Tratado de los vencidos

 

Hoy dijo un señor que lo mejor que uno tiene es lo vivido. Me parecía irónico que afirmara esto mientras hablaba de cuánto lo explotan en su trabajo. El viejo es chofer. Dijo que casi todos los días le programan un viaje cerca de su hora de salida, pero que, ¡pues!, no se puede hacer nada. Su día es una letanía entre el descanso y el trabajo, mas, en sus palabras, le agradece a Dios por la oportunidad. Con eso se quedará cuando hable de lo vivido, eso con lo que ha forjado la experiencia, la historia de su vida. No sé a qué se refería cuando hablaba de "lo mejor" —¿de qué vivencias exactamente?—, cuando reconoce que lo que pasará a ser lo vivido es la explotación en la infelicidad laboral. Que rara concepción de vida, pensar que lo mejor con lo que uno se queda son las razones que tiene para quejarse.

A fin de cuentas, esto es lo que esperan todos: tener un trabajo y lograr conseguir lo suficiente para abastecerse de las cosas que nos exige nuestro cansancio. Tratar de disfrutar al máximo los pequeños lapsos que nos restan fuera del tiempo que invertimos en tratar de complacernos. ¡Qué rara concepción de vida!, repito. Esa de conformarse con lo que se pinta como oportunidad, dentro de los constructos de la felicidad. La misma que depende de llenarnos el corazón con ideas de amor hacia cualquier cosa; depender de la sensibilidad. Pero, bueno, tampoco nos mortifiquemos tanto por nuestra condición de humanos, pues no se puede negar que hay quien ha logrado una vida "digna" dentro de este marco de creencias, por más irreales que parezcan.

Creo que dentro de los discursos políticos está inmersa una concepción sentimental de la vida y todas esas falacias que nos hacen felices de alguna manera u otra, cuando ahora —precisamente en los momentos de crisis que vivimos— imponen con sus discursos la parte dramática y patriótica, por la que debemos cumplir con la deuda que es responsabilidad de todos, porque somos puertorriqueños y no sé qué más. Olvidándome un ratito del señor, qué mucho jugo se le ha sacado a esas concepciones. Ahora vienen a presentarnos ese mono para ablandarle los corazones a aquellos que tienen un sentimiento por su país. Casualmente, todas las concepciones que nos unen dentro de un marco, es decir, todas esas similitudes que nos hacen vernos como iguales, se concentran dentro del "compromiso" que implica ser los ciudadanos de la deuda. Ahí vienen todos aquellos sentimentalismos, y lo que no necesariamente va a favor de la voluntad. La pobreza es real y también lo es el dolor de despedir un familiar o un amigo porque no tiene nada más que hacer aquí. Es real la falta de recursos y la ineficiencia de un sistema que obliga a partir al que no quiere. De verdad a mi me duele ya que no me quisiera ir, pero claro que no significa que le voy a pagar a los que están claros de que en esto no hay puertorriqueñidad que valga. Digo que es una forma de atenuar la realidad, partiendo de Clément Rosset, que plantea la crueldad como todo aquello que la atenúa, todo lo que la disfraza. A fin de cuentas, es una existencia cruel por tragarse el engaño: el engaño de mi país.

Volviendo al señor chofer, cuando iba en la guagua pensé en la crueldad de Rosset por aquello que dijo. El hombre tiene un trabajo; se siente con una vibra tremenda. También pensé que el tipo, imagino yo, se verá a si mismo como un hombre de bien. Supongo que la gente que sabe de este hombre que sale a trabajar a las seis de la mañana y llega a las ocho de la noche, lo asume como un hombre trabajador, un hombre de bien. Así somos los ciudadanos. Mientras pagamos nuestras deudas y trabajamos hasta el cansancio somos hombres y mujeres de bien, mas ahora no lo somos. No solamente ante los ojos del gobierno, sino ante los de los propios puertorriqueños. He visto a tantos decir que son traidores los que se van de la isla, que aquí hay trabajo y que tenemos que unirnos para sacar esto adelante. Claro, hay quien tiene las fichas mucho más acomodadas y quienes no se van por el miedo, pero a los que se van, ¿por qué hay que acusarles de cobardes o de traidores?

