ético.

Así como en esta ocasión usamos a Orwell, en otros proyectos hemos usado de una manera u otra el trabajo de los hermanos Arkady y Boris Strugatsky, Michel Houellebecq, Haruki Murakami, José Saramago, Knut Hamsun y Paul Auster, por mencionar algunos.

La literatura juega un papel fundamental en nuestra manera de pensar y proponer arquitectura.

LPR: ¿Qué obra literaria utilizarías para planificar un concepto arquitectónico o urbano en Puerto Rico?

CG: En Puerto Rico, el ejercicio se ha dado a la inversa. Nosotros hemos escrito la historia de un edificio cuya construcción se detuvo en 1949 con la ley que habilitaba a los puertorriqueños elegir a su gobernador. La estructura, de dos millas de longitud, fue el primer segmento construido de un edificio que se supone circundara a la isla y que funcionaría como la vivienda de todos los puertorriqueños. La idea del plan era crear un lugar en donde todos vivieran y trabajaran en comunidad además de proteger a la isla del desparramamiento urbano y de proveer a todos sus habitantes con acceso directo a la playa y al campo. Con la llegada de la modernidad, el plan se abandonó y  “La Pared”, como le conocen al segmento del edificio, yace frente al mar erosionado por el salitre como una barcaza post naufragio. 

Esta historia es parte de una exploración conceptual del potencial que la arquitectura puede tener en nuestras vidas y en el destino del desarrollo de un país. La provocación conceptual incluye también un proyecto en Beijing en donde se cuestiona la relación entre la modernidad y la preservación de programas y actividades urbanas auténticas. Estas dos historias toman como referente el año 1949 que marca la llegada de la modernidad a China a través de la fundación de la República Popular, y en Puerto Rico con el cambio de sistema gubernamental.

LPR: ¿Habrías podido desarrollar WAI en la Isla?

CG: Sin sonar nostálgico o ciegamente optimista, creo que algo como WAI podría haber o puede ser desarrollado en Puerto Rico.

Nuestros proyectos usualmente están anclados en un intelectualismo transnacional, así que no importa si estamos en Europa o en China o en Puerto Rico, las ideas deben tener la misma validez. De hecho, algunos de nuestros proyectos y mi primera publicación internacional (MONU-Magazine on Urbanism, Rótterdam, 2006) comenzaron cuando aún estudiaba arquitectura en la UPR.

Más allá de pensar que el lugar determina lo que un profesional hace con su carrera, creo que está en cada persona, en su inquietud y curiosidad profesional, y en su deseo de retar al sistema, dónde yace la posibilidad de que proyectos como WAI puedan llevarse a cabo.

Vivimos en un mundo “conectado” a través de las redes sociales. Y si bien es cierto que quizás habría sido más difícil desarrollar edificios en Puerto Rico a tan corta edad, los otros proyectos que nos han dado exposición internacional no tienen nada que ver con agencias externas, sino con nuestro ímpetu por servir de paradigma para las generaciones futuras.

Si bien es cierto que en Puerto Rico la gente podría pensar que las limitaciones profesionales son producto del “complejo de colonia”, en otros países estas limitaciones son atribuidas a otras circunstancias. Las agencias del país tienen unas obvias deficiencias que dificultan la integración de la arquitectura en la sociedad, pero es responsabilidad de los jóvenes profesionales de cambiar y mejorar el sistema y evitar perpetuar las carencias que históricamente nos han afectado en Puerto Rico.

Las razones siempre estarán ahí para funcionar como excusas, está en nosotros la posibilidad de buscar soluciones y caminos alternos.

La mediocridad está en todas partes, al igual que la excelencia.

LPR: Cierto, pero me parece que en Puerto Rico nos hemos servido con una taza enorme de mediocridad con la que, me parece, la mayoría del país bien se indigna por la nefasta situación en la que estamos y exige nuevas soluciones, pero no se atreve a proponerlas ni a ejecutarlas. Ese miedo, del que escribe Benedetti en su poema “Cumpleaños en Manhattan”,[1] es el que engendra el fanatismo y el conservadurismo, y se ha convertido en la única respuesta que, como puertorriqueños, hemos sabido elaborar, llevándonos a votar cada cuatro años por los mismos personajes.

CG: Es un tema muy complejo, pero prefiero ser optimista. Creo que con un cambio de estrategia que busque motivar a la juventud y ofrecer sistemas que promuevan la competitividad, la transparencia en los procesos y que integre a los jóvenes, el país daría un paso gigantesco al progreso.

