Lunes, 16 febrero 2015 05:29

Ocio, ¿el camino a la felicidad?

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El ocio como experiencia

La vertiente psicológica es la más reciente de las acepciones del ocio y constituye una línea de pensamiento bien definida que insiste en interpretar este asunto como una experiencia, es decir, la experiencia de ocio. Los portavoces principales de esta noción son los psicólogos norteamericanos Howard y Diane Tinsley (1986) y también Roger Mannell (1997), quienes toman algunas ideas de otros científicos sociales coetáneos como Sebastián de Grazia (1966) y John Neulinger (1981) para declarar que la experiencia de ocio es una vivencia placentera de libertad percibida y satisfacción intrínseca. Esta interpretación enfatiza, no la realidad objetiva de tener tiempo libre, sino la percepción subjetiva e individual de experimentar o sentir ocio. De hecho, fue De Grazia (1966) quien expresó inicialmente la importante diferencia entre tiempo libre y ocio al declarar que todo el mundo puede tener tiempo libre, pero no necesariamente conseguir ocio, ya que es un estado de existencia en el que las actividades se persiguen por su propia razón o como un fin en sí. En esta interpretación el foco de la experiencia de ocio es el individuo y no la actividad. 

Los Tinsley (1986) proponen que la experiencia de ocio es una vivencia placentera que resulta de la presencia de cuatro condiciones:

1) Percepción de libertad de selección – Implica que la conducta que ha generado la experiencia de ocio es producto de una decisión conscientemente voluntaria en la que se ha seleccionado libremente diversas opciones.

2) Motivación intrínseca – Esa conducta nada más fue precisamente lo que llevó al individuo a seleccionar la conducta que generó la experiencia de ocio; no hubo otra motivación.

3) Percepción de un nivel de excitación agradable – El individuo es consciente de que la conducta seleccionada lo excita de manera placentera.

4) Sentido de compromiso para hacer un esfuerzo disciplinado, encaminado a lograr la satisfacción del potencial personal mediante la práctica de la actividad – El individuo se ha comprometido con la conducta seleccionada al punto de que es consciente que la misma le satisfará en la medida que se esfuerce en practicarla: a mayor esfuerzo, mayor satisfacción, y viceversa.

Una persona puede concienciarse sobre la experiencia de ocio transitoriamente, es decir, por breves momentos, entrando y saliendo de ese sentimiento, ya que la misma no tiene una duración predeterminada. La experiencia de ocio puede ser momentáneamente desagradable y generadora de tensión, pero al anticiparla y al recordarla puede, a la vez, ser agradable. Por ejemplo una persona aficionada al ejercicio puede sentir dolor al hacer ciertas rutinas, pero ese sentimiento es momentáneo e intrascendente dentro del esquema más amplio y significativo de esta actividad. Los psicólogos sostienen que una experiencia de ocio puede ocurrir en cualquier dimensión de nuestra vida, incluyendo el trabajo y el mantenimiento fisiológico, sin embargo dicha experiencia probablemente ocurra con más frecuencia dentro de lo que conocemos como el tiempo libre. Por consiguiente el tiempo libre puede ser una rica fuente de experiencias de ocio para la mayoría de nosotros. 

De acuerdo con los psicólogos que conciben el ocio como una experiencia, esta no es algo estática, sino que, al contrario, es muy dinámica: puede variar según el significado que tiene para la persona una actividad (buena o mala, valiosa o pobre, interesante o aburrida) y la intensidad (fuerte o débil, alto o bajo) que tenga ese significado. La primera de estas dimensiones, la de significado, es útil para distinguir entre lo que es y lo que no es una experiencia de ocio. Es decir, si el significado de la actividad es negativo, esta no puede generar una experiencia de ocio, pues dichas experiencias son siempre placenteras. La segunda dimensión, la de intensidad, sirve bien para distinguir entre las experiencias de ocio, en otras palabras, cuando se mide la intensidad de una experiencia de ocio se intenta determinar su potencia o debilidad. Esta dimensión es mucho más útil que la primera, puesto que nos ayuda a discriminar entre la gran diversidad de experiencias para repetir las potentes y evitar las débiles o nulas.

