La ausencia de un proyecto nacional como raíz de la violencia

“¿Por qué me preguntas a mí? Pregúntale a los que me han escuchado; ellos saben lo que yo he enseñado”. Al oír esto, uno de los guardias que estaba allí le dio a Jesús una bofetada en la cara diciéndole: “¿ésa es la forma de contestar al sumo sacerdote?” Jesús le contestó al guardia: “si he hablado mal, muéstrame en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?
Juan 18, 21-23

La situación de la violencia en Puerto Rico viene en franco deterioro desde las últimas dos décadas, caracterizada por una tendencia alcista en las tasas de asesinatos, en su mayoría asociados al trasiego de drogas (directamente o por accidente), y los asociados a la violencia doméstica. Con frecuencia mis amigos y pacientes me preguntan: ¿cuándo esto va a mejorar? Mi respuesta es una cita del Credo Católico, “Y Jesús murió, bajó a los infiernos y resucitó al tercer día”…

Pensaba que todavía estábamos bajando a los infiernos, pero con los últimos eventos parece que estamos a punto de tocar fondo. En estos dos años nos hemos enterado del caso de Ana Cacho, donde su hijo fue asesinado estando bajo su custodia y niega saber lo que pasó; la ejecución dantesca del publicista Gómez Saladín por $500.00; la madre que mató a su bebé y después lo guardó en la nevera; y el asesinato de la Sra. Sandra García a manos de su hijo adoptivo. Según él ella le ponía mucha disciplina y se inspiró en un videojuego violento. El último caso ejemplifica los elementos para el problema de violencia severa que padecemos.

¿Qué tan severa? Si miramos la página de “World Health Rankings” en su sección asesinatos veremos la tasa por cada 100,000 personas obtenida de la Organización Mundial de la Salud. Extrapolando los datos del 2011 de Puerto Rico estaríamos entre los primeros 17 puestos. Esto es similar a los datos del “Global Study on Homicide” (Oficina de las Naciones Unidas para las Drogas y la Criminalidad , 2011).

¿Cómo es posible que esto suceda con el nivel de sofisticación cultural y educativa que pretendemos tener en Puerto Rico a los ojos de todos? La respuesta está en la cita bíblica del epígrafe. En ésta, el Jesús del Verbo de Juan, confronta al agresor y exige justicia señalando el error de su acción y reclama justicia. Lamentablemente en mi país llevamos demasiados años comprando la religiosidad comercial del fundamentalismo mágico, que predica el miedo, el patriarcado, el individualismo, el capital y el providencialismo.

Esta visión lleva a demasiadas personas a recibir la bofetada y no atreverse a afirmar nuestra realidad y nuestra responsabilidad. En consecuencia, se termina patrocinando consistentemente a políticos que son violentos y defienden estos valores. Esta alienación ante la violencia lleva a solamente buscar un culpable.

En la psicología social se considera que la violencia es: todo acto en que se aplique una dosis excesiva de fuerza. En comparación con la agresión, que se considera una de las formas de violencia en la cual se aplica la fuerza de forma intencional (Baró 1985 pp 365-367)Típicamente las formas de violencia son expresadas con nombres asépticos -violencia domestica, daño colateral, fuego amistoso, bajas o “casualties”, definidas así para ocultar su crudeza y las estructuras de opresión e intereses de lucro tras ellas.

En Puerto Rico sucede un proceso análogo que podemos descubrir utilizando el marco conceptual que nos plantea el fenecido psicólogo salvadoreño Ignacio Martín Baró (1985 pp 372-379). En éste los actos violentos se examinan en cuatro dimensiones: la estructura formal del acto (los hechos), la ecuación personal (el carácter de quien lo realiza), el contexto posibilitador (la situación geográfica-temporal en que sucede) y el fondo ideológico (los valores que están involucrados en la situación).

Este análisis nos permite ver que se produce una imagen y se oculta un fondo. La imagen produce la reacción emotiva donde reducimos toda la violencia a la agresión y buscamos al culpable. Así asumimos que los actos se cometen por gusto, maldad, con el único fin de matar a alguien. Asumimos que el autor es un loco, poseído: que estos actos suceden en una familia disfuncional y/o en una barriada pobre; que no hay justificación social posible para este tipo de conducta; que estos actos suceden por reacciones irracionales, fuera de toda validez.

El resultado son actos de desahogo; marchas, vigilias y oraciones que no proponen acciones concretas y cuando lo hacen son peticiones emotivas y mágicas. Cuando no es peor y tienen un marcado tinte de prejuicio clasista donde se pregunta “¿qué vamos a hacer con ESA gente?” y se proponen soluciones que a su vez son más violencia; pena de muerte, eliminar la fianza.

