El reto de envejecer con dignidad


Nadie envejece solo por vivir un número de años; la gente envejece al abandonar sus ideales; los años arrugan el rostro, pero perder el entusiasmo arruga el alma.
—Cicerón (45 A. de C.)


Desde que nacemos estamos envejeciendo. El envejecimiento es un proceso natural, continuo y global: empieza desde la concepción y termina con la muerte. Todo organismo que se concibe y nace está destinado a envejecer, independientemente de cuánto sea su duración o expectativa de vida. Es por tal razón que el término “persona envejeciente” no debe ser congruente con vejez.

La vejez es una etapa del ciclo de vida. En el ser humano está la infancia, la niñez, la adolescencia, la adultez y la vejez. Cada etapa tiene sus particularidades enmarcadas en cada cultura de acuerdo con la concepción de cada una de ellas. Hay varias definiciones de la vejez como periodo de vida. Según Umpierre (2006), la vejez es la etapa del desarrollo humano que se asocia con los periodos tardíos de la vida y se adjudica al haber cumplido muchos años. Cuántos años nos hacen viejo es un umbral que se define en cada cultura, así como en la conciencia de cada persona. Sánchez (1999) indicaba que la sociedad tiende a definir la vejez en términos de edad cronológica por conveniencias estadísticas, para establecer la demarcación entre las etapas de la vida. En los análisis demográficos, se toma generalmente la edad de 60 años para establecer cuando se es viejo. En los países de mayor desarrollo económico se fija en los 65 años por ser la fecha en que muchas personas son elegibles para recibir la totalidad de los beneficios del Seguro Social (López, 2011). Actualmente se aumentó a los 66 años el adquirir la totalidad de los beneficios.

La definición, la demografía y los conceptos de la vejez varían según el criterio de cada país. Lo que sí es una realidad es que todos conceptualizan la vejez como una etapa crucial y decisiva en la vida de cada ser humano, con sus retos, estilos de vida y adaptaciones al entorno que le rodea. En la época moderna, la persona vieja es aquella que cronológicamente tiene de 60 a 65 años o más. Cuando una población tiene el 10% o más de sus habitantes entre las edades de 60 años o más, se considera una población vieja.

La población de Puerto Rico se considera vieja porque 10.6% de su población está entre esas edades. Esta situación responde a que hay una reducción en la tasa de fecundidad, hay un aumento en la emigración de personas jóvenes, un aumento en la inmigración de retorno de personas de 60 años o más, y un descenso en las tasas de mortalidad. Las personas de edad avanzada se han triplicado. La expectativa de vida ha aumentado a 82 años. Esto representa una gran diversidad, especialmente en la generación que pertenece a  los baby boomers, los cuales nacieron entre los años de 1942 y 1960,  después de la Segunda Guerra Mundial. Actualmente tienen entre 54 a 72 años de edad; a algunos les faltan seis años para llegar a “viejos” y otros ya están en esa categoría.

En Puerto Rico como en Estados Unidos, se vive la cultura occidental. La misma está basada en el patriarcado y en el culto a la juventud, la belleza, la productividad y la competencia. La vejez no es vista como productiva, ni linda y mucho menos competitiva. Las personas saben que van a llegar a viejos (si no mueren antes), pero no hablan de su proceso de envejecimiento a menos que sea como un chiste o algo lejano. El término “viejo” no se utiliza y se escucha como algo despectivo y desvalorizante. Prácticamente es un insulto. Hay una obsesión por los productos anti-envejecimiento como si estos retuvieran el proceso de envejecer. Los anuncios respecto a la vejez la usan como si fuera sinónimo de enfermedad, incapacidad y dependencia. Esta creencia generalizada perpetúa el mito de la senilidad, que supone que la vejez y la enfermedad van de la mano. Los cambios en el proceso de envejecer pueden constituir cambios y limitaciones normales, pero no son indicativos de enfermedad. Hay tiempo para acostumbrarse a esos cambios físicos y emocionales normales, ya que la transición de una edad a otra es gradual. Aunque las enfermedades crónicas son limitantes, con tantos adelantos médicos y con el conocimiento de las enfermedades, no son necesariamente incapacitantes y sí controlables.

