Disciplinar en la época del caudal como medida de ser

"There must be some way out of here" said the joker to the thief
"There's too much confusion", I can't get no relief
Businessmen, they drink my wine; plowmen dig my earth
None of them along the line know what any of it is worth.
All along the watchtower, Bob Dylan, 1967

I

Ocurrió en el momento en que el tecnócrata confundió la leche y la magnesia, procurando celebrar la efectividad del recién implementado dispositivo de vigilancia a la hora de subsanar el déficit que afecta su agencia. Mientras, alguien en la audiencia (presumiblemente una periodista bien intencionada) le recordaba el “verdadero” norte del dispositivo de vigilancia: disciplinar a los ciudadanos. He aquí entonces un cortocircuito en el orden semántico, que apunta a una progresiva mutación del código que opera en el ámbito de lo político. Se adelanta ya no una cosificación (como en los tiempos de Lukács), sino una cuantificación de la voluntad como ejercicio. Se termina entonces de introducir una nueva medida: el cero como valor absoluto. O sea, la ausencia de ser.

¿Tener o no tener? Bajo una economía de concentración de capitales producto del despojo sistemático de los bienes públicos (como sugiere Picketty), aparece el delirio de querer reemplazar la endémica inconmesurabilidad del diario vivir posfordista, con una nueva axiomática del valor basada en la ausencia absoluta de ser (o, parafraseando a Descartes: se “es” en la medida en que se “tiene”). Fondos de cobertura, acciones, inversiones, etc. son todas formas de “ser” basadas en acumulación de bienes. No se trata de modos de valor predispuestos al consumo; aquí no parece haber cabida para conceptos como “poder adquisitivo”, “estilo de vida” ni tampoco “clase media.” Se “tiene” en la medida en que se “acumula” y no se “dispone” de lo acumulado. Dicho de otro modo: el “tener” es vida en “sí misma”.

Ocurre así que el disciplinamiento bajo esta nueva axiomática del valor ya no acontece bajo los parámetros de la biopolítica ni de la ética. Si ambos suponían de antemano la existencia de un cuerpo sobre el cual operar, aparece ahora otro “cuerpo” constituido en el razonamiento cuantitativo. Nada nuevo, se pensará. Pero allí donde lo matemático sirvió como aquiescencia de un futuro previsible (como en el positivismo decimonónico), hoy sirve como evidencia de indeterminación. En otras palabras, si en el presente se acumula es porque el futuro aparece como algo repleto de contingencias, indeterminantes, azar.

El eje principal de esta nueva axiomática del valor es el caudal. Una rápida revisión de sus raíces etimológicas permite comprender las formas en que este articula una nueva medida. “Caudal” remite a capitalis, que a su vez hace referencia a ‘capital’, ‘bienes’, ‘abundancia’. De “caudal”, a su vez, se derivan términos como ‘capacidad’ y ‘capitulación’, pero también otros como ‘caudillo’ y ‘capo’. No se está lejos, entonces, de palabras como ‘acaparar’, ‘almacenar’, ‘retener’, etc. De ello que el “ser” sea efecto de la acumulación de bienes. 

Por tanto, “disciplinar” bajo esta axiomática, se traduce a un acto de atentar, o bien contra lo que se tiene, o quizás contra la capacidad del sujeto de poder acumular. “Restar” se constituye como disciplina en la medida en que ello atenta contra el caudal. Es de esta manera que se terminan produciendo efectos verdaderamente específicos. Esto lo que quiere decir es que las consecuencias éticas que los acompañan son mero efecto ulterior, pues el axioma fundamental de esta acción es “atentar”. Cuando se atenta se interpela, subsumiendo de este modo la conducta del sujeto a una serie de parámetros, a los cuales, si se desea posteriormente, se les pueden suscribir valores éticos. No debe perderse de perspectiva que la disciplina se ejerce directamente sobre el caudal o la capacidad del sujeto de poder acumular.

