50 años de Cine Cubano: una mirada crítica

Hablar de Cine Cubano implica, en primer lugar, dejar planteadas algunas interrogantes que a mi entender aún no han encontrado respuestas. Quizás porque son cuestiones ya superadas sin mediación de discurso alguno. Todavía existen autores que se preguntan a qué nos referimos cuando se habla de la cubanía en el cine y que se preocupan por "cómo reflejar en el cine a ese cubano esencial que no tiene sexo, no tiene edad, no tiene rostro, no tiene sonrisa, no tiene tristeza, y a pesar de todo ello, tiene una identidad". Todo esto cuando la búsqueda misma de un supuesto "cubano esencial" ya condiciona la aparición y proliferación de nocivos estereotipos. Más de lo mismo, tal cubano esencial no existe, como no existe a estas alturas la Historia con mayúscula.

Ya tenemos suficiente con la omnipresencia de personajes antológicos o "profetas fílmicos" como Sergio (Memorias del Subdesarrollo), Diego y David (Fresa y Chocolate) y Elpidio (La vida es silbar). Algunos más logrados que otros, pero continuamos transitando una y otra vez el trillado camino de la identidad. Vivimos entre la utopía de los tiempos modernos y la realidad palpable de una cultura esencialmente transnacional. En este espacio incierto que convoca al tiempo la utopía y la realidad aparece La Habana como la ciudad fetiche de un Cine Revolucionario —entiéndase relativo a la Revolución Cubana, momento histórico a partir del cual queda forzosamente anulada toda la cultura precedente. Puntualizo, un cine revolucionario, lo cual no quiere decir nacional. Frente a esta traumática ruptura con la sólida cultura acumulada hasta los años cincuenta, ante tal escisión no solo familiar, el Nuevo Cine hecho en Cuba descubre ante la cámara una ciudad tronchada, desorientada, en progresiva destrucción y perenne espera, epidérmicamente maquillada y disfrazada con sucesivos trajes ajenos. La ciudad es su gente. [Ver: Memorias del Subdesarrollo/1968y Suite Habana/2002].

mujer y hombre

Suele pensarse que el llamado Cine Cubano despunta con el Triunfo de la Revolución, pero para aclarar este aspecto solo debo hacer referencia a un libro cuyo título es Cronología del Cine Cubano I (1897-1936) y mencionar algunos cineastas consagrados a la altura de los años cincuenta como Ramón Peón (La Virgen de la Caridad/1930), Manolo Alonso (Siete muertes a plazo fijo/1950 y Casta de roble/1953) e incluso a los mismos realizadores jóvenes de El Mégano/1955 (Tomás Gutiérrez Alea, Julio García Espinosa y Alfredo Guevara…) que después continuaron  creando a pesar de, o gracias a, la Revolución —según haya sido el caso.

Esta generación que estaba emergiendo en Cuba, irremediablemente traería consigo la realización de un cine diferente, a tono con movimientos cinematográficos internacionales como el Neorrealismo Italiano, La Nueva Ola Francesa y también bajo el impacto de la estética de Luis Buñuel, Pier Paolo Pasolini, Godard y Glauber Rocha por citar solo algunos ejemplos. Ante este irreversible panorama renovador, los nuevos apoderados del país que implantaron un sistema totalitario desde el mismo año 1959. En ese año aprueban y apoyan la fundación del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC) con la única intención de monopolizar la producción fílmica de la Isla, hacer del arte "un arma de la Revolución" y aplicar libremente la censura a toda obra que no respete la política cultural impuesta por Fidel Castro a los intelectuales desde 1961: "Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada".

Sobre esta pauta que asfixia cada día más a la cultura cubana, surgió el Nuevo Cine Cubano, más conocido como Cine ICAIC y dentro del cual el crítico Jose Antonio García Borrero distingue cuatro edades: Década Prodigiosa (1959-1969), Década Historicista (1970-1980), Década Populista (1981-1989) y Década de la Provocación (1990- ¿?). Esta última clasificación "decadista" se extiende aproximadamente hasta el año 2000, ya que su libro La edad de la herejía. Ensayos sobre el cine cubano, su crítica y su públicoaparece publicado por la Editorial Oriente en el 2002. [Ver: Fresa y Chocolate/1993y La vida es silbar/1998].