Siguiendo este razonamiento, los Tinsley (1986) identifican tres situaciones derivadas de la intensidad con que se siente el ocio: estado de ocio, experiencia de ocio y déficit de ocio. La figura que se presenta a continuación ilustra la conjugación de las tres situaciones con los parámetros de satisfacción, crecimiento (en términos psicológicos) y salud.

Es evidente que los Tinsley (1986) sostienen que las experiencias de ocio son necesarias para el bienestar psicológico de los individuos y por tanto deben ser parte de sus prioridades existenciales. Consecuentemente, ellos organizan estos tres niveles jerárquicamente y sugieren que el estado de ocio conduce a un enriquecimiento de ocio, la experiencia de ocio nos lleva a una suficiencia de ocio y el déficit de ocio produce una insuficiencia de ocio.

La experiencia de ocio, independientemente de su grado de intensidad o potencia, se caracteriza por unos atributos cognoscitivos y afectivos que incluyen los siguientes:

—Concentración total en la actividad realizada – La persona se siente completamente inmersa en lo que hace y no responde a estímulos externos o distracciones.

—Pérdida de atención hacia uno mismo – La concentración en lo que se hace causa que el foco de atención personal se desplace del yo hacia la actividad, y el individuo tiende a perder conciencia de sí mismo.

—Sentido de libertad – La conducta realizada se percibe como libre y voluntaria.

—Intensidad emotiva – Lo que se hace produce un nivel alto de emoción en el individuo.

—Percepción enriquecida de objetos y eventos – Dado el alto nivel de emoción que siente el individuo y su profunda concentración, los objetos y eventos relacionados con la actividad parecen ser más impresionantes. 

—Decreciente noción del paso del tiempo – Como consecuencia de todo el caudal emocional que producen los atributos descritos, el tiempo dedicado a la conducta en cuestión parece entrar en otra dimensión, donde aparenta detenerse pero en realidad marcha a su paso habitual.

Se podría decir que los atributos mencionados son una especie de medidor o indicador de las experiencias de ocio en el sentido de que el individuo se hace consciente de ellos cuando está atravesando por una experiencia de ocio. Estos atributos se perciben en un grado o nivel mínimo en experiencias de ocio de poca intensidad, pero sobresalen o se acentúan en experiencias de ocio intensas, como las que ocurren en el estado de ocio (Tinsley, 1986). 

Uno de los planteamientos centrales de la tesis terapéutica de la psicología del ocio es que tener experiencias de ocio contribuye positivamente a la satisfacción de necesidades psicológicas, lo cual aporta a la salud física y mental y a mejorar la calidad de vida, y así ayuda notablemente al crecimiento personal. Esto último se ha sugerido como la relación de causa y efecto entre las experiencias de ocio y la salud mental (Martin, 1967).

Numerosos estudios realizados durante los pasados cuarenta años han comprobado que las experiencias de ocio contribuyen a la satisfacción de necesidades psicológicas tales como la autoestima, el autocontrol, la afiliación, encontrar un sentido en la vida, desarrollo de una identidad aceptable, sentirse competente en la aplicación de destrezas, entre otras (Gini, 2003; Godbey, 2003; Kaplan, 1979; Mannell, 1997; Martin, 1967; Munné, 1980; Nuelinger, 1981; y Puig, 2004). Estas contribuciones del ocio al bienestar de la persona se relacionan a lo supremamente humano de nuestra existencia y, como tal, constituyen una legítima aspiración para todos. Al concebir el ocio de esta forma, cobramos conciencia de que no es fácil o no resulta automático tener una experiencia de ocio mediante la práctica de actividades que seleccionemos.

La felicidad y el ocio

Recientemente ha surgido un nuevo campo de estudio dentro de la psicología que lleva el nombre: Ciencia de la Felicidad. Esta especialidad tiene algunos diez años de existencia y se entiende que nació del seno de la psicología humanista y del movimiento de la psicología positivista. La primera de estas apareció en la década de los cincuenta como una reacción tanto al conductismo como al psicoanálisis, y concierne a la dimensión humana de la psicología. Sus postulados principales, adelantados por James Bugental (1964), recogen la esencia de esta escuela de la psicología:

—Los seres humanos no se pueden reducir a componentes.