El problema radica en quién atenta contra quién, puesto que aquel que ostente el poder de imponerse sobre los demás será quien pueda fijar la medida. Se podrá debatir si en efecto existe una medida, pero lo que el presente parece subrayar es que la inconmesurabilidad es solo un after taste del ejercicio de imponer una nueva medida. Quizás la dificultad en poder localizar la medida comience por su carácter abstracto o la escala global que este nuevo ejercicio de disciplina asume.

II

Si la estafa es el crimen más común en el mundo del capital financiero en la actualidad, es porque tanto el Estado como los demás entes policíacos del Imperio carecen de una “medida” a través de la cual dar cuenta de su magnitud y alcance. Por tanto, las medidas disciplinarias que se imponen en estos casos casi nunca están a la par de la estafa cometida. Se termina recurriendo a la “multa” (llamada simpáticamente ‘penalidad’) en un intento por equiparar “cantidad” con “privación de libertad”, pero de ningún modo la pena impuesta corresponde a la magnitud de la violación. Puede que la razón por la cual no se adjudican acusaciones esté supeditada a la imposibilidad de determinar el grado de responsabilidad de los directivos (¡hablando de la falta de una medida!) y a lo quimérico que puede resultar acusar a un ente jurídico-corporativo; en ambos casos, prevalece la falta de una medida. Por tanto, cualquier acción, multa o penalidad termina irremediablemente circunscribiéndose a una acción directa sobre el caudal. 

De acuerdo a ello, el Estado francés se propone multar por 4900 millones de dólares al banco suizo UBS por haber asistido a sus clientes en el proceso de defraudar el fisco. La multa, de acuerdo con la información provista, es equivalente a la mitad del total de fondos que fueron depositados (por sus clientes, con asistencia del banco) en otras jurisdicciones con el expreso objetivo de evadir el pago de impuestos. Si bien esta cantidad equivale al 40% de las ganancias obtenidas por el banco suizo en el último año, las autoridades han insistido en que la misma no supone peligro de liquidez para la institución (Benedetti-Valentini F. y Fouquet, H., 2014, September 18).

Existe otra cifra que permite contextualizar el peso de la penalidad. Ella supone una pérdida, en términos de activos, de alrededor de un .04% para la institución. Puede que 4900 millones de dólares resulte una cifra terriblemente espantosa para muchos, pero en la escala global donde UBS opera es una cantidad ridículamente ínfima. He aquí, entonces, evidencia de la asimetría intrínseca del terreno global donde opera el capital financiero líquido. La relación de Francia, como estado nacional soberano, con respecto a UBS es de un pequeñísimo David frente a un todo poderoso Goliat. Pero sobre todo, los franceses solo pueden dar cuenta de aquellas faltas cometidas contra su persona jurídica, lo que les impide pasar juicio sobre UBS como un todo. No pueden decir que UBS opera como crimen organizado (aunque una suma de sus faltas a escala global brinde evidencia de ello), ni tampoco, como una pandilla de extorsionadores (aunque en más de una multa se evidencian sus prácticas fraudulentas). Solo pueden atentar contra su caudal. De aquí, observar detenidamente el monto de multas impuestas al capital financiero por la maraña de escándalos recientes es admitir, nuevamente, lo exiguo que resulta cualquier medida.

Estas fueron las palabras oficiales del banco luego de que se filtrara a la prensa la posibilidad de la penalidad multimillonaria:

The base for any calculations in this matter are completely artificial, speculative, and not based on facts. This matter is currently still in the stage of a formal investigation, and we will continue to defend ourselves strongly” (Matlack, C., 2014, October 3).

Se desprende de esta declaración otro asunto cardinal, que quizás UBS tenga razón para cuestionar: ¿Cuál es la base, el cálculo, que permite equiparar la cantidad con el daño provocado? Si bien la racional empleada por el Estado francés pudiera justificarse en la forma en que las prestaciones sociales se vieron comprometidas por la magnitud del fraude, se reduce la acción a la emisión de un mensaje (al aire, debería añadirse). De acuerdo con un investigador francés, la multa está suscrita al interés, por parte del Estado, de avisarles a las demás instituciones, que pueden o pudieran estar realizando este tipo de actividad, sobre las consecuencias de sus acciones (Matlack, C., 2014, October 3). De esta forma, se subsume la acción del Estado a la lógica del disciplinamiento por medio de la resta de caudales, a una medida. Por ello, la comunicación carece de cualquier rastro de ajusticiamiento o de valoración ética y moral.

