Opresiones cruzadas, resistencias encontradas


 

El racismo y el sexismo, desafortunadamente, han sido dos sistemas opresión arraigados y extendidos en las culturas occidentales y, por lo tanto, en los países que han sido colonizados por Occidente. Aunque varias investigaciones han confirmado que en diferentes culturas del mundo ha existido la dominación masculina, el patriarcado, como lo conocemos hoy en día, es un producto occidental. A su vez, y como lo han demostrado los estudios decoloniales, el concepto raza fue otra invención europea para poder llevar a cabo la conquista y colonización de América y, al igual que el patriarcado, esta se ha exportado a diferentes partes del mundo como un método de conquista, y clasificación de las personas, en los diferentes territorios. Un ejemplo de esto lo pudimos en ver durante el genocidio de Ruanda que se basó en distinciones raciales que fueron, en gran medida, promovidas por la colonización belga. Por lo tanto, podemos afirmar que tanto el patriarcado como el racismo son elementos que han sustentado el capitalismo occidental que seguimos sufriendo en nuestro siglo. Por eso, no debe extrañarnos que muchas personas hayan establecido una relación analógica entre ambos grupos subalternos.

Si bien puede ser problemático estudiar la historia del movimiento feminista por olas, porque la historia no es lineal, sí podemos afirmar que, a lo largo de la lucha en contra del patriarcado, las mujeres se han enfocado en diferentes reclamos dependiendo de la época y el momento histórico. De ahí a que enfaticemos que la primera ola se enfocó en la lucha por el sufragio, la segunda ola comenzó a cuestionar el binomio sexo/género y luchó por los derechos sexuales y reproductivos y la tercera ola fue la que impulsó el feminismo de la diferencia. Sin embargo, eso no significó que fuera el único reclamo y mucho menos que no hubiese diferentes grupos feministas luchando por otros reclamos. De hecho, de alguna forma u otra, el elemento de la raza siempre ha estado presente en algunos sectores del movimiento feminista ya bien sea para comparar el racismo con el sexismo o para señalar el racismo que sufrían las compañeras dentro del mismo movimiento feminista. Desde las feministas de la primera ola encontramos ambos reclamos, por ejemplo tanto Elisabeth Cady Staton, quien fue militante abolicionista, como Soujurner Truth, quien sufrió la esclavitud en carne propia, trabajaron el racismo dentro de su militancia feminista. En el discurso que dio en una reunión del American Equal Rights Association, en mayo de 1867 Truth señaló:

There is a great stir about colored men getting their rights, but nor word about the colored women; and if colored men get their rights, and not colored women theirs, you see the colored men will be masters over the women, and it will be just as bad as it was before. (The Essential Feminist Reader 65)

Aquí vemos una directa analogía entre la opresión de la esclavitud y la del patriarcado que sufrían las mujeres negras, por eso, para Truth la liberación de este sector requería una transformación de toda la población que había sido esclavizada. A su vez, vemos el reclamo central, pero no el único, de la primera ola, el sufragio.

La relación entre el racismo y el sexismo, y las luchas que se han dado en conjunto, continuaron a lo largo de la lucha feminista. Como mencioné anteriormente, el movimiento feminista negro de Estados Unidos fue uno de los responsables de esta importante unión que no solo visibilizó la doble explotación de las mujeres negras sino que también señaló el racismo que existía, y existe, en algunos grupos feministas. La escritora y activista Audrey Lorde fue una de las teóricas de este feminismo, en su ponencia “The Master’s Tools Will Never Dismantle the Master’s House”, que dictó en una conferencia del instituto de las humanidades de la Universidad de Nueva York, en 1979, Lorde planteó la necesidad no solo de unir luchas contra mismo sistema que oprime por raza, clase, género y sexualidad, sino de buscar mecanismos diferentes para acabar con ese sistema, de ahí el título de su ponencia. Según Lorde, los mecanismos que se podían generar dentro del sistema opresor eran muy limitados “What does it mean when the tools of a racist patriarchy are used to examine the fruits of that same patriarchy? It means that only the most narrow perimeters of change are possible and allowable” (The Essential Feminist Reader 332). Por eso, no solo hacían falta nuevas estrategias y “herramientas” para “desmantelar” un sistema que oprimía, y oprime, a la mayoría de la población sino que también era el momento de cambiar de estrategias y de que las feministas blancas escucharan y aprendieran de las feministas negras. Urgía empezar a trabajar con la interseccionalidad de las opresiones si realmente se quería lograr un verdadero cambio.

Bajo esta misma línea de pensamiento encontramos a la asociación de mujeres africanas por la investigación y el desarrollo, Association of African Women for Research and Development (AAWORD), quienes en 1980 publicaron un comunicado de prensa sobre la mutilación genital en algunos países africanos. En el texto “A Statement on Genital Mutilation”, condenaban la mutilación genital y cualquier práctica que oprimía a las mujeres y anunciaban que harían una investigación en torno a este tema. A su vez, resaltaban que las mujeres que eran mutiladas solían ser las que sobrevivían a unas condiciones de vida sumamente precarias causadas por la explotación de las grandes potencias en sus naciones. Las compañeras de la AAWORD señalaban que, para las mujeres que sufrían estas condiciones precarias de vida, Occidente ha representado violencia en todos los niveles, por lo tanto, luchar en contra de la mutilación genital sin tomar en consideración el contexto histórico, económico y político es no querer entender la realidad. Asimismo, recalcaban que las feministas de los países “desarrollados”, debían entender que es un problema de las mujeres de África y que, por lo tanto, no se puede resolver sin la participación de estas. Por eso, hicieron un llamado a evitar cualquier interferencia maternalista y etnocentrista por parte de las feministas occidentales (353-354).

 

Hoy en día, y en gran parte gracias a las aportaciones del feminismo negro, las feministas decoloniales apuestan a un feminismo que erradique todas las opresiones por raza, clase, género, nacionalidad, entre otras. Su apuesta parte, por un lado, de los postulados decoloniales sobre la importancia de estudiar los acontecimientos partiendo desde su contexto y, por otro, de reconocer que en un mundo en donde el patriarcado y el racismo se han impuesto las personas de los grupos subalternos deben llevar la voz cantante. Por eso, y reconociendo que el 22 de abril es el día del año que se lo dedicamos al planeta tierra (que también está sufriendo de la explotación capitalista) quisiera terminar con una cita de la activista y escritora Alice Walker que resume la intersección de la lucha por la vida misma: “The animals of the world exist for their own reasons. They were not made for humans any more than black people were made for white, or women created for men”.

 


Lista de referencias:

Freedman, E. (2007). The Essential Feminist Reader. New York: The Modern Library.


Lista de imágenes:

1. Black Girl, Everyday Feminism, 2015.
2. Bug, If Your Feminism Isn't..., 2014.
3. Tyler Feder, we can do it!, 2015. 


 

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