Mi proceso creativo y algunos enunciados


La danza contemporánea ha presenciado gran aplomo por la cultura popular en los últimos años. Vemos la soltura, fuerza y flexibilidad de un cuerpo entrenado como un símbolo de libertad y capacidad expresiva. Pero ¿en qué consiste la práctica creativa del artista de movimiento? ¿Cómo crea un coreógrafo? Nos exponemos a la diversidad de representaciones dancísticas, a menudo sin idea de en qué consiste su práctica o cómo se estructura su representación. Naturalmente, hay tantas (o más) variantes metodológicas como existen estilos: desde los que desarrollan un lenguaje de movimiento altamente codificado para ser emulado a exactitud por bailarines (como el trabajo de William Forsythe, cuya técnica es considerada neoclásica por los requerimientos de la técnica en ballet); hasta los que están sujetos o basados en el movimiento auténtico y/o la improvisación para fomentar el desarrollo de lenguajes de movimiento, considerados ‘no-técnicos’, que están basados en consignas, símbolos y estructuras de composición muy específicas (como lo es el Gaga creado por Ohad Narin). Es menesteroso entender que una práctica artística basada en la improvisación no implica una práctica carente de técnica, estructura o metodología. Al contrario, aquel que decide valerse de la improvisación como herramienta y principio de creación tiene la responsabilidad de profundizar y hacer de su práctica una capaz de trascender lo no verbal; tiene que ser capaz de estructurar de manera que se permita una flexibilidad y espontaneidad aplicada. No es que la improvisación tenga más valor en el mundo del arte contemporáneo, es que sin duda tiene una gran demanda por su naturaleza visceral, viviente y yuxtapuesta a la virtualidad rampante de la contemporaneidad.

En mi trabajo oscilo entre ambos métodos de creación. No favorezco la improvisación sobre la coreografía, sino que trato de que converjan de la manera más fluida posible, a menudo oscilando entre ambas y siempre a favor de un mismo resultado. Para hablar de mi proceso creativo en la danza debo primero hacer la aclaración de que mi cuerpo de trabajo es consistente pero errático. Llevo trabajando en arte una década, sin preocuparme por definir que mi práctica va más allá de lo puramente multidisciplinario. Mi búsqueda es intuitiva, oscilo sin prejuicio entre temas y estéticas que me interesan explorar sin la obstinación de hacer claras mis influencias ni un compromiso socio-político consciente o rebuscado porque siento que todo mi devenir parte de mi realidad existencial, de ser mujer y nacer/vivir en una isla colonial. Lo demás es redundante.

A pesar de mi rebeldía encontré asilo junto a las maestras Petra Bravo y su colectivo Hincapié, así como en Piso proyecto, plataforma de improvisación corpórea creada por Noemí Segarra. Aquí comencé mis primeras exploraciones coreográficas y el espacio para una práctica de improvisación consistente y articulada. En el presente desarrollo mi práctica como artista independiente y a través del colectivo La trinchera, junto a las artistas Cristina Lugo (también bailarina para la compañía Andanza) y Beatriz Irizarry, en el que trabajamos alternando técnicas, metodologías y estilos. A continuación les ofrezco una serie de confesiones disfrazadas de postulados:

• Que tengo herramientas técnicas en danza, teatro y artes plásticas, cuya unión ha facilitado el desarrollo de un estilo, más no el de una línea temática. 
• Mi trabajo puede por momentos considerarse un titular, un meme, la insinuación de un pensamiento, la sensación de una idea. No me molesta la ambigüedad. 
• Para expresar o exteriorizar ideas agarro (o me aferro) al medio que esté a mi alcance, el que sienta que más me conviene. 
• Aprendo y redefino mi quehacer como artista insistentemente, porque soy parte de un mundo cambiante. 
• Creo en la insistencia y en la especialización, pero creo más en la adaptación y en la supervivencia.

La hoja, la pluma y la idea

La creatividad se ejercita y se estimula. Una de mis estrategias favoritas es la escritura. Ya dijo Vygotsky (1977), "la escritura es mucho más que una experiencia de aprendizaje, es la base misma de los procesos cognitivos e implica un proceso consciente y auto-dirigido hacia objetivos definidos". Siempre tengo a la mano (en la cartera) un trozo de papel y un bolígrafo. ¿La razón? Me olvido de casi todo. Creo que rescato algo de mis pensamientos al transcribirlos o tratar de hacerlo. A veces olvido exactamente cómo fue que lo pensé en el sencillo gesto de reposar la pluma sobre el papel. En otras ocasiones el pensamiento es verbalmente efímero y su transcripción es incapaz de transmitir lo pensado. A veces no me rindo y me quedo ahí embelesada, imaginando que atrapo en palabras la sensación de la idea. Siento que si logro mi cometido de "atrapar" la idea en palabras, estoy más cerca de exteriorizarlo como "arte". A veces ni insisto, pero llevar el bolígrafo a la hoja para realizar círculos entrelazados como ejercicios de cursivo activa la memoria sensorial, despierta el recuerdo de la gratificación y me siento más cerca, más proactiva, más capaz. Recomiendo que se conspire a favor de uno mismo: escribe en letra legible e invitante, utiliza colores y dibujos que faciliten el "retorno" a la página y, por lo tanto, a la idea.

El tiempo es siempre

Empleo todo mi tiempo consciente en el proceso de estimulación creativa o al menos en la adquisición de información puesta en servicio de esa creatividad. No siento ningún reparo en admitir que la vida se siente fugaz; que información nace y se dispone en cada microsegundo; y que soy un animal vicioso en espera y búsqueda del dato que más me atraiga o complazca. En nuestro presente mundo de "alt-facts", donde la ficción y la mentira se disfrazan de una estética noticiosa en el mar de información que nos inunda al ritmo de la desglaciación polar, la mayoría parecemos leer y creer lo que nos convenga o nos plazca. Ante la prisa, ante la necesidad, ante esta verdad que para mí es inminente (creo), siento que tengo, con una furia y desenfreno canceroso, el impulso de crear.

Reconozco y estimo las prácticas de artistas contemporáneos que resisten la vertiginosidad del mundo, que trabajan y desarrollan su práctica conforme a su ritmo de trabajo y la necesidad de una investigación prolongada. Yo no siento que siempre puedo: a conciencia sedo a otros estímulos, y mi cabeza es un pulgar con Parkinson sobre el "newsfeed" o el "scan" del radio siempre activo. Creo en la convergencia de manifestaciones artísticas que surgen como impulsos inmediatos. Me vale madre; no condeno nada; soy pro que exista todo. Para mí cada segundo debe ser o conducir a una inversión creativa. Solidarizo con los cientos de miles que hacen o buscan lo mismo. 

Los recursos son "lo que sea"

Invito a que se valga de "lo que sea" para crear; a obligarse a trabajar con herramientas, condiciones y estímulos impredecibles o distintos; a no esperar el momento adecuado ni las condiciones idóneas para lanzarse al ejercicio creativo. La vida es una y las tendencias virtuales del mundo contemporáneo son crueles, pero misericordiosas. Atrévete.


Lista de referencias:

Vygotsky, L.S. (1977). Pensamiento y lenguaje. Teoría del desarrollo cultural de las funciones psíquicas. Buenos Aires: La Pléyade.


Lista de imágenes:

1. Michael Larsson, "Dromology", 2015
2. Juan Fernando Morales

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