La puerta

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Con ese paso atravesado de siempre subió las escaleras. Estaba ensopado de pies a cabeza. Sobre su voluminoso torso, su camisa blanca, sin un solo botón. De su cuello colgaba una cadena de oro. Se acercó a la puerta, pero no se atrevió a entrar, tal vez porque estaba empapado. Aguardó agitado, quizás temblando. Recordó el interior de la habitación, sin dar un paso. 

El agua se chorreaba sobre su pantalón blanco. Hurgaba el lugar con sus ojos negros. Se encontraba a medio camino, entre la calle y la habitación. Tanteaba posibles estrategias para su entrada, pero el agua le pesaba; lo cargaba de gravedad. Sacudió sus cabellos con sus manos; se apretó el cinturón; y acomodó su miembro. Observó el pasillo que conduce a la escalera del piso superior, la que no puede ver desde el recodo donde se encuentra, y vislumbró el resplandor de siempre, atenuado ahora por la tormenta.

Sin pasar por alto las razones de su espera, se recostó en la pared que se encuentra delante de la puerta de la habitación. Rasgó con sus dedos los ladrillos menos porosos, y sobre ellos recostó su cuerpo de semental. El agua, ahora mezclada en sus carnes con la masa del barro, lo alteró. Suavizó la respiración y se trasladó de lugar. Esta vez palpó con sus manos los ladrillos más compactos, y sobre ellos recostó sus nalgas. Sin apartar la mirada de la puerta de la habitación, pensó que el agua, ahora gélida, adulteraba la masa del barro. Se apartó de la pared y elaboró los posibles argumentos para entrar. Construyó viables discursos para invadir la habitación, pero solo logró introducir sus manos en los bolsillos de su pantalón blanco, encajar sus dedos entre sus testículos y agarrárselos con violencia mientras escuchaba cómo los huéspedes abandonaban las habitaciones de los pisos superiores. Cada portazo anunciaba un nuevo peregrinaje al santuario. Sin los guardianes de entonces, ocultos esta vez por el pánico a los relámpagos, comprendió que el recinto estaba desprotegido.

Se detuvo ante la puerta para advertir el impulso consistente de su miembro vacilante y sereno. Avanzó hacia la puerta, pero abandonó su intento. Se percató del tiempo transcurrido pensando y posponiendo. Soltó sus testículos y apartó sus manos de los bolsillos de su pantalón blanco. Se recogió su cabello húmedo y lo ató con sus coloreadas bandas elásticas, sin percatarse de que se escurría su masculinidad, sin percibir que su virilidad se condensaba como el agua en su cuerpo. Retrocedió con pasos breves y recordó las puertas de los dioses; las puertas de los hombres; las puertas de su estancia, que son cuatro puertas con sus cuatro tabiques, cuatro puertas idénticas a la puerta de la habitación que se encuentra ante él, cuatro puertas que son los ámbitos de sus creaciones. 

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Tropezó con la pared, las grietas entre los ladrillos, hendeduras por donde penetraba el zumbido del viento, esbozaban la presencia de puertas en otros tiempos. Prescindió de sus cabalas: ¡caverna!, ¡domo!, ¡cosmos! Suspendido en la verticalidad de la pared, espeso por la carga de sus ropas mojadas, notó entre sus piernas una caída acuosa que lo abalanzó contra la puerta. ¡Pero solo lo imaginó! Allí se quedó, colgado del hilo de sus aguas, observando el dintel de la puerta, encontrando en la refracción de la luz el resplandor de otro tiempo.

No daba un paso, el agua se chorreaba sobre su pantalón blanco. Se encontraba a medio camino entre la calle y la habitación. Se pensó animal encerrado en habitaciones que solo son puertas; y se reconoció en las figuraciones de todas las puertas. ¡Olvidó el impulso consistente de su miembro! Y descubrió, fascinado, la oscilación de la puerta, la inmutable resistencia del gozne, el desplazamiento de los ángulos de la habitación, el sonido de las piedras rompiéndose unas contra otras y las puertas de las habitaciones de los otros pesos, descendiendo y ascendiendo desde la cúpula hasta el alquitrán.

Con ese paso atravesado de siempre, resbaló y se dibujó precipitándose al vacío.

 

 

 

 

 

 

 


Lista de imágenes:

1. Steven Liveoak.
2. NIK Collection, The art of creative photography.
3. Dmitriy Chugai, Texture library, 2013.


 

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