Resistencia y desafío de un pintor mulato en el siglo XVIII: Aire en la pintura de Campeche

*Ésta es la tercera y última parte de "Resistencia y desafío de un pintor mulato en el siglo XVIII". Para acceder a la primera parte del artículo, donde María Elba Torres Muñoz posa la mirada sobre el mar en la pintura de José Campeche, pulse aquí. Para acceder a la segunda parte, donde Torres Muñoz aborda la tierra en la pintura de Campeche, pulse aquí.

3era parte: Aire

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Las habilidosas representaciones de José Campeche y Jordán en su gran mayoría se sostienen mayormente desde tres planos de referencia: el mar, la tierra y el aire. Desde el mar nos presenta entre otros El Salvamento de Ramón Power y Giralt: un mar agitado en el rescate de nuestro primer representante ante las cortes españolas, Ramón Power y Giralt.[1] Igual hace en el cuadro en el que el gobernador Ramón de Castro señala ese mar por donde llegaba y sigue llegando todo a la isla, desde los ataques y las mercancías hasta sus pobladores europeos y africanos.[2] El mar es vida, pero también es muerte, desde otras creencias no católicas sostiene la dualidad. Desde la tierra nos presenta los enclaves de la institución religiosa, la aristocracia, alusión a una economía basada en el ganado y la milicia. Será en este plano que nos presentará la figura de la milicia de los pardos con el dibujo de un Miliciano Moreno.

Desde el plano aire José Campeche nos habrá de apuntar a la espiritualidad cristiana y africana simultáneamente. Lo afropuertorriqueño y el rescate de la etnicidad y racialidad en José Campeche surge justamente en el comienzo de la reafirmación de lo propio puertorriqueño. Al mismo tiempo, esa afropuertorriqueñidad se expresa a través de la reapropiación de espacios geográficos y celestiales con redefinición de la territorialidad; y con aptitudes de alto desafío y flexibilidad, para crear lógicas propias de novedosas construcciones sociales en el Puerto Rico de la época.

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Es de sumo interés en el plano celestial la obra Exvoto de la Sagrada Familia, en la que aparecen tres jóvenes afrodescendientes ante la familia sagrada católica. Estos jóvenes negros están vestidos a la usanza de la época y aparecen con unos colores azules claros, rosados y blanco; colores que se han despachados ligeramente como los colores de gran significado y uso dentro de la tendencia rococó. No cabe la menor duda que contenga este significado, pero a su vez esos colores tienen sus significados espirituales con gran información semántica-visual de los mismos.

Por ejemplo, esa vestimenta azul clara en el joven que lleva consigo los ramilletes de flores con unos colores, que bien nos podrían inducir a pensar en la espiritualidad de los afrodescendientes en ese periodo y todos los simbolismos propios de esa espiritualidad que estuvo camuflajeada con la religiosidad e instituciones católicas. Ese azul claro nos puede hablar de un color que se considera como símbolo espiritual. Se le compara con la trasparencia del aire, del agua, del cristal y del diamante. También con el mar, el cielo y el espacio. El azul claro nos remite a la profundidad y frescura, contiene una promesa de libertad. Simboliza la calma de una mar tranquila, la ternura, el amor a la vida. Representa la plenitud de los más fervientes anhelos de unificación y de comunión con la naturaleza, la verdad, la confianza, el amor y la dedicación. Simboliza lo tradicional, los valores permanentes, la eternidad sin tiempo.

Así también nos preguntamos: ¿Qué significaba la entrega de flores blancas y rojas a las máximas jerarquías cristianas desde la idea de las ofrendas en la espiritualidad afro?[3] El rojo que nos incita al complacido significado pasional y al fuego, a la limpieza con el azufre. Siendo el blanco más allá del significado de la pureza, los valores diáfanos de las espiritualidades cristianas y de los afrodescendientes con significados similares.

Campeche nos propone la hibridización de las espiritualidades cristianas con la de los afrodescendientes, como un hecho común y a la vez complejo. Los niños afrodescendientes que aparecen en esa pintura nos permiten señalar la intención de pintar e incluir dentro de sus obras el elemento que no sólo lo identificaba como sujeto histórico, sino que hacía valer dentro del sistema del arte las figuras afrodescendientes y sus espiritualidades.

Así también se exhibe el deseo de ejemplificar el sustrato nacional de los puertorriqueños y las puertorriqueñas desde lo afropuertorriqueño. En el plano celestial propone esas figuras afrodescendientes junto a la sagrada familia católica. Si bien su entorno es totalmente aéreo, estas figuras tocan suelo, tocan tierra de sus ancestros dentro de su acto devocional. La posición de rodillas no sólo representa sumisión; también representa reposo. Los niños y niñas afrodescendientes en esta imagen ofrendan flores rojas y blancas a toda la sagrada familia católica.

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En las Antillas fueron pocas las imágenes que tomaban como elemento esencial de sus obras a los afrodescendientes en el siglo XVIII. De este modo, la intención de José Campeche fue recalcar nuestros orígenes y nuestro sustrato nacional terrenal y celestialmente. Cualquier estudio minucioso de las representaciones pictóricas mulatas, cimarronas y esclavizadas de los siglos XV al presente requiere plantearse desde el arte como resistencia. Es por ello que nos es dado apuntar justamente la importancia de la obra de José Campeche en el entorno del siglo XVIII, en donde el movimiento africano, esclavizado y no esclavizado en las islas, era el pan de cada día. Su espiritualidad era igual y coronaban entre sí su permanencia. Lo que se ha dicho sobre la obra de José Campeche no es suficiente para poner en justa perspectiva la presencia y la resistencia de este artesano-orfebre-pintor y músico, José Campeche, en la primera formación del puertorriqueño en el siglo XVIII.

Notas:

[1] En 1811 los diputados de las Cortes de Cádiz (a las que pertenecía Ramón Power y Giralt), Guridi Alcocer y Agustín Argüelles, propusieron sin éxito una ley de abolición de la esclavitud. Este fracaso podría llevarnos a entender la lucha por la salvación de Puerto Rico librada por don Ramón Power y Giralt ante las Cortes españolas.

[2] La familia Power y Giralt fue devota de la Virgen de Belén. La pintura El salvamento de Ramón Power, pintado por José Campeche, es un exvoto presentado por los padres de Ramón Power y Gilralt (1775-1813) a la capilla de la Virgen de Belén, en la iglesia de los Padres Predicadores de Puerto Rico. La leyenda al pie del cuadro explica: “Naufragio de que, por la intercesión de Nra. Sra. de Belén se libró Don Ramón Power al querer saltar en la costa de Cantabria de la Fragata La Esperanza en un lancha que el Puerto de Castro salió a socorrerla de una furiosa tempestad.” Cfr. Arturo Dávila, Revista del Instituto de cultura puertorriqueña 1971, pág. 52.

[3] Debemos de tener claro que para el periodo de José Campeche no había llegado a Puerto Rico el espiritismo kardeciano y lo que imperaba además de la espiritualidad católica era la espiritualidad de los afrodescendientes o la espiritualidad amerindia. 

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