Por otro lado, existe el mito de la inactividad e inutilidad, basado en la misma sociedad capitalista que dictamina el valor de las personas por lo que produce y posee. Se visualiza al viejo en un sillón, jubilado y en espera de la muerte. Esto es contradictorio al comportamiento que muestran la mayoría de los viejos, los cuales se mantienen activos y, aun cuando se jubilan de sus trabajos remunerados, se dedican a cuidar nietos, a viajar, a establecer negocios propios, a trabajar por horas específicas, a ser voluntarios o a ser asesores de sus respectivas profesiones u oficios. La idea social de que los viejos son una carga para la sociedad al no tener la capacidad física y económica para valerse a sí mismos no responde a la realidad de que la mayoría de los viejos reciben pensiones, ya sea del seguro social o del retiro, o que algunos todavía pertenecen a la fuerza laboral con trabajos remunerados.

A esto se le añade el mito de la poca creatividad e incapacidad para aprender, que también se le atribuye a la juventud. La mayoría de los viejos tienen la tolerancia, intentan más veces que los jóvenes y, aunque más lento y con diferente ritmo, buscan superar los cambios que el mundo laboral exige. La edad no determina la creatividad ni la responsabilidad, ni limita las posibilidades de aprender o ejercer algún trabajo. Como el viejo ha desarrollado el sentido de responsabilidad a lo largo de la vida, no le gusta quedar mal.

Otra de las características de la juventud que la sociedad no concibe en los viejos es la actividad sexual; muchas veces se piensa que los viejos son asexuales. Como se asocia la sexualidad con la capacidad reproductora, cuando desaparece esta función en la vejez parecería que tambiém desaparece el deseo sexual, las caricias y las relaciones sexuales. Si una persona vieja exterioriza sus deseos sexuales, se les mofa y se les considera como “viejos verdes” o “viejas enfermitas”. A pesar de que los anuncios de productos para lograr una potencia sexual en la etapa de comienzos de la vejez están en aumento, no son representativos del viejo de 65 años o más. Este mito de la sexualidad es bien discriminatorio, como si los viejos no tuvieran el derecho de amar y ser amados, de sentir ternura y afecto, y de llevar una vida sexual activa. También se escucha a nivel social que los viejos son cascarrabias y se vuelven niños, pero esto está lejos de la realidad. En los viejos existe la misma diversidad que en los otros miembros de la sociedad: el viejo(a) cascarrabias que siempre está de mal humor o es muy negativo e inflexible también lo era en su juventud y adultez y ha permanecido igual. Somos de jóvenes y adultos lo mismo que somos de viejos.

Generalizar que los viejos son de una u otra forma y que actúan de determinada manera como si todos fueran iguales, también está lejos de la realidad. Los viejos constituyen un grupo diverso y todo ser humano envejece de manera diferente. Todos somos únicos y hay factores internos y externos que determinan nuestro envejecimiento: la genética, la familia, el género, las experiencias, las destrezas, las enfermedades, las capacidades y el entorno donde se vive… Por ejemplo, los hombres y las mujeres no envejecen igual. Aunque se dice que las mujeres generalmente viven más tiempo que los hombres, esto depende de los factores expuestos anteriormente.

Uno de los retos que tienen los viejos para envejecer con dignidad es lograr superarse a pesar de los mitos y estereotipos de cada sociedad y demostrar que son todo lo contrario a las creencias populares. La expectativa de vida ha aumentado en los últimos diez años, la misma es de 82 años, y diariamente 135 personas llegan a los 65 años. Según el Censo de Puerto Rico (2010), las mujeres viejas que trabajan representan un 51.8% y los hombres un 44.1%. Las expectativas de estos empleados para alcanzar la edad del retiro es de 77 años. Gran parte de los baby boomers caen dentro de esta categoría y se enfrentan al reto de los viejos actuales que tienen que competir con los más jóvenes, quienes, aunque no tengan la misma experiencia, poseen quizás más preparación académica por las oportunidades de becas y préstamos que han tenido. La mayoría de los baby boomers conocen sus responsabilidades, pero también conocen sus derechos, los recursos internos y externos y cómo utilizar los mismos.

