'Máter Atómica': sobre el miedo

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En octubre se estrenó la serie web Máter Atómica, dirigida por Guillermo Gómez Álvarez y producida por WIPR en el sitio web del canal. Máter Atómica es una serie de cinco documentales de cuatro minutos, cada uno sobre el Puerto Rico de los años sesenta (ambiente de la guerra Fría), plasmados con imágenes de la época y de la imaginación, que se manipulan, se yuxtaponen, se contrarrestan y se solapan. El conjunto de imágenes, texto narrado y musicalización, editado de forma dinámica y precisa, hace tangible la idea subyacente: el miedo que existía, provocado por el conflicto entre las ideologías de dos superpoderes, cada uno capaz de provocar una guerra nuclear que podría acabar con la humanidad. En Puerto Rico, plantean, hubo un miedo que, por su ubicación estratégica en el Caribe, llegó al nivel de una paranoia colectiva. No es un accidente el uso de solarización en estos filmes, la cual invierte los colores y evoca la luz deslumbrante que irradia un paisaje después de una explosión nuclear; las nubes de hongos nucleares desplegándose sobre la Tierra; ni las imágenes alucinógenas filmadas en cámara lenta.

Los primeros dos episodios se titulan “El documento de exterminio”, y tiene como enfoque el temor que motivó a diecinueve intelectuales puertorriqueños a firmar un documento advirtiendo al público sobre el peligro inmediato de un ataque nuclear y la tensión cuando la crisis de los misiles en Cuba parecía aumentar la posibilidad de una guerra nuclear. El tercero se titula “La década de los 60” y cuenta la multiplicación de los miedos: el de los monstruos que proliferaban en el cine, el del comunismo, el del espionaje, el de los movimientos que proponían cambios sociales y el del terrorismo. El cuarto, “Poeta rojo”, cuenta sobre la cristalización de este mar de miedos sobre alguien, cuando surge un virulento ataque de parte de la prensa, la iglesia, algunos políticos y el público contra el poeta José María Lima por haber visitado a Cuba. El último, “Despedidas,” documenta el traumático efecto de las muertes de líderes como John Kennedy, Pedro Albizu Campos y Che Guevara y del incremento en el número de conscriptos enviados a la guerra de Vietnam.

El director ha tratado el tema del miedo antes. En un documental de hace varios años sobre el Puerto Rico contemporáneo, planteó que las inseguridades de personas que se sienten atrapadas en una economía que no les ofrece un futuro y abandonadas por políticos que ni representan sus intereses ni resuelven sus problemas les impulsan a asumir una moralidad rígida, con reglas y categorías altamente definidas, para así tratar de establecer una identidad estable en un mundo que les parece nebuloso y amenazante. Sin embargo, esto no funciona, ya que es precisamente la necesidad de defender esta frágil identidad que conduce al fanatismo, a la intolerancia y a la violencia.

En Máter Atómica, se aborda el tema en palabras que reconocen el alcance de los temores que surgen del subconsciente de una sociedad y la relación entre ellos y otros miedos del pasado, enterrados, pero no completamente olvidados en la memoria colectiva:

Los miedos son construcciones sociales, un mar sin fronteras. La oscuridad que devora la mitad de nuestros días son algunos de sus rostros cambiantes. Muchos miedos resisten el tiempo; otros emergen como una novedad, para luego esfumarse como humo en el cielo. Son memoria de los tiempos que hemos vivido.

Después de una presentación reciente de Máter Atómica en la UPR-Mayagüez, Manuel Valdés Pizzini, antropólogo y exdecano de la Facultad de Artes y Ciencias, enumeró una serie de eventos que ocurrieron en el año de su nacimiento (1954), para ilustrar cómo se acumuló el miedo en la psiquis de la gente: la primera prueba de la bomba de hidrógeno en el atolón de Bikini por los Estados Unidos; la primera prueba de una bomba termonuclear de parte de la Unión Soviética; el comienzo de la guerra de Corea; el estreno de Godzilla, película que evoca, en la forma de un monstruo que destruye Tokio, el trauma causado por las bombas que arrasaron Hiroshima y Nagasaki. Luego, hablamos de hoy en día: de la proliferación de armas y guerras en la actualidad; de los drones que pueden localizar y matar a una persona en su hogar en cualquier parte del mundo.

Todavía vivimos con miedo, con muchos miedos diferentes, exacerbados por el sensacionalismo de los medios, tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos. Es un fenómeno que Michael Moore examinó en su documental Bowling for Columbine, cuando buscó entender las razones por la masacre de estudiantes en una escuela superior y la alta incidencia de violencia en Estados Unidos en general. Su tesis inicial era que la solución yacía en una regulación más estricta de las armas de fuego, pero cambió de opinión cuando se dio cuenta que, en Canadá, donde el porcentaje de dueños de armas es semejante al de Estados Unidos, el índice de crimen violento era mucho menor. Finalmente, llegó a la conclusión que el alto nivel de violencia en el país no se debía a las armas, sino a una cultura de miedo desarrollada a través de su historia completa.

El miedo y la violencia también existen en Puerto Rico. Muchas veces, huimos de problemas que parecen insolubles, los reprimimos, les echamos la culpa a “ellos”, y el resultado es que la situación empeora. Dante andaba por un bosque tenebroso, amenazado por animales salvajes que le cerraron el paso y lo desviaron de su camino. Retirándose, encontró a Virgilio quien, ofreciéndose como guía, lo llevó bajando a la entrada del infierno sobre cuyo portón se leía la advertencia: “¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”. Y Dante se echó para atrás. Sin embargo, Virgilio le replicó: “Conviene abandonar aquí todo temor; conviene que aquí termine toda cobardía”. Él sabía que la única forma de poder encontrar de nuevo la ruta que subía, era primero coger la que bajaba, a pesar de lo que tendría que enfrentar allí.


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1. WIPR

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