Porque cuando encontramos al agresor no somos responsables. Al descubrir el fondo que oculta la imagen, nos percatamos que los actos violentos son un medio para buscar ganancia individual o de un grupo, cometidos por una persona racional que puede ser un asesino profesional, torturador, policía, soldado en la ejecución del deber, que en todos esos casos puede ser un vecino, amigo o hasta familiar. Nos percatamos que suceden en un fondo social más amplio donde la familia y el barrio pobre son lugares donde se manifiesta el resultado de un sistema económico violento, basado en la competencia desleal, la opresión, la marginación de la mujer y de los pobres. 

Nos percatamos del agravante de un sistema político colonial que produce una ilusión de abundancia para que creemos necesidades artificiales y literalmente nos matemos por consumir los excedentes en producción de la metrópoli. Por esto es que nos dan la bofetada y no nos atrevemos a identificar al agresor; identificarlo representaría que tenemos que cambiar nuestro estilo de vida.

El efecto de estos procesos sociales en la realidad de Puerto Rico se pueden comprender si validamos la capacidad de seres humanos normales a cometer actos perversos. Esto fue comprobado por los experimentos de Stanley Milgram (1974) donde un investigador en una posición de autoridad con bata blanca le daba instrucciones a un sujeto que le provocara daño mediante una máquina eléctrica a otra persona. En realidad era un ardid, la maquina no era real, sin embargo los sujetos de la investigación creían que estaban dando descargas hasta provocar la muerte. Al replicar el experimento a través de todo el mundo entre un 35% y un 85% de los participantes llegaron a “matar”.

A nivel sociológico, según la Oficina de las Naciones Unidas para las Drogas y la Criminalidad (2011), consistentemente los países con pobre desarrollo económico, distribución injusta de la riqueza, acceso fácil a armas de fuego y sistemas legales inefectivos, tienden a tener tasas más altas de asesinatos. Peor aún, la tasa de asesinatos de un país se agrava en función de recesiones económicas como ha sucedido en PR en los últimos años.  

Se encontró que mientras el crimen está organizado, los criminales evitan la violencia para  seguir acumulando riquezas. Cuando se impactan estas organizaciones o surge competencia por asumir el control, el resultado es la violencia. Esto ha sucedido en el Caribe donde hay menos droga disponible por la mudanza del puente del tráfico de drogas a los Estados Unidos a Centroamérica. Como consecuencia, las mismas personas se matan por un mercado más reducido. Éste es el retrato del Puerto Rico de los últimos años y evidencia como los procesos sociales amplios afectan a nivel individual. 

Hace unos años coincidí con un alto directivo del Partido Popular y reconoció las limitaciones del proyecto “Manos a la Obra” y me dijo: “el único error que cometió Muñoz fue convertir a la gente humilde de este país en chusma”. No se percataba de su prejuicio donde terminaba culpando a las víctimas. Sin embargo el error no fue por falta de consejo, ya René Marqués lo profetizaba en La Carreta en la voz de Don Chago:

“Pueh que tóh predican el dolar, mijita. Pa’ tenel velguenza hoy día hay que tenel dinero. Eso ehtá claro como la luz del sol. Enanteh se podía ser probe y tener dignidá. ¿Y tu sabeh polqué? Polque el probe tenía algo en que creer. Unoh creían en Dióh , otroh creían en la tierra , otroh creían en loh hombreh. Hoy no noh dejan creer en ná. Hoy tuh sijo solo le enseñan a creel en loh chavoh…” (Marqués, 1956, p18)

La obra señala como en la medida que a un pueblo se le vende la ilusión del enriquecimiento fácil, alejado de la realidad de la tierra y el trabajo se pierde el norte moral y el desarrollo integral de la gente. Se crea la ilusión de bienestar económico y la solución de todos nuestros problemas mediante la transferencia artificial, de ayudas o de capital extranjero no productivo en la metrópoli, como se hace en todas las colonias y neo colonias. (Hobson & Lenin, en Harman, 1981).

Con esta ilusión de bienestar material se logra que el colonizado consuma más allá de sus necesidades reales, logrando que la colonia genere ganancias para la metrópoli a través del crédito y la violenta narcoeconomía. Esto lo evidencia las megatiendas que quiebran en E.U. y en P.R. están boyantes. Pero con la caída del modelo de industrialización por invitación se ha agravado la violencia.

