Varias preguntas al leer 'El Anarquista' de Javier Febo

portada

¿Cuántas veces leer un libro ha sido capaz de transformar tu vida o al menos dejarte pensando por días en lo leído? ¿Has escuchado gritar a un libro de poesía? Yo he encontrado algunos capaces de eso y más. De hecho, en estos días encontré uno que me convenció de querer acompañarlo a gritar. Se trata de El Anarquista,reciente entrega de Javier Febo, quien es capaz, si se lo permitimos, de liberar el pensamiento.

Tras leer a Febo nace en uno la ambición de volverse un rebelde con causa, que asume su rol de oposición y el eterno deseo de abolir toda autoridad que viva en contra del individualismo. Poema tras poema, la voz libertaria de Febo enriquece incluso al instinto y va inquietando, desde adentro, al alma. 

El Anarquista va creando debates internos. Sus letras van levantando el brazo y, con el puño cerrado, vocalizan realidades que ya hemos notado a simple vista, pero a las que preferimos, desviando la mirada, omitir. Tal vez entro en aguas profundas cuando menciono lo que todos sabemos: hemos sido criados bajo sistemas de sumisión y dependencia. Aunque nos mientan y nos mintamos, así es. Nos hacen creer que ya rompimos las cadenas y que la opresión es cosa del pasado. Me río de eso (¿o acaso lloro?).

Creo que, por momentos y ante una necesidad imperiosa innata, nos aferramos a buscar un cambio, a rechazar la promesa político-partidista de cada cuatro años y a dudar de las palabras de alguien que se postula o está en el poder. Lo extraño es que tales sentimientos duran muy poco. De la nada, y no sé cómo, olvidamos todo y surge la necesidad de ir a escribir la papeleta con una equis debajo de uno de los símbolos representativos de partidos a los que no entendemos y definimos como estandartes de nuestro ideal. Elegimos a personas en las que, en carácter personal, no confiaríamos ni un centavo. En cambio, ¡le regalamos el poder de manejar las finanzas de este país! Buscamos en ese momento votar por el menos malo, y eso sí que es burdo.

Carlo Carrá, Funeral por la muerte del Anarquista Galli, 1911).

La poca lucha que hemos dado ha sido en nuestra zona de confort y sin pleno uso de nuestras "facultades", pues un halo de falsa democracia nos tapa los ojos con su venda gigantesca. Reconozco que, por otro lado, existen quienes mantienen la lucha con su ejemplo. Es más, sé que hay todavía quien grita para quedar incólume tras aceptar que todo cambio comienza en uno mismo.

Obviamente generalizo cuando menciono que hay quien lucha y quien cree estar luchando, incluso quiero pensar que son más los que, a capa y espada, están buscando, no eso de tener más derechos, sino lo de lograr la igualdad para todos y todas. Y es que, durante mucho, nos han enseñado a guardar silencio, por ello, cuando encuentro a alguien como Febo (al que callarse no le parece para nada una opción) mi esperanza se renueva y me demuestra el poder de liberación que tiene la palabra. De hecho, la prosa de este libro tan lleno de verdad logra que me pregunte: ¿Alcanzar un cambio social hacia el humanismo es posible? 

Rebecca Joseph, Graffiti of an Anarchist Boy.

Al leer a Febo, no se puede dejar de pensar que todo ese orgullo que sentimos por creernos seres racionales es una falacia. Racionales seremos el día en que la anarquía deje de parecer una quimera. En fin, El Anarquista es, a mi entender, un libro en el que cada poema disfruta de esa inspiración que es himno del cambio. Ciertamente Febo es capaz de debatir las imposiciones a las que estamos acostumbrados y a su vez hacernos reflexionar, como lo indica El Anarquista en su Epígrafe IV:

“La Anarquía
no tiene Morse
es simple
como la poesía
que hace el amor
con la belleza”.

En fin, sólo queda una pregunta por hacerles que espero genere muchas interrogantes más: ¿Se atreven a leer a Febo?

Lista de imágenes:

1) Portada de El Anarquista (Archivos Crudos/Verde Blanco Ediciones), Javier Febo Santiago, 2014.
2) Carlo Carrá, Funeral por la muerte del Anarquista Galli, 1911).
3) Rebecca Joseph, Graffiti of an Anarchist Boy. 

Categoría