—Los seres humanos tienen un contexto humano único.

—La consciencia humana incluye la consciencia de uno mismo en el contexto de otras personas.

—Los seres humanos tienen opciones y responsabilidades.

—Los seres humanos son intencionales y buscan significado, valores y creatividad.

Por otro lado, la psicología positivista tiene como enfoque principal mejorar el funcionamiento mental de los seres humanos por encima de lo que se considera el nivel de salud mental normal. De acuerdo con Martin Seligman (2002), profesor de la Universidad de Pennsylvania, la psicología debe ser criticada por dedicarse fundamentalmente a bregar con la enfermedad mental, en lugar del bienestar mental. De ahí el enfoque del positivismo dirigido a desarrollar teorías y prácticas para alcanzar la felicidad y elevar su nivel.  

De este trasfondo complementario aparece la ciencia de la felicidad que se identifica ampliamente con la satisfacción de vida y el bienestar. En gran medida, se le acredita al psicólogo de la Universidad de Illinois, Edward Diener (2008), impulsar la creación de esta nueva escuela. Armado de datos recopilados de estudios de opinión realizados durante las últimas dos décadas en EE. UU., sugiere que la felicidad es producto de las relaciones afectivas que tienen y nutren las personas, en lugar de los otros factores que hasta entonces han sido reconocidos como fuentes de satisfacción, como la riqueza, la educación y la juventud.

Sobre la riqueza se sostiene que una vez se satisfacen las necesidades económicas básicas, un aumento en ingreso apenas incrementa el sentido de satisfacción de vida. Respecto a las diferencias en los niveles educativos, estos no corresponden con sentirse más satisfechos con la vida, y sobre las personas de mayor edad, estas son consistentemente más felices que los jóvenes. El profesor Richard Layard (2005) de la London School of Economics coincide con Diener (2008), ya que sus propias investigaciones demuestran lo que él llama “una paradoja en el corazón de nuestras vidas”. Según Layard, la mayor parte de la gente quiere más ingreso, no obstante en la medida que las sociedades se hacen más ricas, estas no se hacen más felices.

Los estudios de Diener (2008) reflejan que la felicidad que puedan sentir las personas es algo inherentemente subjetivo y está muy relacionado con las actitudes. Además, es incierto hasta qué punto está bajo nuestro control, ya que existe evidencia de que los sentimientos de felicidad pueden tener un componente hereditario. También argumenta que la felicidad se puede alcanzar y mejorar, de modo que puede aumentar con el tratamiento. Este postulado es parte integral de lo que fundamenta a la Ciencia de la Felicidad como una vertiente seria en la psicología.

De acuerdo con lo descubierto en las investigaciones empíricas de Diener (2008) y su grupo de trabajo, existen tres componentes de la felicidad:

1) Obtener placer o disfrute de la vida, experimentando y saboreando óptimamente relaciones, aficiones, intereses, entretenimientos, etc.

2) Comprometernos con nuestras actividades; buscar los pareos positivos entre nuestras fortalezas y nuestras tareas, no importa cuáles sean; y evitar las frustraciones que pueden surgir de la incompatibilidad entre lo que hacemos y nuestras aptitudes para ello.

3) Hacer la vida más significativa integrándose y contribuyendo con algo mayor y más permanente que nosotros mismos, como en grupos de abogacía social, organizaciones filantrópicas, movimientos cívicos, tradiciones familiares y vecinales, entre otros.

Además de que estos tres puntos se identifican como los componentes de la felicidad, Diener (2008) también los enfatiza como las recomendaciones a seguir para elevar los niveles de felicidad de cualquier persona; en un plan de tratamiento, estas serían las directrices rectoras. Luego de estudiar los componentes discutidos, es evidente la gran relación que guardan con la identificación de intereses de ocio y su práctica. En dos encuestas realizadas por la revista TIME en diferentes momentos —una titulada Sintiéndose Bien en E.E. U.U (2004) y la otra, El efecto Felicidad (2008)— se descubrieron dos hallazgos significativos:

—Los participantes identificaron once “cosas que hace la gente para mejorar su humor”. De estas once, siete pertenecen al dominio del ocio.