El problema es que pensamos que no hay soluciones y terminamos rindiéndonos al cinismo y la mediocridad.

Nos molestamos con el sistema cuando somos jóvenes, pero cuando finalmente conseguimos ser parte del sistema les hacemos la vida imposible a los (otros) jóvenes. Y así nos encerramos eternamente en un círculo vicioso.

Tal como Peter Sloterdijk describía en su Crítica de la Razón Cínica, ese cinismo, que se puede resumir como “sé que lo que estoy haciendo está mal, pero lo sigo haciendo como quiera”, es lo que tenemos que romper como sociedad. Y creo que la mejor manera de romper este círculo vicioso es haciendo críticas constructivas y creando proyectos que hasta ese momento se hayan pensado imposibles. Tenemos que mantener la esperanza en nuestras posibilidades y crear proyectos que nos afecten positivamente, estableciendo paradigmas y fomentando el desarrollo sostenible.

En su Ensayo sobre la ceguera, José Saramago narra cómo en medio de una epidemia de ceguera una persona había podido conservar su visión al no perder la esperanza y no tener miedo. Creo que ese es el camino que deberíamos tomar, el de la iniciativa y la valentía.

Hay muchísimos ejemplos de individuos que demuestran que atreverse y perseverar puede dar buenos resultados. Tenemos que crear la infraestructura que fomente esta actitud, tener fe en nuestras capacidades y trabajar juntos.

LPR: La crisis en Puerto Rico es una causada por las limitaciones jurídicas y la ineficacia política que cuenta con el sello de aprobación de nuestra (sí, hay que llamarla así) clase dirigente. ¿Cómo el arte y en específico la arquitectura puede mediar la crisis que sufre la Isla?

CG: La arquitectura forma parte de un complejo sistema económico, social y cultural. Cuando las clases dirigentes toman decisiones inteligentes por el bienestar de sus pueblos, todo funciona como el engranaje de un reloj en el sentido de que todo, desde el arte, la arquitectura, la educación, la salud, la transportación pública y hasta los deportes contribuyen a mejorar la calidad de vida y, a su vez, nos hacen competitivos económicamente. Desafortunadamente cuando ponemos como meta las momentáneas ganancias económicas de algunos intereses particulares y tomamos decisiones basadas en factores que se alejan de los méritos y la capacidad de producción cualitativa, terminamos con proyectos oportunistas, de baja calidad y de dudoso potencial contributivo.

La arquitectura tiene el potencial de fomentar la sensibilidad por nuestro ambiente, a la vez que también puede ser un factor fundamental en la manera en la que las infraestructuras sociales y económicas son desarrolladas. Esto ocurre desde la creación de espacios públicos de calidad, hasta la concepción de vivienda y desarrollos que fomenten el intercambio social, cultural y económico. Nuestro modelo suburbano de desarrollo “espontáneo” y desorganizado refleja, claramente, la falta de visión a largo plazo que hemos tenido como pueblo.

Deberíamos usar la arquitectura como una herramienta que fomente la vida en sociedad, que haga desaparecer las diferencias sociales y económicas, y que provea espacios públicos para nuestra preparación y sensibilización.

El día que veamos que se invierte gran parte del dinero del pueblo en escuelas públicas de calidad (en todas partes no sólo en algunas comunidades privilegiadas), en museos, conservatorios de música, institutos de artes escénicas y en centros deportivos será cuando Puerto Rico haya decidido tomar el camino del progreso sostenible. Ese será el día que el pueblo decidirá salir de la crisis en la que se ha sumergido. 

LPR: ¿Te leíste el libro de Ángel Collado Schwarz, Soberanías Exitosas? A pesar de que los seis modelos exitosos que utiliza no incluyen a China, ¿el enfoque no te pareció muy sinocentrista? ¿Qué te parece el proyecto político llamado soberanismo que se ha cuajado en el Movimiento Unión Soberanista que Collado Schwarz dirigió hasta hace unos seis meses?

CG: Tengo una copia del libro que él mismo me obsequió y que he estado leyendo.

Creo, al igual que él, que se pueden aprender muchas cosas de China. No está mal que, por primera vez, cambiemos nuestros modelos eurocéntricos o anglosajones. En Puerto Rico, se han cometido muchos errores por mirar a los lugares menos indicados para buscar modelos económicos o sociales, así que deberíamos poner más fichas en el tablero para así poder comparar y alejarnos de las ideologías que limitan nuestro juicio crítico.

