Smartphobia

 


Reflexionando sobre imparcialidades, o sesgos interpretativos, o “biases” como se dice en inglés, vuelvo a un meme que ha recorrido las redes sociales por los últimos dos años y con el cual me he vuelto a topar esta mañana (en febrero 2017) al entrar en Facebook. Se trata de la imagen de un grupo de estudiantes buscando algo en sus smartphones durante una visita a un museo. En el fondo está la pintura “The Night Watch” de Rembrandt, lo que apunta a que se trata del Museo de Amsterdam, pero con cada “share” indignado se han tomado la licencia de subtitular la imagen. En esta imagen, un solo momento y encuadre, tenemos la pintura, un grupo (que presuponemos que es de estudiantes por ser jóvenes) y el uso de la tecnología en el contexto de un museo. Y los museos no solamente proveen hogar para las grandes piezas de arte de la humanidad, sino que también son lugares dinámicos.

Una de las imparcialidades que he notado con respecto a la interpretación de la imagen está relacionada (y limitada) al hecho de que se trata de mis amistades en Facebook, considerando que solamente una decena de ellas ha compartido la imagen. Sin embargo, en cada instancia, la reacción ha sido negativa. Desde el trillado “los jóvenes de hoy en día no valoran nada” a el infundado “es que se la pasan texteando siempre”, la interpretación en estos casos reconfirma la opinión generalizada que estas personas tienen hacia los jóvenes (en especial, los Millennials) y hacia la tecnología en forma de smartphone. Conviene, pues, problematizar la reacción negativa y las preguntas que el susodicho meme provoca.

Lee Jussim se aproxima al vocablo “bias” de manera neutral, es decir, sin la carga negativa que el mismo suele implicar, para así describir el modo en que funciona: “A 'bias' occurs when a social belief influences the belief holder’s perceptions regarding another person, not when it influences the other person’s actual behavior”[1]. Por tanto, si la creencia generalizada de que los smartphones aíslan a los jóvenes, a quienes ya se les achaca el otro “bias” de la falta de interés hacia el mundo a su alrededor, una imagen como la ya mencionada fácilmente valida esas percepciones. Recordemos que no tenemos fotos del resto de la visita al museo. "Algo" se puede sacar de contexto y ese "algo" se puede utilizar para “probar” alguna idea preconcebida.

Habría que considerar si, aparte de los prejuicios generacionales, el asunto de la percepción —que a su vez resulta en comentarios negativos hacia el hecho de tener el aparato tecnológico en mano— está anclado a lo que propongo llamar "smartphobia”. En otras palabras, pretendo analizar si el sesgo interpretativo hacia lo que parece acontecer frente a la pintura de Rembrandt en un instante, tiene más que ver con el recelo a las nuevas tecnologías y/o con lo que se presume es el uso (que hacen los jóvenes) de los smartphones: textear y perder el tiempo. Aprovecho así para continuar reflexionado sobre lo planetado en mi columna “A propósito de los 'smartphones'”[2]. Por supuesto, mis imparcialidades entran en la ecuación como usuaria de Androids y iPhones, como profesora de literatura y como parte de las últimas camadas de la Generación X.

Al encontrarme con la imagen en cuestión por primera vez, no sentí alarma, sino curiosidad. ¿Cuánto tiempo llevarían en el museo? ¿Serán parte de una clase que está haciendo un tipo de "scavenger hunt", buscando claves en diferentes salas y exhibiciones? ¿Será que están usando una aplicación del museo que facilita información en el idioma de estos jóvenes, o en el que están estudiando? ¿Podría ser que se trata de una actividad virtual en la que el profesor o la profesora les ha pedido seguir instrucciones en línea, o incluso, está conduciendo la clase así, a larga distancia? ¿Podría ser que parte de la experiencia en el museo fuera enviar un mensaje luego de observar las obras de arte para expresar, desde allí mismo, desde la frescura de la experiencia recién vivida? El hecho de que estuvieran meramente texteando —lo cual tiene su valor en su contexto— no se me cruzó por la mente.

Las reacciones que me encontré, y que aparentemente han sido las más sonadas en las redes sociales, compartían el sesgo interpretativo de que la juventud es un caso perdido y de que la tecnología arruina nuestras vidas[3]. Lo primero ha sido la cantaleta de muchas generaciones; lo segundo se cancela cuando una nueva tecnología médica nos aminora el dolor o simplemente cuando estamos “con la nariz en el celular” para ver en “real time” cuándo viene el autobús (posibilidad aún por llegar a Puerto Rico, junto con la de un sistema de transporte público más avanzado). Si se tiene carro, computadora, televisor, "fitbit" o incluso espejuelos, se tiene tecnología. Si voy en la guagua leyendo una revista o un libro, o escuchando música, es posible que no me juzguen mucho. Entonces ¿por qué lo hacen cuando estoy buscando o leyendo algo en mi iPhone?


Notas:

[1] Jussim, Lee. Social Perception and Social Reality: Why Accuracy Dominates Bias and Self-Fulfilling Prophecy. Oxford University Press, 2012.
[2] "A propósito de los 'smartphones'". Revista Cruce. 3 de abril, 2016. http://www.revistacruce.com/cine/item/2445-a-proposito-de-los-smartphones
[3] http://www.telegraph.co.uk/news/newstopics/howaboutthat/12103150/Rembrandt-The-Night-Watch-The-real-story-behind-the-kids-on-phones-photo.html


Lista de imágenes:

1-2. Eric Pickersgill

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