—Se preguntó: ¿Cuáles son sus mayores fuentes de felicidad? Las respuestas que mencionaban “las cosas de ocio que hago” correspondían al 64% de los encuestados, ocupando la sexta posición de jerarquía entre todas las respuestas.

Tales hallazgos sirven para argumentar a favor de la importancia que tiene la adquisición de intereses de ocio y su práctica en la  preservación y optimización de la salud mental de todas las personas, independientemente de su condición socioeconómica. Además,  corroboran los resultados de los estudios pioneros en el campo de la psicología del ocio realizados por Martin (1967) y posteriormente por Neulinger (1981) y los Tinsley (1986).

Lista de referencias:

Bugental, J. F. T (1964). The Third Force in Psychology. Journal of Humanistic Psychology, 4(1), 19-25.

De Grazia, S. (1966). Tiempo, trabajo y ocio. Madrid: Editorial Tecnos.

Diener, E., & Biswas-Diener, R. (2008). The Science of Optimal Happiness. Boston: Blackwell Publishing.

Gini, A. (2003). The importance of being lazy: In praise of play, leisure and vacation. Chicago: Routledge.

Godbey, G. (2003). Leisure in your life. College Town PA: Venture Publishing.

Kaplan, M. (1979). Leisure: Lifestyle and lifespan. Philadelphia: W. B. Saunders Company.

Layard, R. (2005). Happiness; Lessons From a New Science. London: The Penquin Press.

Mannell, R. (1997). The social psychology of leisure. Collage Town PA: Venture Publishing.

Martin, P. A. (1967). Psychiatry and the New Utopia. En Leisure and Mental Health a Psychiatric Viewpoint(pp. 3-13). Baltimore: Garamond Pridemark Press.

Munné, F. (1980). Psicosociología del tiempo libre. México: Editorial Trillas.

Neulinger, J. (1981). The Psychology of Leisure. New York: C.C. Thomas.

Puig, J. M. (2004). Pedagogía do ocio. Lisboa: Artmed.

Seligman, M. E. P. (2002). Authentic Happiness: Using the New Positive Psychology to Realize Your Potential for Lasting Fulfillment. New York: Free Press.

Tinsley, H, y Tinsley, D. (1986). A theory of the atrributes, benefits and causes of leisure experience. Leisure Sciences, 8, 1-45.

Lista de imágenes:

1) Art deco leisure fashion.
2) Imperial Leisure - The Art Of Saying Nothing (2008) publicación de Chris en allthingsgoodrudegirl.blogspot.com.
3) Íconos de ocio vectorizados por aquamann en vectorstock.com.
4) Cartel Island Leisure, por Jane Slivka en The Poster Corp.
5) Foto vintage 1950s AMUSEMENT PARK, ROLLERCOASTER por Christian Montone, via Flickr.

Visto 5343 veces Modificado por última vez en Martes, 16 febrero 2016 14:52
Nelson Meléndez Brau

Nelson Meléndez Brau posee un doctorado en Estudios de Ocio de la Universidad de Nueva York (1983). Actualmente es catedrático retirado del Programa de Recreación de la Facultad de Educación de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Fundó el Centro de Estudio del Tiempo Libre en 1986 y fue editor de su revista, Tiempo Libre, durante catorce años. También creó la organización Estrategias Para el Tiempo Libre. Fue Director Ejecutivo de la Asociación Mundial de Tiempo Libre y Recreación de la Organización de las Naciones Unidas y Gerente General Asistente de la Comisión Estatal de Parques y Recreo para la Ciudad de Nueva York. Ha sido profesor visitante en diversas universidades europeas. Es miembro vitalicio de la World Leisure Organization (WLO) y pasado presidente de la Asociación Latinoamericana de Tiempo Libre y Recreación (ALATIR). Fue miembro de la Junta de Directores del Comité de Investigación Científica sobre el Ocio, Asociación Internacional de Sociología. El doctor Meléndez Brau ha dirigido más de veinte estudios científicos sobre la recreación y el uso del tiempo libre en Puerto Rico. También ha publicado más de 80 artículos profesionales además de tres textos para nivel universitario en el área de estudios de la recreación.

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