El efecto psicológico de esto es la tergiversación de los principios del placer (el deseo de satisfacer necesidades y gustos) y de la realidad (los valores que asumimos y nos provee la cultura, que nos dice que tenemos que hacer para satisfacer nuestras necesidades y gustos de forma aceptable en una sociedad). Según Sigmund Freud cuando se tergiversan estos principios se logra en la persona, la búsqueda desenfrenada del placer (recompensa económica), con la ilusión de no tener que responder a una realidad (trabajo, ley), ósea la perversión. Contrario a lo que sucede en una personalidad saludable donde el principio del placer se regula por el principio de la realidad logrando un ser mental y socialmente funcional.

Desde esta perspectiva, la función de la sociedad es establecer los medios y procesos para satisfacer los deseos y necesidades de la población de acuerdo a su realidad material (recursos naturales, ventajas competitivas, independencia alimenticia, etapa en el desarrollo económico). Cuando en una sociedad no existen relaciones adecuadas entre las aspiraciones culturalmente prescritas y los canales socialmente estructurados para alcanzarlos surge la anomia (falta de ley, ingobernabilidad) y conducta desviada (Merton, en Rúa, 1982, p.215). En estas condiciones todo es válido, incluso matar a otro para lograr la satisfacción personal, lo que sucede con demasiada frecuencia en nuestro país.

El proyecto nacional de un país es desarrollar una economía a base de su realidad. En la situación colonial de Puerto Rico no hay proyecto nacional. A través de procesos de alienación (transferencia de ayudas y capital por ej.) se le hace creer al colonizado que debe asumir el proyecto de la metrópoli y los que no lo asumen se convierten en la amenaza, lo que convierte al opresor en una figura paternal y al oprimido-compatriota en su enemigo (Memmi, 1983).

La frustración entonces no se dirige contra los opresores sino que se desplaza a los más débiles (Cramer, 2000; Dollard et. al. 1939 p.50) por esto a pesar de que nos quejamos de los estilos de políticos que exhiben actuaciones violentas contra el pueblo y únicamente en un beneficio personal (la misma perversión) logran evitar la confrontación montándose en este esquema defendiendo el proyecto del padre benefactor (la metrópoli). A su vez las iglesias fundamentalistas asumen la labor que se les asignó desde la invasión estadounidense, predicar las soluciones mágicas, los valores del capital, el lucro y el individualismo, a la vez que cometen agresiones institucionalizadas contra todos los que no comparten su visión del mundo.

Ése es el modelo teórico de la situación. En un próximo artículo haré propuestas para enfrentarla.

…I shouted out,
Who killed the Kennedys?
When after all
It was you and me…

Sympathy for the Devil JAGGER, MICK / RICHARDS, KEITH (The Rolling Stones)


Lista de referencias:

Cramer P. (2000) Defense mechanisms in psychology today: Further process adaptation. American Psychologist, 55, 637-646.

Dollard J. Doob L. Miller N. Mowrer O.  Y Sears R. (1939) Frustración y Agresión. New Heaven: Yale U. Press.

Harman Chris (1981) International Socialism 2:11, Winter, pp. 30–71Transcribed & marked up by Einde O’Callaghan for the Marxists’ Internet Archive. Obtenido en http://www.marxists.org/archive/harman/1981/xx/marxtheory.htm 29/12/12.

La Nueva Biblia, Latinoamérica (1972) X Edición (Pastoral), Madrid: Verbo Divino.

Marqués, René (2006) La Carreta 23era ed. San Juan: Cultural.

Martín Baró, Ignacio  (1985) Acción e Ideología: Psicología Social desde Centroamérica. San Salvador: UCA.

Merton, Robert K Estructura Social y Anomia en Rúa, Pedro Juan (1982) Introducción a las Ciencias Sociales, Antología. San Juan: Huracán.

Memmi A. (1983) Retrato del colonizado ; precedido por el Retrato del colonizador. Buenos Aires : Ediciones de la Flor.

Milgram, Stanley (1974). Obedience to Authority.  Nueva York: Harper & Row.

Milgram, Stanley (1965) Obedience (película) New York University Film Library & Pennsylvania State University, PCR.

United Nations Office on Drugs & Crime UNODOC (2011) Global Study on Homicide, Trends, Context, Data.

Lista de imágenes:

1. Celedonio, Rogelio Manzo, 2012.
2. Sin Nombre #d66277, Rogelio Manzo, 2012.
3. The Beautiful page #12, Rogelio Manzo, 2012. 
4. Content, Rogelio Manzo, 2011.
5. Rebeca, Rogelio Manzo, 2012.
6. Ralulca, Rogelio Manzo, 2012.
7. Congress, Rogelio Manzo, 2012. 

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