Hacia el comanejo de El Yunque

“El Yunque es nuestro, pero como que no lo es”, así sentenció una de las participantes en las reuniones comunitarias que se han ido celebrando este año como parte de la revisión del Plan de Manejo Forestal del Bosque Nacional El Yunque. Irene (seudónimo) es una maestra de Ciencias de escuela superior, residente de Fajardo, que solía ir al bosque cuando niña con sus padres y ahora, sencillamente, no va. Irene reciente no haber llevado aún a sus hijos a conocer El Yunque por temor y desconocimiento. Plantea que si hubiese mayor educación sobre el bosque afuera de la reserva, otros como ella lo visitarían más. Según Irene, “ahora mismo, el Yunque solo me sirve de background para las fotos que le tomo al nene en sus prácticas de soccer”. Participar de la reunión comunitaria fue una manera en la que Irene pudo ir acercándose nuevamente al bosque, de una forma segura y familiar, inclusive con sus hijos que también estuvieron presentes. 

Culturalmente hablando, el sentimiento expresado por esta maestra responde en gran medida a un proceso de socialización colonial que ha llevado a muchos puertorriqueños a vivir a espaldas de lo que ocurre en El Yunque y, consecuentemente, no querer visitarlo, ni involucrarse en su manejo, resultando en sentimientos de apatía, frustración y desconfianza. A esto se le suma una historia de manejo que ha privilegiado una interpretación científica del bosque, y el uso contemplativo y restrictivo de sus recursos, limitando así el acceso del público y el desarrollo de otros usos e iniciativas de manejo y narrativas posibles. Algunos investigadores han descrito esta situación como “una metáfora de nuestro complicado predicamento […], donde la ambivalencia de quiénes somos es reflejada en un bosque propiedad del gobierno de EE. UU. y manejado y estudiado por puertorriqueños” (Maldonado, Valdés-Pizzini y Latoni, 1999).

Sin embargo, nuevas políticas públicas en el ámbito federal plantean la necesidad de una gobernanza con mayor participación de los constituyentes, donde el manejo de las agencias y los recursos esté acompañado por las opiniones y la colaboración de aquellos más afectados por la toma de decisiones. Ejemplo de esto es el National Environmental Policy Act (NEPA) que regula las prácticas de manejo de los bosques del Servicio Forestal de EE. UU. y que incluye dentro de su “espectro de participación” cuatro niveles distintos: informar, consultar, involucrar y colaborar. También se encuentra el nuevo reglamento del Servicio Forestal que le asigna mayor importancia a tres áreas en las que anteriormente no se enfocaba:

1) la participación de los diversos públicos en el proceso de revisión del plan, en especial las comunidades marginadas y los jóvenes
2) la relación entre la gestión de manejo y las condiciones ecológicas, socioeconómicas y culturales más allá de la reserva, y
3) la influencia del cambio climático en el manejo del bosque.  

Esta apertura en el lenguaje de manejo, sin embargo, está enmarcada dentro de la austera realidad fiscal del gobierno federal que, desde un tiempo a esta parte, ha dificultado inclusive el mantenimiento de las áreas recreativas y programas de manejo existentes. Ejemplo de esto es el estado de abandono de veredas y estructuras históricas, la incapacidad de continuar identificando y documentando los recursos culturales en el bosque, y la lamentable desaparición del programa de educación ambiental que, entre otras cosas, produjo unas guías curriculares en Español sobre los bosques en Puerto Rico y desarrolló varias iniciativas educativas con las maestras de las escuelas públicas de la región. En particular, la pérdida del programa educativo ha sido descrita como una desgracia tanto por los empleados de la agencia, como por el público que lo conoció. Ante este panorama surge la pregunta, ¿está el Servicio Forestal y los puertorriqueños preparados para el manejo colaborativo de El Yunque? ¿Es posible hablar de integrar las necesidades e intereses de los ciudadanos en el manejo forestal, dentro de un contexto colonial?

En el verano del 2013, el Centro para la Conservación del Paisaje (CCP), contratado por el Servicio Forestal, llevó a cabo una microetnografía dentro de la reserva para comenzar a contestar estas preguntas. Varias cosas interesantes surgieron de esa investigación que, lejos de proveer contestaciones, sirvió para documentar lo complicado del problema. En primer lugar, aún cuando se entrevistaron visitantes de 41 municipios diferentes, la mayoría de estos vinieron del área metropolitana o de alguno de los 8 municipios que constituyen la reserva. De un total de 169 entrevistados, 93% desconocía la existencia de un plan de manejo forestal y 73% le asignaba la responsabilidad del manejo a las agencias de gobierno, exclusivamente. Solo un 8% mencionó que el manejo ocurría a través de una colaboración multisectorial. No obstante, al preguntarles a los visitantes si estaban interesados en participar en la revisión, 63% dijo que sí, aunque la mayoría de éstos (83%) no sabía cómo podía hacerlo. 