Por otro lado, la situación económica mundial, especialmente en Puerto Rico, hace que el costo de vida sea mayor  y que se esté viviendo para satisfacer las necesidades básicas. Si antes se consideraba el retiro como una etapa tranquila y satisfactoria, la estabilidad del mismo ha disminuido en términos económicos, ya que actualmente el ingreso del seguro social o de otras fuentes relacionadas al retiro no permite satisfacer los compromisos adquiridos cuando se empieza la vejez. Muchos de nuestros viejos no han podido ahorrar para su vejez como hubieran querido, especialmente los que tienen hijos, ya que viven día a día con un presupuesto dado y casi siempre han tenido que ayudar a sus hijos o nietos económicamente. Algunos tienen la custodia de sus nietos, lo cual ha implicado volver a criar con todo lo que conlleva la crianza, prolongando su retiro.

En algunas ocasiones, vemos viejos jóvenes cuidando a sus progenitores, con la responsabilidad económica de mantenerlos y a veces hasta con la responsabilidad de criar nietos y de cuidar a sus progenitores a la misma vez que trabajan fuera del hogar. Esto hace que la posibilidad de su propia jubilación sea cada día más remota. Para los que laboran profesionalmente, es un reto estar en un trabajo por más de 40 a 50 años y mantenerse al día con todo lo que representa el mundo laboral. Como los adelantos tecnológicos son necesarios y podrían desplazar al personal ocupacional, al viejo se le hace meritorio estar al día y competir en sus respectivas profesiones u ocupaciones. Hay que considerar los aspectos de tensión y las situaciones referentes a la salud física que todas estas situaciones traen tanto a los que empiezan a considerarse viejos como a los familiares que tienen a cargo.

Frente a esto es meritorio preguntarse cómo se logra superar estos retos y envejecer con dignidad. En primer lugar, es imprescindible empezar a cuidarse física y emocionalmente desde que somos jóvenes. Debemos estar al tanto de la nutrición, y de cómo la misma afecta el estilo de vida y contribuye a envejecer saludablemente. Por otro lado, cultivar amistades ayuda a la etapa de la vejez porque provee fuentes de apoyo para las situaciones estresantes y para lograr combatir la soledad. Igualmente, es importante hacer un presupuesto mensual que ofrezca la oportunidad de ahorrar para el futuro, además de hacer una revisión de vida y de las expectativas respecto a las metas que hemos logrado y las que nos faltan, para ponerlas en agenda a través del transcurso de nuestra vida.

Por último, es imprescindible tener tiempo de esparcimiento y diversión, de disfrutar cada momento y asumir una actitud positiva. En fin, entender que toda etapa de la vida tiene la oportunidad de desarrollo y crecimiento intelectual, emocional y espiritual, de acuerdo con nuestra personalidad, los estilos de vida y el ambiente social y cultural. En la etapa de la vejez, la jubilación de un trabajo no se debe ver como el retiro de la vida, sino como una oportunidad para trabajar parcialmente, regresar a estudiar, hacer trabajo voluntario, tomar cursos para algún pasatiempo, establecer un negocio propio, disfrutar más de la familia y divertirse de acuerdo con nuestros intereses. La vejez debe vivirse con calidad de vida: todos tenemos ese derecho como seres humanos. Enfrentemos los retos con dignidad y satisfacción… Nos lo merecemos.

 


Lista de referencias:

Acarón, J. (2012, 14 de noviembre). Conferencia sobre el reto demográfico. En AARP, El envejecimiento de la Población en Puerto Rico. Presentado en la Semana de la Planificación de la Sociedad Puertorriqueña de Planificación.

Censo. (2010). Puerto Rico.

López Cruz, N. (2011). Individuo, cultura y sociedad. San Juan: Publicaciones Lilo, Inc.

Naciones Unidas (2014, 22 de septiembre). La situación demográfica en el mundo en 3014Nueva York. 

Naciones Unidas. (2004, 28 de junio al 2 de julio). Población, envejecimiento y desarrollo.

Presentado en el Trigésimo Periodo de Sesiones de la Cepal, San Juan, Puerto Rico.

Sánchez Salgado, C.  D. (1999). Gerontología. Hato Rey: Publicaciones Puertorriqueñas.

Umpierre, J. M. (2006). Geropsicología. Guaynabo: Editorial Plaza Mayor, Inc.


Lista de imágenes:

* Todas las imágenes pertenecen a la cuenta de Instagram de Grandma Betty Jo Simpson, quien decidió relatar su batalla contra el cáncer a través de las imágenes que compartía en ese foro, y cuyas imágenes se volvieron virales.


 

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