Voces y hazañas de las mujeres (Parte II)


Historia de las mujeres[1]

Escribir la historia de las mujeres y la historia con perspectiva de género no es tarea fácil, según nos advierten Mergal, Lerner y Mora, entre otras. Joan Scott comienza delineando lo siguiente:

La historia de este campo exige una exposición que no sea simplemente lineal, sino más compleja, que tenga en cuenta la posición cambiante de la historia de las mujeres, pero también del movimiento feminista; y, así mismo, de la disciplina de la historia... gran parte de la actual historia de las mujeres, aunque opere con conceptos de género, se dirige hacia las preocupaciones contemporáneas de la política feminista (entre ellas, en los EE. UU. de hoy en día, la seguridad social, el cuidado de los niños y el derecho al aborto). ( “Historia de mujeres” 61)

A estas “preocupaciones de la política feminista” les añadiríamos la situación precaria del medio ambiente y la organización y preservación de comunidades frente al desarrollo, la modernización y la pobreza.

Según Scott, la historia de las mujeres:

… indaga la forma en que se ha establecido el significado de este término general. Critica la prioridad relativa concedida a la historia masculina (his-story) frente a la historia femenina (her-story), exponiendo la jerarquía implícita en muchos relatos históricos. […] aún más fundamental, pone en duda tanto la suficiencia de cualquier pretensión de la historia de contar la totalidad de lo sucedido, como la integridad y obviedad del sujeto de la historia: el Hombre universal. (“Historia de mujeres” 72)

Se refiere a Michel de Certau, quien en su ensayo “History: Science and Fiction” (1986) plantea que dicha historia “…abre de golpe todas las cuestiones sobre la competencia en la materia y la objetividad en que se basa la construcción de las normas disciplinarias” (Scott, “Historia de mujeres” 73). Añade que la historia de las mujeres no dispuso la mayor parte de sus esfuerzos a documentar la victimización de las mujeres, sino que se dedicó a sustentar lo propio de la “cultura femenina”, “creando así una tradición histórica a la que las feministas podrían recurrir al buscar ejemplos de la actividad de las mujeres y pruebas de su capacidad para hacer historia” (Scott, “Historia de mujeres” 77).

Scott hace una observación de gran envergadura sobre la historia de las mujeres, una que aclara las dudas del por qué se comienza a utilizar el concepto "género" para destacar su aspecto social y relacional. Sostiene que la historia de las mujeres afronta múltiples complejidades:

… —con sus complicaciones de datos sobre mujeres del pasado, su insistencia en que las periodizaciones admitidas no funcionaban cuando se tomaba en consideración a las mujeres, sus pruebas de que las mujeres influyeron en los acontecimientos y tomaron parte en la vida pública y su insistencia en que la vida privada poseía aspectos públicos y políticos— evocaba una insuficiencia fundamental: el sujeto de la historia no era una figura universal y los historiadores que escribían como si lo fuera no podían pretender estar contando toda la historia.
[…] Se requería una manera de pensar la diferencia y el modo en que su construcción definía relaciones entre individuos y grupos sociales. (“Historia de mujeres” 79)

Agrega que para poder teorizar la cuestión de la diferencia sexual se empleó el término "género", ya que este está relacionado con contextos sociales y culturales: “existía la posibilidad de pensar en función de diferentes sistemas de género y de las relaciones entre éstos y otras categorías, como raza, clase o etnia, así como tener en cuenta los cambios” (Scott, “Historia de mujeres” 80).

Género como categoría de análisis histórico

En otro de sus reconocidos trabajos, Scott postula que la investigación historiográfica con una perspectiva de género:

… proporcionará nuevas perspectivas a viejos problemas, …redefinirá los viejos problemas en términos nuevos, …hará visibles a las mujeres como participantes activos y creará una distancia analítica entre el lenguaje aparentemente estable del pasado y nuestra propia terminología”. (“El género” 56)

Añade que “esta historia dejará abiertas posibilidades para pensar en las estrategias políticas feministas actuales y el (utópico) futuro, porque sugiere que el género debe redefinirse y reestructurarse en conjunción con una visión de igualdad política y social que comprende no sólo el sexo, sino también la clase y la raza” (56).

Aún así, Scott alerta de posibles problemas con el uso del concepto "género", si se utiliza para oscurecer la situación particular y de subordinación de las mujeres. Plantea lo siguiente: “Mientras que el término 'historia de las mujeres' proclama su política al afirmar (contrario a la práctica habitual) que las mujeres son sujetos históricos válidos, “género” incluye a las mujeres sin nombrarlas y así parece no plantear amenazas críticas” ( “El género” 28). Así se sustituye “género” por “mujeres”, sugiriendo que “la información sobre las mujeres es necesariamente información sobre los hombres, que un estudio implica al otro. Este uso insiste en que el mundo de las mujeres es parte del mundo de los hombres. […] Además, género se emplea también para designar las relaciones sociales entre sexos” (Scott, “El género” 28).