Desde entonces hasta la fecha, me aventuro a definir otra década (2002- 2012) que anuncia la quiebra del ICAIC como institución estatal centralizadora. Esto es posible ante la palpable emergencia de una generación de jóvenes no identificados en lo absoluto con la construcción guevarista y fidelista del Hombre Nuevo, con todo lo que implicaba de sacrificio, voluntad, cumplimiento del deber, entrega total, valor, actitud heroica y educación revolucionaria. No atemorizados por los estrechos límites de aquella política cultural todavía vigente y no afectados en realidad por la censura o por la negación de fondos gubernamentales porque la tecnología es afortunadamente el principal opositor que alberga la Revolución.

Con la era del cine digital en manos de los más jóvenes está surgiendo por primera vez en Cuba desde 1959 un Cine Independiente. Ésta también es identificado por la crítica como un "cine sumergido", el cual esta siendo secuestrado por el ICAIC —como parte de otra estrategia centralizadora, esta vez anticipadamente fallida aunque simule un espíritu contestatario como atracción— a través de la Muestra de Jóvenes Realizadores, que en abril de este año alcanzó a su Oncena Edición. [Ver: Utopía/2004 y Camionero/2012].

 

Estos nuevos cineastas proceden tanto de una formación autodidacta como profesional. Los menos son egresados de la EICTV. La mayoría provienen del ISA; Universidad de las Artes de Cuba (Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual —FAMCA— y Facultad de Artes Plásticas). Algunos son graduados en las licenciaturas de Comunicación Social, Periodismo, Historia del Arte y Letras de la UH. Mientras otros, fundamentalmente los realizadores de animaciones, se educaron en el ISDi (Instituto Superior de Diseño). Todos ellos encuentran su principal medio de expresión en los cortometrajes de ficción y animación, así como en el género documental. El gran problema que enfrenta este cine es que no cuenta con una equivalente pluralidad de espacios independientes de exhibición y debate sin restricciones.

Hasta el momento solo conozco un proyecto de este tipo en el país: Estado de Sats. Donde confluyen arte y pensamiento(desde el 2010), se brega constantemente con la represión estatal, pero sobrevive y cuenta con un espacio: Cine a Toda Costa, dedicado al cine de calidad que esté siendo víctima de la reprobación. Este espacio surge precisamente a raíz de la censura del documental Despertar (2012) por parte de algunos funcionarios del ICAIC al frente de la Muestra Joven, suceso que provocó también la renuncia de Fernando Pérez —uno de los más grandes cineastas cubanos— a la Presidencia de la Muestra de Jóvenes Realizadores.

 

Sin Fernando al frente y con la censura actualizando el modelo totalitario, la Muestra tuvo y tendrá en adelante un triste desenlace. Otra cosa no se puede esperar. Pero finalmente y lo más importante, como ya pienso en lo que respecta a la plástica, lo que se necesita no es que el Estado, sus medios de difusión e instituciones, reconozcan o recuperen a determinados artistas sino que los creadores cubanos, de todas las generaciones, puedan prescindir de su reconocimiento sin verse afectados en modo alguno. Cuba precisa de artistas independientes, proyectos independientes, espacios de creación independientes. Sobre la necesidad de estar en contra, lo cual en Cuba parece absurdo, ver: Intermezzo/2007. 

 

* Este artículo fue realizado a partir de una charla ofrecida como parte de las Actividades Paralelas de CINEFIESTA 2012. Festival Internacional de Cortometrajes de Puerto Rico. Del 22 al 29 de julio de 2012. 

Lista de imágenes:

1) "El Cine de Cuba", Cultura 10.
2) Toma de Memorias del subdesarrollo, Tomás Gutiérrez Alea, 1968. 
3) Toma de La vida es silbar, Fernando Pérez, 1998.

Categoría