El humano es un ente que se arraiga al colectivo por ideas construidas en el lenguaje, del mismo que se aprovechan los políticos para tratar de rompernos la cabeza con el sentimiento del compromiso. Aquellos que juzgan, se basan en lo mismo que ellos: en la puertorriqueñidad y el compromiso. Dentro de eso que es la puertorriqueñidad se encuentra el amor, otra de esas concepciones que adoptamos para tratar de alcanzar la felicidad. Lamentablemente los grandes intereses reconocen nuestras debilidades discursivas, esas que nos llenan el corazón. No es tan solo que sintamos amor por un pedazo de tierra, sino que dentro de un cuadro de costumbres se encuentran todas esas cosas que nos llenan y la gente que queremos. El arraigo es un problema al momento de buscar —sin pensar que en cada lugar hay nuevos instrumentos para atenuar la realidad—, pero tal es la crueldad, tan transgresora, que aumenta dentro de cada cual. Ese engaño, (todo lo que atenúa la realidad) en principio, transgrede también nuestra fenomenología. Hay quien puede someterse a la crueldad para estar consciente de que todos esos constructos a los que se les somete son parte de todo aquello que se construye en el aire para darle vida a lo que se conoce como una estructura social. Es decir, todo aquello que traspasa de lo simbólico a lo concreto. Hay muchos que están claros de ese factor, pero hay quienes no reconocen nada de esta "naturalesa sobre la naturalesa", como diría el Ché Meléndes.

Mi país es la crueldad en su propia encarnación. Pareciera una crítica supreflua decir que la gente siempre se inclina por uno de los dos partidos mayoritarios, que estamos en un perreo electoral, y el mismo ñeñeñé que escucho desde cuarto grado, cuando no tenía la más remota idea de lo que era la política, pero decía que era popular y que le iba a Sila. Inconscientemente era un pequeño vencido. Pero mi madre estaba igual de vencida que yo, también el señor chofer que ví hoy, también mi abuelo que agradece que le envíen una pensión que no pasa de quinientos dólares por ser veterano de la Guerra de Korea. Como aquellos que se conforman con que les pasen un chequesito de doscientos dólares para alimentar cuatro hijos. También aquellos que se disponen tan fácilmente a tener esos cuatro hijos sin tener ningún artificio que brindarle dentro de esta "naturalesa sobre la naturalesa sobre la naturalesa".

Yo no tenía consciencia de nada, pero era peor, ya que mi "naturalesa" estaba trasgredida por la "naturalesa"; no tenía ninguna realidad que no fuera creer ciegamente los discursos esparcidos. Fui como tantos hoy que sufren de esa condición de no reconocer otras realidades, puesto que no han tenido la oportunidad de desarrollar el ímpetu de ver otros mundos posibles. Entonces podríamos decir que todos de alguna manera u otra somos unos vencidos y tenemos los ojos vendados ante la "naturalesa". Desde aquellos que ni siquiera se plantean la posibilidad de marcharse y buscar un cambio, o aquellos que juzgan a los que se van, todos hemos sido vencidos por una realidad que noss manipula a pasar trabajo. De igual modo son aquellos que no idealizan la vida como algo más que trabajar: como el chofer. Pregunto qué nos quedará cuando hablemos sobre lo vivido, si es que eso de verdad será lo mejor. El conformismo es una norma en nuestra mayoría, recordar lo pasado como lo mejor es un sadismo que compartimos todos. Hasta el que no tiene sueña con al menos recuperar la inocencia y la pasividad de la niñez. Sonreír de una manera que no esté condicionada por los menesteres de un presente que siempre gritará su historia.

 


Lista de imágenes:

1. Alex Roullete, "Water Park", 2012.
2. Alex Roullette, "Airborne", 2012.
3. Alex Roullette, "The Highway", 2012.
4. Alex Roullette, "Kite", 2012.


 

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