A su vez sería saludable si más partidos pudieran competir con las potencias rojas y azules para así salir de nuestro anquilosamiento ideológico y de paso reconocer que es difícil tener una verdadera democracia en un lugar en donde perpetuamente solo compiten dos partidos políticos.

LPR: No sé cuántos sepan (a parte de tus amigos y los que hayan leído la entrevista que te hicieron en El Nuevo Día y escuchado la de Collado Schwarz) que si bien estudiaste en un colegio católico privado y te graduaste de la Escuela de Arquitectura de la UPR, provienes de una familia humilde que se ha sacrificado mucho. Aquí una anécdota: me acuerdo que una vez (estábamos en séptimo u octavo grado) mencionaste que tenías que ir a Israel a entrenar y yo (muy niño de clase media e ignorante) te pregunté, incrédulo, si es que te ibas a Tierra Santa, cuando en realidad te referías al Barrio Israel de Hato Rey. Eres un arquitecto negro, de orígenes humildes, en el que el deporte y el sacrificio de tus familiares y allegados te dieron las herramientas para llegar a donde estás (donde pocos o, quizás, ningún arquitecto boricua ha llegado). Qué opinión le das cuándo la gente te comenta: “si alguien como Cruz lo ha logrado, ¿por qué el resto de la gente en su entorno no?”

CG: Tengo el privilegio de vivir una vida rica en experiencias y matices. Nací y crecí en el barrio Embalse San José en Río Piedras (mi mama nació en Israel) a la vez que estudiaba en el Colegio San Antonio. Mis padres (ambos con experiencia en el Departamento de Educación) siempre hicieron el esfuerzo de pagarnos el colegio ya que sabían de los riesgos de las escuelas públicas del país.

Crecí entrenando con Félix Trinidad desde su juventud (y mi niñez) hasta verlo convertirse en un héroe nacional. Vi cómo el sacrificio, la concentración y la perseverancia suya, de su papá y del equipo de entrenamiento del que mi papá formaba parte rindieron frutos con el tiempo. Mi formación fue basada en la disciplina deportiva y ésta se puede traducir en disciplina académica y profesional.

Mientras estudiaba en San Antonio, la pasión por el atletismo me daba motivación para también poco a poco ser competitivo en el salón de clases. Después, en la UPR, cuando correr se hacía cada vez más difícil por el desgaste físico que producían las largas noches de estudio en Arquitectura, comprendí que todo ese esfuerzo no iba a ser en vano y que podía ser traducido en una disciplina profesional que rindiera frutos en el futuro.

Mi vida ha sido regida por una disciplina deportiva algo similar a lo que Haruki Murakami describe en su libro De qué hablo cuando hablo de correr, aunque mi perspectiva está más orientada a la competencia.

Hay quien podría pensar que las condiciones que me rodean me podrían limitar, pero en realidad son las que me han dado el impulso de hacer lo que hoy hago y de tener las aspiraciones que he tenido.

Honestamente, mi juventud no fue nada difícil. Viendo a mis padres usando su conocimiento para educar y entrenar a la juventud, a mi hermano compitiendo hasta llegar a campeonatos mundiales juveniles, a Tito convertirse en el mejor del mundo y el rodearme de gente competitiva en los deportes, en la escuela y en la universidad, creo que ha moldeado mi perspectiva de la vida. No creo que sea solo para la arquitectura sino para todo.

Nuestro sistema obviamente tiene carencias crasas, a lo que debemos responder no con el típico cinismo que nos acecha, sino rebelándonos ante el sistema y logrando cosas que no creamos posibles, para así mostrar caminos a los jóvenes que construyen el futuro.

Al final del día, se trata de hacer camino al caminar, o al correr en mi caso.

LPR: ¿Cruz García es un rebelde?

CG: Los rebeldes siempre buscarán alguna razón para rebelarse. Yo, más que como un rebelde, me veo y siempre he hecho algún tipo de esfuerzo por ser un modelo para otras personas. En mi juventud yo tuve modelos, como Tito y su familia, mi familia y amigos, que fueron buenos ejemplos de disciplina y perseverancia, y reconozco la importancia que estos modelos tienen para la juventud. Así que si fuera a decir que soy algo, sería un role model, aunque esto implique ser un provocador o tener un poco de rebeldía cuando la situación lo amerite.

* La tercera y última parte de esta entrevista será publicada el próximo lunes, 21 de mayo de 2012.

** Todas las imagenes utilizadas fueron tomadas del portfolio de WAI.

Notas:

[1] “y los puertorriqueños que pasean / su belicoso miedo colectivo”. Antología poética. Alianza Editorial, Madrid (1999).

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