También preguntamos acerca de la percepción de la gente con respecto a las funciones de manejo del Servicio Forestal. Contundentemente, la mayoría estuvo de acuerdo con que los administradores debían hacer investigación, proteger las especies y los ecosistemas, y proveer recreación, educación y seguridad a los visitantes. No obstante, los entrevistados entendieron que las siguientes funciones no eran parte del manejo forestal: producir artículos para la venta y otorgar permisos de construcción, minería, siembra y extracción de madera. Aunque estas funciones sí son parte del manejo forestal y son practicadas regularmente en otros de los 150 bosques administrados por el Servicio Forestal, nos parece que las respuestas apuntan a tres elementos importantes del desarrollo de la historia colonial forestal en la Isla:

1) la mayoría de la gente desconoce la misión de la agencia más allá de la conservación y la preservación
2) el público comparte la visión que se ha ido perpetuando históricamente de un Yunque inalterado, prístino, con la menor intervención humana, y
3) pasados conflictos relacionados al uso del bosque con fines militares, telecomunicaciones y la posible extracción de árboles (deforestación) quedan vivos en la memoria colectiva puertorriqueña, la cual en su mayoría todavía se opone a estas prácticas.

Además añadimos a la lista de funciones dos prácticas que tradicionalmente no han sido parte del manejo del bosque, pero reflejan el nuevo cambio de paradigma impulsado por las recientes regulaciones federales:

1) colaborar con el público en la toma de decisiones, y
2) ayudar al desarrollo socioeconómico de las comunidades fuera de la reserva.

Ambas prácticas fueron identificadas por la mayoría de los encuestados como funciones de manejo, aún cuando hasta el momento no se hayan realizado, lo que demuestra una inclinación positiva hacia el principio de comanejo y la necesidad de que este beneficie a las comunidades que rodean el área protegida. 

A primera vista parecería que estos resultados son contradictorios. Si bien la gente dijo estar dispuesta a colaborar y reconoció el comanejo como una función de la agencia, el mismo grupo no pudo identificar posibles formas para participar en la revisión; no conocía el Plan de Manejo actual, ni los parámetros de acción del Servicio Forestal, elementos críticos en la planificación e implementación de esfuerzos de comanejo. Si a esto se le suma el desconocimiento y la frustración expresadas por Irene y la precaria situación fiscal de la agencia, quedamos con un panorama muy complicado que pone en duda la capacidad de la agencia para implementar sus propias políticas de manejo colaborativo.

No obstante, como parte de la revisión del nuevo Plan de Manejo, hemos logrado que se discutan estas limitaciones y se comiencen a delinear alternativas para comenzar a movernos hacia el manejo colaborativo de El Yunque. Como parte del Plan de Colaboración para la Conservación, diseñado por el CCP para reforzar el proceso de revisión, se constituyó un Comité Consultor para la Participación Pública, el cual reúne alrededor de 20 personas entre líderes comunitarios, educadores ambientales, residentes, planificadores, comunicadores, pequeños comerciantes turísticos, académicos y representantes de organizaciones ambientales y agencias de gobierno. También hemos organizado una serie de reuniones donde han participado más de un centenar de personas, incluyendo residentes de la zona, estudiantes, empleados de la agencia, científicos, comerciantes, planificadores municipales, manejadores de áreas protegidas y operadores turísticos. Las reuniones han estado acompañadas de una campaña de medios dirigida, particularmente, a los periódicos y emisoras radiales en la región de impacto del nuevo plan. De igual forma, hemos llevado la discusión a festivales proambientales, congresos y simposios locales, y a las redes sociales. 

El insumo obtenido a través de estos esfuerzos ha sido imprescindible para estimular una reflexión crítica dentro de la agencia y para proveer espacios de diálogo entre esta y el público. Aunque el proceso no ha culminado y las reuniones continúan, queremos concluir este escrito enumerando una serie de estrategias que se han identificado como posibles vías para mejorar la relación entre la administración de la reserva y los puertorriqueños, y movernos hacia el comanejo de El Yunque:

1) restablecer una relación de confianza entre la agencia y el público
2) retomar los esfuerzos de educación e interpretación ambiental como vehículo de comunicación e integración de saberes
3) darles mayor prioridad a iniciativas centradas en alianzas y colaboraciones con grupos e individuos fuera de la reserva
4) garantizar el acceso a la reserva en sus múltiples dimensiones —acceso físico a las áreas recreativas, acceso a la información científica e interpretativa que se produce acerca del bosque, acceso a los recursos culturales y servicios y productos forestales, y acceso a la toma de decisiones de manejo—
5) fortalecer la investigación social, y
6) promover la identidad y la conectividad social y ecológica de la región.

Lista de referencias:

Maldonado, M., Valdés-Pizzini, M. y Latoni, A. (1999). Owning and Contesting El Yunque: Forest Resources, Politics, and Culture in Puerto Rico. Berkeley Journal of Sociology, 44 (1999-2000), 82-100). Tomado de http://www.jstor.org/discover/10.2307/41035547?uid=3738864&uid=2&uid=4&sid=21105330553193.

Lista de imágenes:

* Fotos de Federico Cintrón Moscoso en Facebook, Colaboración Bosque Nacional El Yunque.

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