Otro componente importante de la historia con perspectiva de género es su multi e interdisciplinariedad. La historiografía o teoría de género se basa en observar al ser humano, dentro de un contexto cultural específico —de clase, raza, tiempo y orientación sexual, entre otros—. La multi e interdisciplinariedad nos ayuda a ver la categoría de género como una amplia y cambiante, no como estática y esencialista. Según Lucien Febvre, "el ser humano no es una abstracción sino un ser concreto en su sociedad, en su vida” (46), por lo que mantiene que hay que tomar “clara consciencia de los lazos que unen a la historia… con las disciplinas próximas [psicología, sociología, geografía, física, biología, ingeniería, etc.]” (47). Esta unión satisface “una necesidad de realidad que nadie encontraba en los estudios históricos orientados progresivamente hacia la más arbitraria historia diplomática y absolutamente separada de la realidad” (46). Este también ha sido el planteamiento de otras historiadoras antes mencionados como Gerda Lerner, Esther Mora, Margarita Mergal y Joan W. Scott, quienes exigen e investigan dicha multidisciplinariedad para reconstruir la historia de las mujeres. Ellas sostienen que es esencial utilizar otros marcos teóricos y científicos para poder entender por qué las mujeres fueron excluidas o no consideradas como hacedoras de historia, al igual que el por qué perpetuaron el patriarcado que las mantenía subyugadas. La teoría e historiografía de género obliga a los y las historiadores del presente a “sustituir las antiguas teorías por otras nuevas” (Febvre 52-53).

Como hemos visto, los testimonios o recuerdos personales de las mujeres comprenden una historia auténtica, que amerita estudio. Entonces, examinemos los actos (vivencias, escritos y postulados orales y escritos) de las mujeres, “…los móviles que [las] han hecho actuar, los fines que persiguen, el significado que tienen, para [ellas], sus comportamientos y sus acciones” (Goldman 18), tomando en cuenta “la conciencia” de los protagonistas principales y también “los factores sociales, económicos, políticos” y ecológicos que les influyen.

Por otro lado, Mora (2012) nos dice que:

La historia del tiempo presente confirma que las feministas consiguieron hacer realidad la demanda de: “Lo personal es político”. Con sus luchas trasladaron al espacio de lo público cuestiones como la dominación patriarcal, el papel de la familia, la sexualidad y la reivindicación del control del cuerpo, que hasta esas fechas eran consideradas personales o privadas. A través de esa vía se mostró que el género también es político, y que las relaciones vienen determinadas por la ostentación y ejercicio del poder” (158).

Para concluir resumiré algunas de las fortalezas de las historias de las mujeres, utilizando varias observaciones ya hechas y también presentadas por una investigadora y teórica feminista argentina, María Julia Palacios. Palacios afirma que las fortalezas de la historia de las mujeres son:

… haber demostrado las insuficiencias de la historia androcéntrica y la consiguiente necesidad de trabajar con nociones como la de género, que permite visualizar las relaciones entre varones y mujeres como un elemento fundamental de la dinámica social, insoslayable en la explicación del proceso histórico. […] [ha]enriquecido problemática y metodológicamente la historiografía contemporánea: aportado conceptos y perspectivas de análisis tendientes a lograr una mayor comprensión y mejor explicación de las complejas interrelaciones entre varones y mujeres: permitido tener en cuenta y contribuido a explicitar las formas específicas de relación entre género y política, y, … llevado al reconocimiento de que la explicación del proceso social exige la consideración de todos los sujetos implicados en él (297-298).

Sin embargo, Palacios nos advierte que:

… las investigadoras muestran actualmente una fuerte preocupación por el riesgo que suponen las interpretaciones esquematizadas y “banales” de la Historia de las mujeres; también coinciden en advertir que el camino más productivo para la recuperación de las mujeres en la historia no es el de una historia “paralela”, sino aquel que posibilite una nueva lectura racional del pasado, desde una perspectiva que permita una mirada más abarcativa e integradora sobre el conjunto de la sociedad, sus problemas y sus conflictos... una historia “no androcéntrica”… la necesidad de escribir una historia con las mujeres” (301-302).


Notas:

[1] Ver Voces y hazañas de las mujeres (Parte I)


Lista de referencias:

Febvre, Lucien. “Vivir la Historia: palabras de iniciación”. Combates por la historia. Barcelona: Editorial Ariel, 1982. 
Gilligan, Carol. In a Different Voice: Psychological Theory and Women’s Development. Cambridge: Harvard University Press, 1982. 
Goldman, Lucien. “El pensamiento histórico y su objeto” (9-19). Las ciencias humanas y la filosofía. Argentina: Ediciones Nueva Visión, 1987. 
Lerner, Gerda. Women and History - Volume One: The Creation of Patriarchy. New York & Oxford: Oxford University Press, 1986. 
Lerner, Gerda. “The Necessity of History” (113-128). Why History Matters: Life and Thought. New York & Oxford: Oxford University Press, 1997. 
Mergal, Margarita. "¿Por qué nos debe importar la historia?"Ponencia presentada en el II Coloquio de Investigacion de Historia de Mujeres, Universidad de Puerto Rico en Utuado (8 de marzo de 2013). 
Mora, Esther. “El paradigma género y mujeres en la historia del tiempo presente” (143-160). Revista Historia Autónoma, número 2, marzo 2013. 
Palacios, María Julia. “Una visión crítica sobre la historia de las mujeres” (279-302). Perfiles del feminismo iberoamericano. Argentina: Catálogos, 2002. 
Scott, Joan W. “El género: una categoría útil para el análisis histórico” (23-56). Historia y género: Las mujeres en la Europa moderna y contemporánea (ed. James S. Amelang y Mary Nash). Ediciones Alfons el Magnanim, 1990. 
Scott, Joan. “Historia de las mujeres”. Formas de hacer Historia (ed. Peter Burke). Madrid: Alianza Universidad, 1999.
Scott, Joan. “Igualdad versus diferencia: los usos de la teoría postestructuralista”. Debate Feminista, año 3, vol. 5, marzo 1992, pp. 85-105.


Lista de imágenes:

1-2. Asociación Puertorriqueña de Investigación de Historia de las Mujeres (Facebook)
3. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Utuado

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