Es cierto que, a modo de poder transar, UBS o cualquier otra institución financiera que haya cometido semejante estafa debe declararse culpable: gesto que evoca (a medias, debe añadirse) algún ejercicio de reflexión ética y moral sobre las acciones perpetradas. Sin embargo, la imposibilidad de poder cuantificar la ética y la moral abre las puertas tanto al cuestionamiento (como hace el oficial del banco) como a la conclusión de la inexistencia de alguna medida.

El impasse que surge aquí, entonces, tiene “todo” que ver con la asimetría implícita de la situación: no solo se trata de la inconmesurabilidad de la ética y la moral; también quedan de por medio los principios imperiales del capital financiero. Este requiere la “producción” de un discurso uniforme, cuyo alcance sea “verdaderamente” global. De aquí la necesidad de rechazar ineludiblemente cualquier imposición de “una lectura particular”, venga de donde venga. Por ello, nuevamente, el acto de disciplinar “debe”incidirsobre el caudal implícito del banco (o su capacidad). 

Claro, del otro lado, es “diferente”. Los fondos de cobertura buitres que acechan a la Argentina no solo saben cuál es “su” medida, sino que también intentan, por todos los medios posibles (e imposibles), de “imponerla” como medida del “ser”. Lo interesante del caso es que se instiga a las estructuras jurídicas de los viejos estados soberanos a ampliar su radio de acción y dominio, e infligir la capacidad de acumular otro estado. Es como si pretendieran cubrir con cariz de legitimidad jurisprudencial “su” medida, al tiempo que refrendan su despiadado ataque sobre el caudal argentino, basándose en una disciplina ética (y hasta moral) enraizada en las viejas bases del colonialismo europeo.

III

No debe quedar duda de que el caudal es sustancia del “ser” hoy día. En él convergen no solo formas específicas de “ser”, sino también maneras de ejercer disciplina e inclusive de vigilar. En el caudal como medida concurren debates sobre lo que debe ser el futuro inmediato, lo que quizás sea más apremiante revisar. A través de él se configura el poder del capital financiero y se impone una lectura cuantitativa basada en la incertidumbre del futuro inmediato. A través de esta, el capital subsume estructuras imperiales específicas, buscando cimentar su dominio al amparo del marco jurisprudencial que les fundamenta. Es allí donde se encontrará una nueva “genealogía del bien y el mal”. 

Lista de referencias:

1) Benedetti-Valentini, F. y Fouquet, H. (2014, September 18). UBS in $1.4 billion test for French tax-evasion crackdown. Bloomberg. Tomado de: http://www.bloomberg.com/news/2014-09-18/ubs-in-1-4-billion-test-of-french-tax-evasion-crackdown.html

2) Matlack, C. (2014, October 3). Swiss bank UBS could face a record-breaking tax-evasion fine. Businessweek. Tomado de:http://www.businessweek.com/articles/2014-10-03/swiss-bank-ubs-could-face-a-record-breaking-tax-evasion-fine.

Lista de imágenes:

1) György Lukács, filósofo marxista húngaro.
2) René Descartes, filósofo francés.
3) Billetes.
4) Bolsa de valores.
5) Euros.
6) UBS.
7) David y Goliat (1624), Jusepe De Ribera.
8) interior de un banco suizo UBS.
9) Imperialismo.

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.

Subir

+ Leídas

Versión Impresa

  • Cruce Printed Cover V1 2011cruce v.1 año 2011
  • Cruce Printed Cover V2 2013cruce v.2 año 2013
  • Cruce Printed Cover V3 2015cruce v.3 año 2015
UMET

Cruce en tu inbox